Un ecosistema bajo estrés extremo
El Pantanal, humedal compartido por Brasil, Bolivia y Paraguay, enfrenta una crisis hídrica sin precedentes. Según un estudio del Foro Mundial para la Naturaleza (WWF), la falta de lluvias en el primer cuatrimestre de 2024 ha dejado al bioma vulnerable a una ola de incendios que ya supera los 2.639 focos, la cifra más alta registrada desde 1998.
La anomalía es severa: durante los meses de enero a abril, cuando el Pantanal debería estar inundado, la superficie cubierta por agua fue un 9% menor que el promedio histórico de la temporada de sequía. Esta pérdida equivale a unas 440.000 hectáreas que han quedado expuestas al fuego.
Esta situación crítica en Sudamérica no es un hecho aislado, sino que forma parte de una crisis hídrica global que exige respuestas coordinadas. Precisamente, este tipo de desafíos extremos son los que marcan la agenda de encuentros internacionales como la Semana Mundial del Agua, donde se debate cómo proteger estos ecosistemas vitales antes de que alcancen un punto de no retorno.
El Río Paraguay en niveles críticos
La salud del Pantanal depende directamente de su red fluvial. Sin embargo, el Río Paraguay presenta indicadores alarmantes que confirman la gravedad de la situación:
| Indicador Fluvial | Estado Actual | Impacto |
| Nivel del Río Paraguay | Por debajo de 1 metro (primeros 5 meses) | 68% inferior al promedio esperado. |
| Umbral de Sequía | < 4 metros | El bioma ya entró en fase de sequía crítica. |
| Focos de Incendio | +2.600 registrados | Récord histórico de degradación por fuego. |
«La Niña» y la degradación de las cabeceras
El fenómeno de «La Niña» ha exacerbado la escasez de precipitaciones, pero los expertos advierten que el problema es estructural. La degradación sistemática de las cabeceras del humedal y la deforestación han mermado la capacidad de resiliencia del ecosistema.
«El Pantanal es uno de los humedales con mayor biodiversidad del mundo aún preservada. Es un patrimonio que debemos conservar», señala Helga Correa, especialista de WWF. La falta de medidas preventivas y la recurrencia de estos eventos climáticos extremos amenazan con transformar este regulador hídrico de forma irreversible.


