La reciente condena a Monsanto por la filtración de químicos tóxicos ha marcado un hito en la justicia ambiental de Estados Unidos. Un jurado de Seattle determinó que la filial de Bayer deberá pagar 857 millones de dólares tras comprobarse que sus productos enfermaron a estudiantes y voluntarios de una escuela.
El veredicto del Centro Educativo Sky Valley determinó que la empresa vendió bifenilos policlorados (PCB) sin las advertencias de seguridad adecuadas. La indemnización se desglosa en 73 millones de dólares por daños compensatorios y 784 millones en daños punitivos.
La condena a Monsanto: un peligro persistente para la salud
Los demandantes sostienen que la exposición a estos químicos provocó casos de cáncer y afecciones de tiroides. El abogado de las víctimas, Félix Luna, destacó que la empresa nunca advirtió sobre la toxicidad de estos compuestos, los cuales dañan el sistema nervioso y permanecen en el cuerpo de por vida.
Estas preocupaciones por la salud ambiental trascienden fronteras. En Uruguay, diversos activistas exigen que el Estado declare la cuenca del río Santa Lucía como una zona “libre de agrotóxicos y forestación industrial”, con el fin de prevenir daños similares en los ecosistemas nacionales.
Por su parte, Monsanto calificó la cifra como «constitucionalmente excesiva». La compañía afirma que las pruebas ambientales descartaron niveles peligrosos de exposición y ya prepara su apelación al fallo. Aunque Estados Unidos prohibió los PCB en 1979 tras confirmar su vínculo con el cáncer, estos químicos aún persisten en infraestructuras antiguas.
¿Qué son los PCB y por qué son tan peligrosos?
Los Bifenilos Policlorados (PCB) son compuestos químicos sintéticos creados en laboratorio. Durante décadas, las industrias los usaron masivamente por su resistencia al calor y su capacidad aislante. Estos químicos aparecen comúnmente en equipos eléctricos antiguos. También están presentes en productos como el papel carbón, acabados para pisos y pinturas industriales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica a los PCB como contaminantes persistentes. Estos compuestos son peligrosos porque pueden permanecer en el tejido humano durante toda la vida.


