Basta caminar por la rambla de Montevideo, detenerse frente a las barrancas de Kiyú o contemplar las sierras de Lavalleja para encontrarse con una historia que comenzó mucho antes que nosotros.

La geodiversidad en Uruguay está escrita en las rocas, en la forma del relieve, en los suelos que sostienen la producción y en los cursos de agua que atraviesan el territorio. Sin embargo, buena parte de esa historia permanece fuera de nuestra mirada.

Cada 6 de octubre se celebra el Día Internacional de la Geodiversidad, una fecha proclamada por la UNESCO para promover el conocimiento de la parte no viva de la naturaleza. Minerales, fósiles, suelos, sedimentos, montañas, ríos y formas del paisaje integran un patrimonio que condiciona la vida y nuestra relación con el territorio.

Este año, la celebración lleva como lema “La geodiversidad a nuestra puerta”, una invitación a descubrir la historia geológica presente en los lugares que habitamos y recorremos todos los días.

Uruguay llega a esta fecha con un cambio importante en su mapa: Manantiales Serranos ya forma parte de la Red Mundial de Geoparques de la UNESCO.

Manantiales Serranos cambia el mapa de Uruguay

En abril de 2026, Manantiales Serranos fue incorporado a la Red Mundial de Geoparques de la UNESCO. El territorio comprende más de 2.000 kilómetros cuadrados e incluye Minas, Solís de Mataojo y Villa Serrana, en el departamento de Lavalleja.

Con esta designación, Uruguay suma su segundo geoparque mundial. El primero fue Grutas del Palacio, en Flores, reconocido por la UNESCO en 2013.

Manantiales Serranos reúne riqueza geológica, recursos hídricos, paisajes e identidad cultural. Sus serranías conservan registros de una historia de millones de años, mientras que en el territorio se encuentran nacientes del río Santa Lucía, principal fuente de abastecimiento de agua para buena parte de la población uruguaya.

Geodiversidad en Uruguay en las rocas y el curso de agua de Manantiales Serranos
Rocas agua y vegetación modelan el paisaje de Manantiales Serranos en Lavalleja | Foto MEC

El reconocimiento no convierte al lugar en un museo cerrado ni representa solamente una distinción internacional. Los geoparques articulan la protección del patrimonio con la investigación, la educación y el desarrollo sostenible, con participación de las comunidades locales.

También abren oportunidades para el geoturismo, una forma de conocer los territorios a partir de su historia geológica, sus paisajes y su relación con la cultura.

Pero la designación es apenas el comienzo. El verdadero desafío será traducir el reconocimiento en conocimiento público, protección efectiva y oportunidades duraderas para quienes viven en el territorio.

Una historia escrita bajo nuestros pies

Cuando se habla de naturaleza, la atención suele dirigirse hacia los bosques, los animales, los humedales o las especies amenazadas. La parte viva del ambiente resulta más visible y, con frecuencia, también más sencilla de comunicar.

Sin embargo, ningún ecosistema existe separado del territorio que lo sostiene.

El tipo de roca, la composición del suelo, la disponibilidad de agua y las formas del relieve condicionan la vegetación, la fauna y las actividades humanas que pueden desarrollarse en cada lugar.

Sin rocas, suelos, agua y relieve no existirían los ecosistemas tal como los conocemos. La biodiversidad también comienza bajo nuestros pies.

La geodiversidad está presente en los materiales utilizados para construir viviendas y carreteras, en las reservas de agua subterránea, en los minerales necesarios para distintas tecnologías y en los paisajes que sostienen actividades productivas y turísticas.

Comprenderla no consiste solamente en observar rocas antiguas. También permite tomar mejores decisiones sobre el agua, el uso del suelo, la localización de infraestructuras, la extracción de recursos y la prevención de riesgos naturales.

Geodiversidad en Uruguay en las Barrancas de Arazatí, sobre la costa de San José.
Barrancas de Arazatí paisaje geológico del litoral de San José | Foto Matías Villegas

La geodiversidad que tenemos cerca

El lema de este año propone mirar alrededor. En Uruguay no es necesario recorrer grandes distancias ni llegar a lugares remotos para encontrar formaciones que cuentan episodios fundamentales de la historia de la Tierra.

En la costa de Montevideo afloran rocas de más de 2.000 millones de años. Sobre la rambla, formaciones que para muchos son una parte habitual del paisaje permiten reconstruir antiguos procesos tectónicos y magmáticos.

