En el marco del Día Mundial del Agua queremos explorar cómo la nanotecnología puede convertirse en una herramienta clave para afrontar el problema del tratamiento y la gestión del agua global. Esta ciencia incluye tecnologías que operan en la nanoescala, entre 1 y 100 nanómetros.
La cantidad de agua limpia disponible a nivel mundial está disminuyendo. Las causas son múltiples e incluyen sustancias y moléculas orgánicas e inorgánicas. Estas pueden ser altamente tóxicas y, en algunos casos, no biodegradables, lo que causa grandes estragos en la vida de plantas y animales. Para su limpieza necesitamos “biorremediar” el agua a través de estrategias como la filtración, la cristalización y la sedimentación.

La nanotecnología tiene mucho que aportar en este campo.
Los nanomateriales tienen una gran relación entre superficie y volumen, lo que aumenta en gran medida su reactividad. Un ejemplo son los nanosensores usados en desalinización de agua de mar, purificación de agua contaminada y en sensores en MEMS.
Las grandes propiedades de adsorción de estos materiales también son muy interesantes. La “adsorción” es la capacidad que tienen para atraer a sus superficies moléculas de gases o soluciones con las que están en contacto cercano. Debido a su alta superficie específica, los nanoadsorbentes tienen un gran potencial para procesos de descontaminación novedosos.

La nanotecnología también está transformando la desalinización porque la hace más eficiente y menos costosa. Las membranas de nanofiltración requieren menos presión que las convencionales, lo que reduce el consumo energético. Así, el uso de la nanotecnología en el tratamiento del agua reduce la dependencia de productos químicos nocivos y puede disminuir la generación de residuos secundarios.
El futuro del agua y, por ende, el futuro de la humanidad, estará ligado al avance de nuevas herramientas como las nanotecnologías. En un futuro cercano se prevé que el tratamiento del agua aproveche más nanomateriales con un rendimiento mejorado en comparación con los métodos actuales. Esto permitirá cumplir con regulaciones ambientales y de salud cada vez más estrictas. Gracias a eso, la crisis del agua quizá algún día será una cuestión del pasado.
Puedes leer el artículo original en The Conversation / Autor: Jordi Diaz Marcos

