La crisis de agua potable en Uruguay dejó una de las imágenes más impactantes de su historia reciente en 2023: el embalse de Paso Severino prácticamente vacío. Aquella falta de lluvias provocó que la cuenca del río Santa Lucía llegara a niveles críticos, obligando a abastecer a 1,7 millones de personas con una mezcla de agua dulce y salada durante 70 días.
Uruguay enfrenta ciclos de sequía persistentes desde 2018. En este período, los picos de afectación alcanzaron a más del 60% del territorio nacional. Ante este escenario, las sucesivas administraciones debatieron diversas estrategias para asegurar el recurso.
Durante la presidencia de Luis Lacalle Pou, se impulsó el Proyecto Neptuno. Se trataba de una planta de toma de agua proyectada para el estuario del Río de la Plata que generó intensos debates. Sin embargo, el actual presidente, Yamandú Orsi, descartó esta iniciativa al asumir el cargo en marzo del año pasado.
En su lugar, la nueva administración reactivó los planes para construir una represa en Casupá, Florida. Si bien el plan podría resolver los problemas hídricos del país, el conflicto social persiste. Los productores locales afirman que fueron dejados de lado en los detalles sobre la expropiación de 46 unidades productivas ganaderas. Mientras tanto, crecen las voces que critican la lentitud en el avance de la obra.
La represa de Casupá
Casupá se ubica en el este de Florida, cerca de los límites con Lavalleja y Canelones. Se encuentra a unos 90 kilómetros al norte de la región metropolitana de Montevideo. La ciudad está situada entre serranías y humedales. Su nombre significa “al borde de la selva grande” en guaraní, lengua indígena de América del Sur.
El proyecto de la represa nació en la década de 1960. Resurgió en 2019, cuando la crisis hídrica evidenció la necesidad de garantizar el suministro. Aunque existe un estudio de impacto ambiental de 2017, el proceso continúa avanzando. En octubre de 2025, el gobierno recibió un préstamo de 130 millones de dólares del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF). Estos fondos financiarán la actualización del estudio y la construcción de la obra. Actualmente, ya se han presentado ofertas para el proyecto. Se prevé que la construcción inicie a principios de 2027 y finalice a mediados de 2029.
Mientras tanto, Uruguay transcurre otro verano de suministro incierto. Los meses actuales registran precipitaciones inferiores a lo normal y temperaturas que superan los promedios históricos. Según el Instituto Uruguayo de Meteorología (INUMET), este escenario responde al fenómeno de La Niña. El pasado 30 de diciembre, OSE activó medidas de previsión. Estas incluyen infraestructura de emergencia y directrices para el ahorro de agua.
En diálogo con Dialogue Earth, el meteorólogo Nubel Cisneros advirtió que la escasez será significativa durante el resto de enero y febrero. Cisneros predice que las lluvias de este trimestre estarán entre un 40% y un 60% por debajo de la media estacional.

Impactos ambientales
La represa de Casupá puede ser una posible solución a largo plazo, pero tendrá varios impactos.
Según un informe encargado por la OSE, se talarán unas 426 hectáreas de bosque autóctono y 787 hectáreas de pastizales naturales. En los diversos documentos que componen la evaluación de impacto ambiental de la represa, se considera que los hábitats de un total de 26 especies incluidas en las listas de conservación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) se verán afectados por esta tala. Entre ellas se encuentran aves como la viudita blanca grande (Heteroxolmis dominicana), reptiles como la lagartija manchada (Stenocercus azureus) y mamíferos como la marmosa (Cryptonanus cf. chacoensis).
Leticia Peralta trabaja con su familia para cuidar de unas 1.000 cabezas de ganado dentro de la zona del embalse propuesto para la represa, lo que supondría la inundación del 40% de sus tierras de cultivo. Las cámaras trampa de Peralta han registrado parte de la fauna local: “Es muy importante mantener intactos sus hábitats y ecosistemas, porque si se trasladan allí es porque todo está en equilibrio”.
El proyecto presentado por OSE incluye un programa de rescate de fauna silvestre, que trasladaría las especies de baja movilidad a áreas de conservación cercanas. Se instalaría una zona de amortiguación de aproximadamente 800 hectáreas alrededor del embalse, con la intención de compensar la pérdida de bosques y pastizales nativos, mediante la restauración de ecosistemas y corredores biológicos.

