Un sapo diminuto, de apenas un centímetro y color naranja brillante —del tamaño de una uña— fue reconocido como nueva especie en el sur de Brasil. Se llama Brachycephalus lulai y es conocido como “sapo calabaza” por su intenso color.
El hallazgo, publicado en la revista PLOS One, vuelve a mostrar la enorme riqueza del Bosque Atlántico y la urgencia de proteger los pocos fragmentos que aún quedan.
Un habitante secreto de la Serra do Quiriri
El descubrimiento tuvo lugar en la Serra do Quiriri, en el estado de Santa Catarina, a más de 750 metros de altitud. En esa estrecha franja de bosque montañoso y húmedo, el pequeño anfibio vive escondido entre la hojarasca. Su carácter altamente endémico y su capacidad para camuflarse explican por qué había pasado desapercibido hasta ahora.
Los investigadores lograron encontrarlo gracias al canto de los machos. Ese sonido, formado por ráfagas breves y atenuadas con hasta cuatro pulsos por nota, resultó ser único dentro del género Brachycephalus en la región. Esa señal acústica permitió localizarlo y distinguirlo de sus especies cercanas.

Rasgos que distinguen al Brachycephalus lulai
El Brachycephalus lulai tiene un cuerpo compacto y un intenso color naranja. Está marcado por pequeñas manchas verdes y marrones. Los machos miden entre 8,9 y 11,3 milímetros. Las hembras entre 11,7 y 13,4 milímetros. Esto los ubica entre los tetrápodos adultos más pequeños del mundo. La identificación de la especie se apoyó en rasgos morfológicos, osteológicos y genéticos. El análisis detallado de su canto, fue un elemento clave para diferenciarla de otras especies cercanas.
Conservación: una especie diminuta en un equilibrio frágil
El hábitat del Brachycephalus lulai se mantiene casi prístino. Pero los científicos lo clasifican como una especie en peligro crítico de extinción. La especie ocupa un área mínima y los investigadores registran muy pocos individuos.
A esto se suman amenazas como la quema de pastizales, la expansión ganadera, el turismo no regulado, la minería y la deforestación. Estas presiones afectan no solo al sapo calabaza, sino también a muchas otras especies que dependen del Bosque Atlántico en Brasil, uno de los ecosistemas más biodiversos y fragmentados del planeta.

Una propuesta para proteger al Brachycephalus lulai
Los investigadores proponen crear un Refugio de Vida Silvestre en la zona. Esta figura legal permitiría proteger el área sin expropiar tierras privadas. Al mismo tiempo, resguardar a otras especies endémicas que viven en los valles y cumbres de la Serra do Quiriri.

Esta región del sur de Brasil, marcada por su aislamiento geográfico y un clima muy particular, ha dado lugar a una diversidad biológica excepcional. Conservarla es esencial para asegurar la supervivencia del Brachycephalus lulai y de todas las especies que dependen de estos bosques nublados.

