La gripe aviar HPAIV H5, que evolucionó inicialmente en aves de corral, ya ha causado desde 2020 una importante mortandad de aves y mamíferos salvajes a escala casi mundial.
Una reciente expedición científica por los mares de la Antártida detectó un hallazgo que pone en alerta a las especies en riesgo de extinción. Por primera vez se encontró el virus de la gripe aviar H5N1 en pingüinos y cormoranes. Un hallazgo que enciende alertas sobre el riesgo que enfrentarían algunas especies que habitan el continente austral.
Un equipo científico internacional con investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha observado que, hasta ahora, «las aves skúas han sido la especie más gravemente afectada, y que los altos niveles de mortalidad detectados muestran que podría tener consecuencias a largo plazo para su conservación a nivel regional».

Esta enfermedad podría haber llegado a pingüinos en isla Heroína, donde se ha visto una «mortalidad masiva«, aunque la presencia del virus no ha sido confirmada por PCR y se van a desarrollar pruebas en los próximos meses para determinar la causa de las muertes.
En el equipo de científicos se encuentran los españoles Antonio Alcamí y Begoña Aguado quienes estuvieron en un velero recorriendo durante un mes el Mar de Weddell y la península antártica. Los investigadores encontrando cadáveres de págalos antárticos, unas aves marinas migratorias parecidas a gaviotas, con gripe en cuatro de las diez áreas analizadas.
Antonio Alcamí explicó que fueron testigos de “un brote masivo” en un colonia de págalos. “Vimos 80 vivos y 50 muertos. Eso es una locura”.
Los investigadores del CSIC, liderados por Alcamí, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM), instalaron un laboratorio de diagnóstico molecular en la base antártica española Gabriel de Castilla.

El pasado 24 de febrero confirmaron la presencia del virus de la HPAI H5N1 en restos de skúas muertas, un tipo de ave emparentada con las gaviotas, halladas en la base antártica argentina Primavera.
Tras el hallazgo, el 13 de marzo se puso en marcha una expedición internacional a bordo del velero Australis para rastrear la presencia del virus en la región de la península Antártica y la zona norte del Mar de Weddell.

Gripe aviar amenaza a la Antártida
«Es la primera vez que la fauna salvaje de estas regiones se ve amenazada por un brote de la enfermedad a gran escala», dijo a EFE Meagan Dewar, quien lideró la expedición científica, al explicar que aún «es difícil predecir cómo evolucionarán las cosas y cómo se comportará el virus en el entorno antártico».
Dewar, experta en ciencias biológicas de la Federation University Australia, y sus colegas hallaron durante el verano austral 532 cadáveres de pingüinos adelia (Pygoscelis adeliae) en la isla antártica Heroína, en el Mar de Weddell, que se creen murieron a causa del HPAIV H5, un subtipo del patógeno de la gripe aviar.
Lo alarmante es que la estimación de la mortalidad en toda la isla «es, en realidad, de miles sólo para los pingüinos adelia» adultos y polluelos, precisó la experta en ciencias biológicas, sin descartar que haya podido afectar a otras especies.
Mortalidad «inusual» de pingüinos en la Antártida
Durante la expedición, el equipo de Dewar observó que se trataba de una «mortalidad inusual» de pingüinos adelia dado que los ejemplares adultos se encontraban en buen estado corporal y porque la situación era distinta a la tasa de mortalidad que se había registrado en la temporada anterior.
Si bien las pruebas moleculares realizadas por este equipo han dado negativo para la gripe aviar, los investigadores han sometido sus muestras a otros análisis de laboratorio para confirmar en unos meses las causas de estos decesos.
En paralelo, este equipo de científicos -procedentes de Argentina, Alemania, Australia, España y Holanda- también intenta tratar de determinar si el virus proviene de Sudamérica o las islas sub-antárticas, su impacto en el futuro, así como el riesgo que supone para otras especies del continente helado.
Con información de Agencias

