Recuerdo las noches de verano de mi niñez como un espectáculo de magia silenciosa. El aire, denso y cálido, se llenaba de miles de bichitos de luz, como pequeñas estrellas caídas que danzaban sobre el pasto. A mis diez años, esa visión era la prueba de que el mundo estaba vivo. Hoy, con veintisiete, la escena es casi fantasmal: las luciérnagas se cuentan con los dedos. ¿Es solo nostalgia o realmente están desapareciendo?

La desaparición gradual de esos destellos luminosos no es un simple recuerdo melancólico. Es un síntoma de un problema ambiental grave, visible en mi jardín y confirmado por la ciencia: las luciérnagas se están extinguiendo. Pero ¿por qué? ¿Qué factores están apagando la luz de estos fascinantes insectos?


¿Qué está apagando la luz de las luciérnagas?

La pérdida de hábitat, el uso de pesticidas, la contaminación lumínica, el cambio climático y la mala calidad del agua son las principales causas. Estos insectos son muy exigentes con su entorno. Necesitan lugares húmedos, con vegetación nativa y suelos ricos. Allí pasan sus largas etapas larvales —hasta dos años— y encuentran alimento.

Lamentablemente, la pérdida de bosques por deforestación, el crecimiento urbano sin planificación y la conversión de áreas naturales en monocultivos están destruyendo estos santuarios. La desaparición de su hábitat no solo elimina la vegetación, sino también la humedad crítica que necesitan las larvas para sobrevivir.

Luciérnagas en el bosque de Santa Clara, Tlaxcala, México, brillando entre la vegetación al anochecer. Foto: Hilda Ríos / EFE.
Luciérnagas iluminan el bosque de Santa Clara en Tlaxcala México Su bioluminiscencia revela la fragilidad de los ecosistemas nocturnos Foto Hilda Ríos EFE

Estas criaturas tienen altos requerimientos ambientales. Para completar sus largas etapas larvales y encontrar alimento, necesitan entornos húmedos con vegetación autóctona. Sin embargo, la tala de árboles, el desarrollo descontrolado de las ciudades y la transformación de humedales y bosques en cultivos están eliminando estos refugios. Cuando su entorno desaparece, pierden la vegetación y, crucialmente, la humedad esencial para la supervivencia de sus crías.

Además, la luz artificial interfiere en su forma de comunicarse. Las luciérnagas usan la luz para atraer pareja. En ambientes con exceso de iluminación, los machos no logran ver el brillo de las hembras. Esto interrumpe su ciclo vital y reduce la natalidad.


Bioluminiscencia: el lenguaje secreto de las luciérnagas

La luz que emiten nace en su abdomen y no genera calor. Se produce en células llamadas fotocitos, donde una sustancia llamada luciferina reacciona con el oxígeno. Este proceso libera energía en forma de luz y está regulado por el sistema nervioso.

Durante la respiración, el oxígeno circula por el cuerpo. Al llegar a los fotocitos, se activa la luciferina y se genera el brillo. En las larvas, esta luz servía como defensa: avisaba a los depredadores que su sabor era desagradable.

¿Por qué esto nos preocupa? Las luciérnagas cumplen dos funciones clave. Ayudan a controlar plagas y son bioindicadores: su presencia revela la salud del ambiente. Su desaparición alerta sobre problemas ecológicos que también afectan a otras especies y a los seres humanos.

Luciérnaga iluminada sobre un tallo en bosque nocturno. Su luz, cada vez más escasa, alerta sobre la desaparición de las luciérnagas en el mundo.
Las luciérnagas se están apagando en el mundo

Una nueva especie de luciérnaga en México

En 2024 se descubrió una nueva especie en el Bosque de Chapultepec. Se llama Photinus mariasabinae, en honor a la chamana mexicana María Sabina. Fue hallada durante una jornada de registro de flora y fauna. Su morfología no coincidía con ninguna especie conocida en Ciudad de México. Tras comparaciones detalladas, los científicos confirmaron que era una especie completamente nueva.


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Fotógrafa y artista plástica, aporta a Ambienta una mirada sensible que vincula vida y naturaleza desde la escritura.

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