En Punta Ballena, las milonitas conservan el registro de profundas deformaciones tectónicas vinculadas con la evolución geológica de la región. Estas rocas aportan información relevante para comprender la formación y posterior fragmentación de antiguos continentes.

Las barrancas de Kiyú y Ordeig, en San José, reúnen formaciones sedimentarias y registros fósiles. También permiten observar los procesos de erosión que continúan modificando la costa.

Más al norte, los yacimientos de amatistas de Los Catalanes, en Artigas, se formaron en derrames basálticos asociados con la apertura del océano Atlántico sur. Las paleodunas de Cerro Conventos, en Cerro Largo, conservan el testimonio de un antiguo ambiente desértico.

Geodiversidad en Uruguay en las areniscas de Cerro Conventos, Cerro Largo.
Areniscas de Cerro Conventos vestigios de un antiguo desierto de unos 255 millones de años I Foto Matías Soto

Piedra Alta, en Florida, expone rocas cristalinas del basamento geológico del país. Por su parte, las columnas de arenisca de Grutas del Palacio, en Flores, muestran cómo distintos procesos naturales modelaron estructuras extraordinarias a lo largo del tiempo.

No son piezas aisladas de un catálogo. En conjunto, forman parte de la memoria física del territorio uruguayo.

Un patrimonio que todavía conocemos poco

Uruguay posee lugares de gran valor científico, educativo y paisajístico, pero el conocimiento público sobre su patrimonio geológico continúa siendo limitado.

En una entrevista publicada por Ambienta, el geólogo César Goso explicó que el país no contaba entonces con un inventario nacional completo de geositios. Existían inventarios en áreas concretas y una lista preliminar de alrededor de 70 lugares surgida de una investigación académica.

Geodiversidad en Uruguay en las columnas de arenisca de Grutas del Palacio.
Columnas de arenisca de Grutas del Palacio en Flores | Foto Rutas UNESCO Uruguay

La falta de un inventario consolidado dificulta establecer prioridades de conservación y conocer con precisión el estado de estos sitios.

Muchos afloramientos y lugares de interés geológico se encuentran, además, dentro de propiedades privadas. Su protección requiere la participación de propietarios, instituciones públicas, investigadores y comunidades locales.

La divulgación aparece así como una primera herramienta de conservación: es difícil defender un patrimonio cuya existencia y valor apenas conocemos.

La educación, la señalización, los planes de gestión, el control de las visitas y las figuras de protección legal pueden ayudar a preservarlo. Pero todas esas medidas parten de una decisión anterior: reconocer que la parte no viva de la naturaleza también forma parte del patrimonio que debemos cuidar.

Cuando el paisaje también puede desaparecer

La geodiversidad puede parecer inmutable. Las rocas transmiten una sensación de permanencia que lleva a pensar que siempre estarán allí.

Pero determinados afloramientos, fósiles, formas del relieve y estructuras geológicas pueden dañarse o desaparecer por la extracción de materiales, la construcción de infraestructuras, la expansión urbana o intervenciones realizadas sin una evaluación adecuada.

Una formación geológica destruida no puede reconstruirse dentro de una escala de tiempo humana. Con ella también puede desaparecer la información que guardaba sobre el pasado de la Tierra.

Conservar no significa impedir toda actividad en un territorio. Significa conocer qué existe, identificar su valor y decidir cómo utilizar los recursos sin borrar los registros que permiten comprender nuestra historia natural.

También supone abandonar una mirada fragmentada del ambiente. No es posible proteger la biodiversidad sin considerar los suelos, el agua, las rocas y los procesos que sostienen los ecosistemas.

Aprender a mirar el territorio

El Día Internacional de la Geodiversidad no celebra algo distante ni reservado a especialistas.

Su propuesta es mucho más cercana: observar el paisaje cotidiano y preguntarnos por qué una sierra tiene determinada forma, cómo se originaron las rocas de una playa, qué historia guardan las barrancas o de dónde proviene el agua que utilizamos.

Uruguay posee ahora dos geoparques mundiales reconocidos por la UNESCO. Pero su patrimonio geológico se extiende mucho más allá de esos territorios.

Está en las amatistas de Artigas, en las antiguas rocas de Montevideo, en los suelos productivos, en las costas modeladas por el agua y el viento, y en las serranías que definen el paisaje del este del país.

La geodiversidad está, como propone el lema de este año, a nuestra puerta. Comprender lo que cuentan las rocas, los suelos y el paisaje es también una forma de reconocer el territorio que habitamos.

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Fundador y Director de Ambienta. Periodista. Diplomado en Activismo y Política Socioambiental. Contacto: director@ambienta.uy

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