El estado actual de la cuenca de Santa Lucía también es motivo de preocupación. La evaluación de impacto ambiental de la represa reconoce los niveles excesivos de fósforo de la cuenca, causados por la contaminación forestal y agrícola que se filtra en estas aguas. La evaluación prevé que el embalse de la represa también podría contener altos niveles de fósforo, lo que facilitaría la proliferación de algas y comprometería la idoneidad del agua para el consumo humano. Al igual que con la represa existente de Paso Severino, esta agua tendría que ser tratada antes de ser distribuida.
María Selva Ortiz, de la ONG Red de Amigos de la Tierra (REDES-AT Uruguay), recordó el antecedente de 2013, cuando se produjo una proliferación de cianobacterias en la planta de tratamiento de Aguas Corrientes. En aquel episodio, toda el área metropolitana de Montevideo recibió agua del grifo con olor y sabor desagradables, marcando un punto de inflexión en la percepción pública sobre la calidad del recurso.
Por su parte, José Langone, biólogo jubilado con 35 años de trayectoria en OSE, advirtió que la represa de Casupá podría enfrentar obstáculos para convertirse en un proveedor clave de agua potable en los plazos previstos. Langone señaló, por ejemplo, el impacto de las 10.000 hectáreas de eucaliptos situadas al norte de la futura represa, una masa forestal que competiría directamente por el consumo del agua superficial disponible.
El papel de las comunidades
El área inundada por el embalse de Casupá será de 2.126 hectáreas. Esta cifra sube a 3.935 hectáreas en la zona de amortiguamiento. Dicha área se anegará cuando el nivel del agua sea alto. La obra implica la expropiación de 46 campos productivos.
“No sabemos quiénes ni cuántos serán expropiados”, explicó Carlos Sarrosa, agrónomo y ganadero. Sostiene que faltan estudios sociales y económicos. Según el productor, el anuncio fue solo un eslogan político. Sarrosa aún no tiene datos oficiales, pese a que perderá tres campos (unas 300 hectáreas).
Peralta coincide con esta queja. Afirma que la información es escasa y que hay dudas sobre el futuro de los afectados. También preocupa el daño ambiental y agrícola. El Ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, visitó la zona hace poco. Aseguró a las 80 familias que el plan seguirá en pie pese a las dudas.
El alcalde de Casupá, Luis Oliva, admitió una fuerte división local. El conflicto cruza a los productores con los 2.000 vecinos del pueblo, donde hay poco empleo. Oliva prevé más gente en la zona durante la obra. Esto daría un impulso a las rentas y las rutas. Sin embargo, tras apoyar el plan al inicio, ahora tiene dudas por el impacto de las expropiaciones.

Gobernanza
Los agricultores de la zona sostienen que OSE admitió la falta de mediciones in situ en los terrenos de la represa. Según los productores, los estudios topográficos se realizaron únicamente con drones y satélites. Asimismo, señalan que el ente reconoció la ausencia de estudios ambientales definitivos. Estos informes dependen directamente del Ministerio de Ambiente.
El interés en el proyecto es significativo: dieciséis empresas ya presentaron sus ofertas para la obra. De ellas, ocho son uruguayas y ocho extranjeras. Pese a la magnitud del proyecto, tanto el Ministerio de Ambiente como OSE evitaron responder a las consultas de Dialogue Earth para este informe.
El actual ministro Edgardo Ortuño ha sido un férreo defensor de Casupá. Antes de asumir la cartera, Ortuño se desempeñó como director de OSE. En declaraciones previas, afirmó que la crisis hídrica resulta de décadas de decisiones postergadas. Por ello, subrayó la necesidad de construir nuevas represas para mejorar la eficiencia del sistema hídrico.
En su página web, el Ministerio de Ambiente reconoce la necesidad de actualizar el estudio de impacto ambiental de Casupá.
Alternativas
El geólogo Marcel Achkar (Udelar) propone descentralizar el sistema de agua. Para el experto, es necesario utilizar fuentes locales, cursos de agua más pequeños y aguas subterráneas. También sugiere reducir las pérdidas de “agua no facturada”. En Uruguay, esta cifra ronda el 50%, superando la media regional del 35%. Para Achkar, restaurar la cuenca de Santa Lucía es una carrera contra el tiempo para recuperar su calidad ambiental.
Durante su gestión como intendente de Canelones, el propio presidente Yamandú Orsi advirtió sobre el deterioro de esta cuenca. En 2023, Orsi denunció vertidos industriales en la zona. Sin embargo, María Selva Ortiz sostiene que la mayor parte de la contaminación proviene de la actividad agrícola.
Por su parte, José Langone aporta datos críticos. Solo el 7% de la cuenca no ha sido afectada por humanos y apenas el 2% conserva monte nativo. Langone propone construir una nueva planta de tratamiento en Juan Lacaze, Colonia. Esta obra ayudaría a reducir los problemas de salinidad en el suministro. Finalmente, Ortiz destaca que la nueva represa permitiría mantener un servicio más fiable durante futuras crisis hídricas.
El futuro
A los críticos de la represa también les frustra la falta de avances. “Estamos en la misma situación que durante aquella sequía extrema”, afirmó José Langone, en referencia al desastre histórico de 2023. El experto señaló, además, que aún no existe un plan para reparar las tuberías de Montevideo. Las fallas en la red son responsables de gran parte de las pérdidas de agua actuales.
Por otro lado, Miguel de França Doria (Unesco) sostiene que Uruguay debe cambiar su relación con el recurso hídrico. Para el especialista, el país necesita promover la resiliencia y limitar el uso del agua potable al consumo humano y animal. También sugiere aprovechar mejor los acuíferos y aumentar la eficiencia general.
Doria reconoce que la represa de Casupá podría formar parte de esta estrategia integral. “Necesitamos una nueva cultura del agua. Nuestras sociedades se desarrollaron en un mundo que ya no existe”, concluye con contundencia.
Este artículo fue escrito originalmente por Ramiro Barreiro y publicado en Dialogue Earth. La presente versión ha sido editada por el equipo de Ambienta para actualizar datos de contexto local y optimizar su lectura para nuestra audiencia.

