La propuesta de establecer una plataforma de lanzamiento para nano y microsatélites en la costa atlántica del departamento de Rocha (Uruguay), ha encendido un debate intenso entre la comunidad local, expertos y grupos ambientalistas.
La cercanía del proyecto al balneario La Esmeralda, entre Aguas Dulces y Punta del Diablo, y su proximidad a la Laguna Negra, un área protegida, ha llevado a cuestionar los posibles impactos ambientales y sociales de esta iniciativa.
La responsabilidad del proyecto recae en la empresa argentina Welboy S.A., que opera bajo la denominación TLON Space, con el respaldo del Estado uruguayo a través de la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU).

Se espera que, para 2026, el puerto de lanzamiento se convierta en un referente en la región y aporte ingresos significativos al país. Sin embargo, la falta de información disponible y la escasa participación de la población local en el proceso han suscitado reclamos por mayor transparencia y una audiencia pública.
La FAU sostiene que el impacto ambiental del puerto de satélites será comparable al del tráfico por la Ruta 9 y asegura que se podrá continuar caminando por la playa. No obstante, esta afirmación no ha logrado calmar las preocupaciones de los vecinos y organizaciones que se oponen a la instalación.
A pesar de que el Ministerio de Ambiente ha clasificado el proyecto como de tipo B, lo que implica que no se requiere una divulgación previa, la empresa aún no ha presentado el estudio de impacto ambiental necesario para su aprobación.

Los residentes de La Esmeralda y sus alrededores exigen una Evaluación Ambiental Estratégica y la creación de espacios de participación pública que les permitan expresar sus preocupaciones y proponer alternativas.
Con el objetivo de sensibilizar sobre este tema y sus impactos, el colectivo de vecinos crearon la cuenta “Naturaleza Sí, Puerto Espacial No” en la red social Instagram, donde abogan por la conservación y protección del medio ambiente, y expresan su oposición a la construcción del puerto espacial. Además, invitan a la ciudadanía a unirse a las reflexiones contenidas en un documento, proporcionando sus datos mediante un enlace específico destinado a tal fin.
La región en cuestión ha sido reconocida por la UNESCO como Reserva de Biosfera y alberga humedales de importancia internacional bajo el Convenio de Ramsar (Bañados del Este), lo que la convierte en un área de vital importancia para la conservación de la biodiversidad y las aves.
La instalación de un puerto espacial en esta zona ecológica plantea serios riesgos ambientales, especialmente considerando que se prevé la realización de hasta cuatro lanzamientos semanales de cohetes propulsados por metanol y butanol, además del almacenamiento de estos combustibles en cantidades significativas.
Los críticos del proyecto alertan sobre los posibles incendios en una región forestal que ya se encuentra vulnerable, así como sobre la amenaza que representa el uso de peróxido de hidrógeno, un agente químico corrosivo que podría contaminar la flora y fauna locales.

La contaminación acústica generada por los lanzamientos también es motivo de preocupación para los residentes, quienes temen que este ruido frecuente afecte tanto a la comunidad como a las especies que habitan en los bosques adyacentes.
Además, existe el riesgo de que componentes de los cohetes caigan en el océano, lo que no solo inquieta a los pescadores locales, sino que también plantea interrogantes sobre el impacto en la fauna marina.
La zona costera es un corredor biológico crucial para especies en peligro de extinción, como la ballena franca, las tortugas marinas y los delfines, y la introducción de desechos en este ecosistema vulnerable podría ser devastadora.

Foto Rodrigo García OCC Uruguay
Las comunidades que dependen del ecoturismo han manifestado su temor a que la instalación del puerto espacial afecte negativamente la imagen y el atractivo de la región, amenazando una de sus principales fuentes de ingresos.
A pesar de que en Uruguay ya se producen nanosatélites, principalmente en zonas francas de Montevideo, el impacto económico proyectado para Rocha se presenta como limitado, generando dudas sobre su valor agregado frente a los riesgos que conlleva.
El futuro de Rocha y su ecosistema depende de la capacidad del Estado y de la empresa responsable de abordar adecuadamente las preocupaciones de la comunidad y de garantizar que el desarrollo no comprometa el legado natural de esta región privilegiada.

