¿Las luciérnagas se están extinguiendo? Las luciérnagas no están extintas, pero sí atraviesan un declive acelerado en gran parte del mundo. La ciencia confirma que sus poblaciones disminuyen por pérdida de hábitat, contaminación lumínica, uso de pesticidas y cambios en los ecosistemas nocturnos. Su ausencia es una señal de alerta ambiental.
Un recuerdo que se apaga
Recuerdo las noches de verano de mi niñez como un espectáculo de magia silenciosa. El aire, denso y cálido, se llenaba de miles de bichitos de luz, como pequeñas estrellas caídas que danzaban sobre el pasto. A mis diez años, esa visión era la prueba de que el mundo estaba vivo. Hoy, con veintisiete, la escena es casi fantasmal: las luciérnagas se cuentan con los dedos. ¿Es solo nostalgia o realmente están desapareciendo?
La desaparición gradual de esos destellos luminosos no es un simple recuerdo melancólico. Es un síntoma de un problema ambiental grave, visible en mi jardín y confirmado por la ciencia: las luciérnagas se están extinguiendo. Pero ¿por qué? ¿Qué factores están apagando la luz de estos fascinantes insectos?
Qué está apagando la luz de las luciérnagas
La pérdida de hábitat, el uso de pesticidas, la contaminación lumínica, el cambio climático y la mala calidad del agua son las principales causas. Estos insectos son muy exigentes con su entorno: necesitan lugares húmedos, con vegetación nativa y suelos ricos. Allí pasan sus largas etapas larvales —hasta dos años— y encuentran alimento.
La deforestación, el crecimiento urbano sin planificación y la conversión de áreas naturales en monocultivos están destruyendo estos santuarios. La desaparición de su hábitat no solo elimina la vegetación, sino también la humedad crítica que necesitan las larvas para sobrevivir.
Además, la luz artificial interfiere en su forma de comunicarse. Las luciérnagas usan la bioluminiscencia para atraer pareja. En ambientes con exceso de iluminación, los machos no logran ver el brillo de las hembras. Esto interrumpe su ciclo vital y reduce la natalidad.

Situación en Uruguay: por qué casi no se ven
En Uruguay, el declive también es evidente. Las luciérnagas, antes comunes en zonas suburbanas y rurales, hoy aparecen de forma esporádica. Su ausencia responde a cambios acumulados que han transformado silenciosamente los paisajes nocturnos del país.
En la costa sur, la urbanización y el aumento de luminarias avanzaron sobre áreas que solían ser oscuras y húmedas, condiciones esenciales para su ciclo de vida. La contaminación lumínica interfiere en su comunicación: los machos ya no distinguen el brillo de las hembras entre el resplandor artificial.
A esto se suma la pérdida de humedales, praderas nativas y bordes de monte, refugios clave para sus larvas. La expansión agrícola y el uso de agroquímicos reducen aún más los espacios donde pueden desarrollarse.
Aun así, no han desaparecido por completo. Todavía pueden verse en zonas rurales de Canelones y Florida, en áreas húmedas de Rocha y en praderas con baja intervención humana, aunque de forma cada vez más fragmentada.
Bioluminiscencia: el lenguaje secreto de las luciérnagas
La luz que emiten nace en su abdomen y no genera calor. Se produce en células llamadas fotocitos, donde una sustancia llamada luciferina reacciona con el oxígeno. Este proceso libera energía en forma de luz y está regulado por el sistema nervioso.
Durante la respiración, el oxígeno circula por el cuerpo. Al llegar a los fotocitos, se activa la luciferina y se genera el brillo. En las larvas, esta luz servía como defensa: avisaba a los depredadores que su sabor era desagradable.

Por qué su desaparición importa
La ausencia de luciérnagas no es solo nostalgia: indica que algo profundo está cambiando en los ecosistemas. Durante años cumplieron un rol silencioso pero clave, controlando poblaciones de caracoles, babosas y otros invertebrados que proliferan cuando el ambiente pierde equilibrio.
Su importancia, sin embargo, va más allá del control de plagas. Las luciérnagas son bioindicadores: su presencia —o su ausencia— revela la salud de un entorno. Donde brillan, suele haber humedad, vegetación nativa y poca contaminación lumínica. Donde desaparecen, el paisaje se vuelve más seco, más iluminado y más intervenido. Su declive habla no solo de ellas, sino de la degradación de los ecosistemas nocturnos y de la pérdida de diversidad que los sostiene.
Por eso su desaparición importa: cuando su luz se apaga, también se atenúan otras formas de vida que dependen de los mismos equilibrios, incluidos nosotros.
Una nueva especie en México
En 2024 se descubrió una nueva especie en el Bosque de Chapultepec. Se llama Photinus mariasabinae, en honor a la chamana mexicana María Sabina. Fue hallada durante una jornada de registro de flora y fauna. Su morfología no coincidía con ninguna especie conocida en Ciudad de México. Tras comparaciones detalladas, los científicos confirmaron que era una especie completamente nueva.
Qué podemos hacer para protegerlas
- Reducir la iluminación artificial en jardines y espacios verdes.
- Evitar pesticidas y herbicidas.
- Conservar humedales y praderas nativas.
- Mantener zonas de vegetación autóctona.
- Promover corredores ecológicos urbanos.

