Una pared de roca puede parecer apenas una forma del paisaje. Sin embargo, sus capas, fracturas y minerales pueden guardar el registro de antiguos desiertos, océanos desaparecidos y movimientos tectónicos ocurridos durante millones de años.

Buena parte de esa historia permanece a la vista sin que sepamos interpretarla.

La biodiversidad suele ocupar un lugar central cuando hablamos de naturaleza. Reconocemos especies, bosques y humedales, pero no siempre identificamos el valor de una paleoduna, un afloramiento rocoso, una falla geológica o un yacimiento mineral.

La geodiversidad reúne esa parte no viva de la naturaleza: rocas, minerales, fósiles, suelos, formas del relieve y procesos que moldearon los territorios donde vivimos.

Convertir esos elementos en conocimiento comprensible es uno de los propósitos de ASGMI: Sitios de interés geológico de Iberoamérica, una publicación elaborada por el Grupo de Expertos en Patrimonio Geológico de la Asociación de Servicios de Geología y Minería Iberoamericanos.

Un territorio que necesitamos aprender a interpretar

La obra reúne 73 sitios distribuidos en 16 países. Cada capítulo incluye mapas de ubicación, descripciones de las principales características geológicas, información sobre medidas de protección y datos generales para conocer los lugares seleccionados.

Esa estructura permite que la publicación no quede limitada al ámbito especializado. Los mapas ayudan a localizar cada sitio, las explicaciones científicas permiten comprender su origen y la información sobre conservación explica por qué debemos protegerlo.

Un geositio deja así de ser un punto dentro de un inventario. Se convierte en un lugar que podemos observar, estudiar y comprender.

La divulgación cumple un papel central en ese proceso. Cuando la mayoría desconoce el valor de un paisaje, disminuyen las posibilidades de que las decisiones sobre el territorio lo tengan en cuenta.

La geodiversidad iberoamericana en el paisaje sedimentario de Ischigualasto, Argentina
Formaciones sedimentarias y recorrido interpretativo en Ischigualasto Argentina | Foto de cortesía

Divulgar también es conservar

Las rocas pueden transmitir una falsa sensación de permanencia. Sin embargo, ciertos afloramientos, fósiles, minerales y formas del relieve pueden degradarse o desaparecer debido a la extracción de materiales, las obras de infraestructura, la expansión urbana o una gestión inadecuada de las visitas.

Una estructura geológica destruida no puede reconstruirse dentro de una escala de tiempo humana. Con ella también puede perderse información sobre la historia de la Tierra.

Por eso, divulgar no consiste solamente en traducir conceptos científicos. También significa aportar herramientas para que las comunidades reconozcan el valor de su territorio antes de que una intervención lo modifique de manera irreversible.

La protección del patrimonio geológico requiere investigación, inventarios y medidas legales. La geoconservación también necesita una sociedad capaz de comprender qué se intenta conservar y por qué.

Uruguay dentro de una mirada regional

Uruguay está representado en la publicación por cinco lugares: el Distrito Gemológico Los Catalanes, las paleodunas de Cerro Conventos, Grutas del Palacio, Piedra Alta y las milonitas de Punta Ballena.

La geodiversidad iberoamericana en una visita a las formaciones de Grutas del Palacio, Uruguay
Visitantes recorren Grutas del Palacio en Flores | Foto Geoparque Grutas del Palacio

En conjunto, reúnen yacimientos minerales, registros de un antiguo desierto, formaciones modeladas por la erosión, rocas del basamento cristalino y estructuras vinculadas con la evolución del supercontinente Gondwana.

Su presencia muestra que la geodiversidad uruguaya no se concentra en una región ni responde a un único tipo de paisaje.

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Aprender a leer el paisaje

Una publicación no protege por sí sola un afloramiento, una paleoduna o una formación costera. Pero puede cumplir una función decisiva: ayudar a reconocer que allí existe un patrimonio.

Cuando el conocimiento sale de los ámbitos especializados, el paisaje deja de ser solamente el escenario donde transcurre nuestra vida. Se convierte en un archivo natural que permite comprender cómo se formó el territorio.

Hacer accesible la geodiversidad es una forma de acercar la ciencia a la sociedad, pero también de construir una responsabilidad compartida sobre su conservación.

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