La primera pregunta que suele surgir es: ¿Dónde conseguiste el material? Pero la pregunta crucial es: ¿A dónde va a parar? ¿Qué sucede con todo el plástico que nos rodea?», enfatiza Stella Peña, creadora de Plastikus, una obra que fusiona ciencia, arte y una nueva mirada al plástico.
La artista y su proyecto: una vida por el mar
Stella Peña, es uruguaya, doctora en química y artista de circo. Ha logrado fusionar sus talentos en una noble causa: la protección del medioambiente. Su interés por la naturaleza despertó en la escuela. Su amor por el mar se arraigó desde mucho antes.
«Cada vez que surfeo y me encuentro con delfines, la emoción me desborda hasta las lágrimas», confiesa a Ambienta Stella Peña, creadora de Plastikus.
Hoy en día, Stella está transformando el activismo ambiental. Lo hace con su impactante performance Plastikus. Esta obra fusiona plástico, ciencia y arte en una danza aérea. No solo deslumbra al espectador, sino que lo invita a reflexionar sobre la apremiante necesidad de proteger nuestro planeta.
Un activismo que deslumbra: el éxito de Plastikus
En 2024, Plastikus tuvo funciones a sala llena en el Auditorio Nacional del Sodre y en el CURE de Maldonado. Recientemente, la obra se presentó en eventos al aire libre como el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia y, el 25 de abril, en el cierre del Mes del Compostaje.
Compartimos un extracto de la entrevista que Stella Peña mantuvo con Ambienta, donde reflexiona sobre la influencia de su formación académica y la relación entre la ciencia y el arte.
El desafío de crear arte con un bajo presupuesto
¿Qué desafíos enfrentaste para producir Plastikus?
El gran desafío fue estar en casi todos los rubros: dirigir e interpretar la obra, realizar la producción musical, y la co/producción. Me refiero a “co” porque lo llevé a cabo junto a Elia Flores, una gran amiga. ¡Otro gran desafío es cómo hacer una obra con muy bajo presupuesto! Y eso fue gracias al apoyo de mucha gente.


Foto: Claudia Rodríguez.
¿Qué materiales elegiste para la instalación escénica?
Elegí trabajar con nylon-film. Es un polietileno de baja densidad (LDPE). Es brillante, liviano, maleable y fácil de conseguir. Luego de investigar, profundizamos en sus posibilidades “acrobáticas” y en su potencial escénico. La elección de trabajar con un material de “desecho” y pasar a reutilizarlo, es también una decisión que rompe con los modelos de producción artísticos.
Ciencia y arte: una fusión necesaria
¿Cómo influye tu formación como doctora en Química en la creación de «Plastikus»?
Entiendo que mi doctorado me permitió demostrar que se trataba de algo serio al jurado del FCC. Haber trabajado muchos años en la Udelar me permitió entender cómo son los mecanismos para hacer todo de forma correcta.
¿Qué papel crees que tiene la ciencia en el arte?
La ciencia habla, pero muchas veces no la escuchamos. Estos datos circulan desde hace años. La primera isla de plástico se encontró en 1997. Es información que circula, pero no escuchamos. Creo que el arte puede ser un medio muy útil para compartir conocimientos, llegar a más oídos y corazones. Y de esta forma apelar a cambios.
El viaje interminable del plástico
El plástico puede tardar entre 100 y 1000 años en descomponerse, dependiendo de los compuestos que lo conforman. Desde polietilenos de diversas densidades hasta PVC y polipropilenos, existen múltiples variantes con estructuras químicas que influyen en su degradación.
El polietileno de baja densidad (LDPE) es uno de los plásticos más comunes. Su estructura altamente ramificada le otorga una flexibilidad excepcional.

Foto Cortesía de Stella Peña
La entrevista completa está disponible de manera gratuita en la edición N° 6 de revista Ambienta, que puedes leer y descargar aquí.

