Hoy celebramos a quienes en silencio sostienen la vida del planeta: los árboles. Testigos del tiempo, guardianes del equilibrio y artistas del oxígeno, su existencia entrelaza historias con raíces profundas y ramas que acarician el cielo.

¿Por qué se celebra el 28 de junio?

El Día Mundial del Árbol se conmemora cada 28 de junio desde 1969, cuando fue establecido por el Congreso Forestal Mundial. La fecha busca recordarnos la importancia de los árboles como pilares de la vida en la Tierra y promover acciones de reforestación y conservación.

Una niña junto a su padre plantando un árbol Imagen de Adobe Stock Pingpao

En este Día Mundial del Árbol, compartimos 6 curiosidades que revelan su sorprendente poder:

Sí, los árboles se comunican. A través de redes subterráneas de hongos, conocidos como «Wood Wide Web», intercambian nutrientes, advierten sobre plagas y hasta cuidan a sus crías. Una comunidad vegetal con más inteligencia de la que imaginamos.

Un árbol maduro puede absorber hasta 22 kilos de dióxido de carbono al año. Plantar árboles no es solo un acto simbólico: es acción climática concreta.

“El Viejo Tjikko”, un abeto de Suecia, lleva más de 9.500 años vivo. En Chile, el “Gran Abuelo” podría superar los 5.000. Son archivos vivientes de la historia del planeta.

Tjikko El Árbol Más Antiguo del Mundo Foto  Stefan Geens

En las ciudades, la sombra de los árboles puede reducir la sensación térmica hasta 10 °C. Son aliados vitales frente al aumento de olas de calor y la crisis climática.

Aunque los océanos también juegan un rol clave, los árboles y plantas terrestres producen aproximadamente el 50 % del oxígeno que respiramos. A través de la fotosíntesis, transforman la luz solar en vida, liberando oxígeno y absorbiendo dióxido de carbono. Cada árbol es una pequeña fábrica de aire puro.

Más del 80 % de la biodiversidad terrestre depende de los bosques. Desde un tucán hasta un hongo microscópico, miles de especies encuentran vida en sus troncos, hojas y raíces.

Este Día Mundial del Árbol, celebremos no solo plantando, sino también valorando, protegiendo y conectando con su esencia. Porque cuidar un árbol, es cuidar la vida.


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