El pasado 18 de junio, la Cámara Municipal de Linhares, en el estado brasileño de Espírito Santo, marcó un hito en la legislación ambiental al reconocer los derechos de las olas de la desembocadura del río Doce. Este movimiento, inédito en la región, ha convertido al distrito en una referencia nacional en surf, destacando la importancia de estos fenómenos naturales no solo para los deportistas, sino también para el equilibrio ecológico y cultural de la zona.
El Impacto del Derrumbe de la Presa en 2015
La decisión de la Cámara Municipal no surge de la nada. En 2015, el derrumbe de una presa en Minas Gerais desencadenó una serie de cambios ambientales, sociales y económicos devastadores en toda la región. La catástrofe no solo afectó a la biodiversidad, sino que también disminuyó significativamente la potencia de las populares olas del río Doce, afectando el turismo y la economía local.

Derechos Intrínsecos de las Olas: Un Reconocimiento Histórico
La nueva ley, según la Alianza Global para los Derechos de la Naturaleza, «reconoce los derechos intrínsecos de las olas a existir, regenerarse y mantener su equilibrio ecológico». Este reconocimiento no solo es simbólico, sino que representa un paso crucial hacia la protección de estas maravillas naturales, asegurando que futuras generaciones puedan disfrutar y beneficiarse de ellas.
Un Movimiento Mundial: Derechos de la Naturaleza
En junio de este año, el consejo de la ciudad de Goiás garantizó derechos legales al río Vermelho. Esta tendencia se está replicando en más de 35 países alrededor del mundo, incluyendo a Ecuador, Panamá y otros países latinoamericanos. Según el Earth Law Center, estos países han integrado en sus sistemas jurídicos la existencia de los llamados «Derechos de la Naturaleza», que otorgan a los ecosistemas derechos específicos, como el derecho a existir, desarrollarse y ser reparados en caso de daños.

Un Proceso de Décadas
El reconocimiento legal de ecosistemas no es un fenómeno reciente. Organizaciones como la Alianza Global para los Derechos de la Naturaleza (GARN) han estado trabajando durante décadas para alcanzar este objetivo. El primer hito significativo fue en 1972, con la publicación de un artículo seminal en una revista académica californiana, que argumentaba que la naturaleza carecía de derechos que pudieran defenderse bajo la legislación de entonces.
El Cambio de Paradigma
Desde entonces, los Derechos de la Naturaleza se han convertido en un instrumento jurídico esencial. La Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) explica que estos derechos permiten que la naturaleza, total o parcialmente, tenga la misma protección legal que las personas y las empresas. Este cambio de paradigma implica un enfoque ecocéntrico, donde se protege el medio ambiente por su valor intrínseco, no solo por los beneficios que aporta a los humanos.

