Montevideo enfrenta varios desafíos en materia de gestión ambiental, adaptación al cambio climático y a la variabilidad climática.
Las consecuencias de esto se manifiestan en la capital uruguaya, donde las calles se inundan con rapidez, generando desplazamientos familiares. En una ciudad densamente urbanizada, se experimentan olas de calor, cursos de agua contaminados, sequías que afectan el suministro de agua potable y la producción agrícola en las zonas rurales del departamento.

Ante esta realidad, la intendencia de Montevideo elaboró un Plan de Acción Climática de Montevideo que se encuentra en período de consulta pública, hasta mañana 15 de mayo.
Si bien las emisiones de CO2 relacionadas con Uruguay tienen un impacto muy reducido en el total de las emisiones a nivel mundial, lo que destaca la importancia de la adaptación en este contexto, el plan de la Intendencia es lograr que Montevideo sea CO2 neutral para la década de 2040.
Plan de Acción Climática de Montevideo
Posee cuatro «ejes estratégicos» que delinean líneas de acción y metas proyectadas a corto plazo, para el año 2025, mediano plazo, para el año 2030, y largo plazo, extendiéndose hasta la década de 2040.
«Montevideo bajo en emisiones»
Es el primer eje del plan. Las autoridades se comprometen a tomar medidas en relación con los residuos, la energía y la movilidad. Proyectan extender la red de ciclovías de la ciudad a 100 km para el 2030. Además, planean incrementar en un 50% la cantidad de árboles urbanos para el 2040 en comparación con lo establecido en 2018.

«Montevideo ecosistémico»
Este segundo eje tiene como objetivo conservar y ajustar los ecosistemas a las condiciones variables resultantes del cambio climático. Las medidas se enfocan en prevenir la erosión del suelo en zonas rurales y naturales, promover y reforzar las capacidades para la producción agroecológica, intensificar la administración y los planes de gestión de áreas de interés natural, y optimizar la gestión de la biodiversidad para su preservación y apreciación.
Para el 2025, se planea caracterizar los suelos de Montevideo considerando las reservas de agua y evaluar la biodiversidad y ecosistemas ante el cambio climático.
Para el 2030 se presentarán planes de manejo para zonas naturales como humedales, cuerpos de agua y ecosistemas costeros, junto con 35 planes integrales que abarcarán aspectos económicos, ambientales y sociales.
“Montevideo resiliente”
En el tercer eje, se centra en la infraestructura y las edificaciones. Para lograrlo, se aplicarán medidas de adaptación para fortalecer las capacidades institucionales frente a las amenazas climáticas, integrar enfoques de resiliencia en la planificación, aumentar la resistencia de las infraestructuras ante los efectos del cambio climático y fomentar el uso de soluciones adaptadas al clima.
Dentro de las medidas propuestas en este enfoque se incluye la supervisión del impacto del cambio climático en la salud, especialmente en lo concerniente a las repercusiones de enfermedades emergentes y reemergentes.
Además, se considera la seguridad alimentaria, el acceso a agua potable, y la creación de un fondo de emergencia climática.
“Montevideo comprometido”
En este cuarto y último eje estratégico del plan, se apuesta a comprometer a la población y organizaciones con la problemática y los efectos del cambio climático para dar una respuesta integral y participativa.
Para alcanzar este objetivo se promoverán medidas que fortalezcan la participación de las personas, las organizaciones de la sociedad civil, sector privado y academia, procurando potenciar un cambio cultural en sinergia con las demás medidas de este plan.
Asimismo, se impulsarán acciones de sensibilización y difusión de información climática atendiendo a criterios de accesibilidad universal hacia toda la comunidad. También, se promoverán acciones en coordinación con el gobierno nacional y la agenda climática internacional.

