Cada 26 de julio se conmemora el Día Mundial de la Defensa del Manglar, establecido por la UNESCO en 2015 con el objetivo de generar conciencia sobre la relevancia ambiental, social y económica de estos ecosistemas costeros únicos.

En medio del avance de la urbanización, el turismo y las consecuencias del cambio climático, el manglar emerge como símbolo de resistencia y complejidad ecológica.

Los manglares son bosques que crecen en zonas intermareales de regiones tropicales y subtropicales, donde el agua dulce se entrelaza con la salinidad marina. Están conformados por especies vegetales adaptadas a condiciones extremas: suelos fangosos, baja oxigenación, alta salinidad.

Refugio silvestre en las Galápagos hogar de manglares y especies únicas como el león marino Foto WWF

Entre ellas destacan el mangle rojo, blanco y negro, cuyas raíces expuestas dan lugar a paisajes singulares y funcionales. Estas raíces no solo estabilizan el terreno; también ofrecen refugio y espacios de reproducción para una amplia variedad de fauna marina y aves migratorias. Para especies amenazadas, como la tortuga carey o el manatí, los manglares constituyen uno de sus últimos bastiones.

Presentes en más de 120 países, los manglares tienen una distribución global con fuerte presencia en Asia, América Latina y África. Regiones como Indonesia, Brasil y México albergan vastas extensiones, mientras que en países como Ecuador, Colombia o Cuba, estos ecosistemas cumplen funciones sociales esenciales. De hecho, más de cien millones de personas en el mundo dependen directa o indirectamente de los manglares para su subsistencia.

México alberga el 6 de los manglares del planeta ocupando el cuarto lugar mundial Foto Alberto Alcántara

Sin embargo, su situación actual plantea desafíos urgentes. Diversos estudios advierten que los manglares están desapareciendo entre tres y cinco veces más rápido que los bosques terrestres. La expansión de la industria camaronera, el desarrollo costero no planificado y la contaminación hídrica figuran entre los principales factores de degradación.

A ello se suman fenómenos extremos cada vez más frecuentes, como huracanes e inundaciones, que afectan directamente a estos entornos. Casos recientes en el Caribe dan cuenta del impacto severo de estas tormentas sobre extensiones completas de manglar.

Además de su valor ecológico, los manglares juegan un papel crucial en la mitigación climática: capturan hasta cinco veces más carbono que los bosques tropicales de montaña, convirtiéndose en uno de los principales sumideros de carbono azul del planeta.

Manglares colombianos desde el aire Imagen World Wildlife Foundation

También protegen las costas al reducir la fuerza de las olas y minimizar el impacto de eventos naturales extremos. En tiempos de creciente vulnerabilidad climática, estos ecosistemas se consolidan como aliados silenciosos para la resiliencia de las comunidades.

El Día Mundial de la Defensa del Manglar permite observar con atención el estado actual de estos ecosistemas, así como las iniciativas científicas y comunitarias orientadas a su recuperación.

En América Latina, por ejemplo, se destacan proyectos liderados por universidades, organismos públicos y grupos locales que buscan restaurar áreas degradadas, investigar el impacto de microplásticos y fortalecer el vínculo entre ciencia y saberes ancestrales.

Los manglares son mucho más que paisajes exóticos. Son laboratorios vivos de adaptación, espacios de encuentro entre agua, tierra y vida. Y en su silencio húmedo, albergan preguntas urgentes sobre la relación que construimos —y podemos reconstruir— con la naturaleza.


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