Una nueva cumbre internacional, que inició ayer martes en la sede de la ONU en Ginebra, busca alcanzar un acuerdo vinculante que detenga el crecimiento descontrolado de los residuos plásticos.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), si no se toman medidas urgentes, la cantidad de desechos plásticos podría triplicarse para el año 2060, con consecuencias devastadoras para la salud humana, los ecosistemas marinos y la economía global.
¿Un «Acuerdo de París» para los residuos plásticos?
Para quienes impulsan este tratado, su potencial es comparable al del histórico Acuerdo de París en la lucha contra el cambio climático. La esperanza es que este nuevo instrumento legal tenga un efecto transformador y marque un antes y un después en la forma en que el mundo produce, consume y gestiona el plástico.
Sin embargo, el camino no está libre de obstáculos. Países conocidos como “petroestados”, cuyas economías dependen del petróleo y el gas natural —materias primas clave para la producción de plásticos—, han mostrado resistencia al avance del acuerdo.

Una amenaza creciente
El problema es visible en productos cotidianos como popotes, vasos, bolsas y cosméticos con microesferas, que terminan en océanos y vertederos. Aunque su impacto es evidente, los expertos advierten que los riesgos para la salud aún no reciben la atención que merecen.
La exposición a microplásticos y las sustancias químicas que contienen se ha vinculado a potenciales problemas de salud, desde disruptores endocrinos hasta otras afecciones aún por estudiar a fondo. La urgencia de la cumbre en Bruselas no solo radica en salvar los ecosistemas, sino también en proteger la salud de las futuras generaciones.

