Durante toda la campaña electoral, la discusión sobre políticas ambientales ha brillado por su ausencia en el debate público. Esta falta de atención se evidenció de manera notable en el debate del 17 de noviembre, entre los candidatos con posibilidades de alcanzar la Presidencia de la República, Álvaro Delgado y Yamadú Orsi. Curiosamente, solo Orsi mencionó el término «medioambiente» en una única ocasión, lo que subraya la escasa relevancia que este tema ha tenido en la contienda electoral.
A lo largo de la campaña, la temática ambiental ha sido relegada a un segundo plano en los discursos, anuncios y proclamas de los candidatos. Aunque se menciona en los programas de gobierno de la Coalición Republicana, denominado «Compromiso País», y en las «Bases Programáticas» del Frente Amplio, las propuestas de ambos partidos carecen de diferencias significativas.
El tema ambiental se ha limitado a los mismos ejes: la lucha contra el cambio climático, la crisis ambiental global, la gestión de residuos, la sostenibilidad en el desarrollo del país y la pérdida de biodiversidad. En el ámbito energético, el hidrógeno verde ha emergido como un tema recurrente.
El Frente Amplio ha manifestado su intención de «regular el uso de los recursos naturales, como el agua, en la producción de hidrógeno verde», además de establecer «cánones de explotación». En contraste, la Coalición Republicana propone «desarrollar marcos normativos claros e innovadores para proyectos industriales que utilicen grandes cantidades de agua, garantizando la protección de nuestros recursos hídricos y un desarrollo sostenible de nuestras industrias nacionales».
Ambas coaliciones han hecho promesas en torno al acceso al agua. El Frente Amplio prioriza la «implementación efectiva del Plan Nacional de Agua y la construcción de Casupá», mientras que los integrantes de la Coalición se comprometen a «asegurar la cantidad y calidad de agua en el territorio nacional».
Es fundamental que los temas ambientales en Uruguay dejen de ser una mera mención y se conviertan en un eje central del debate político».
Recordemos que, previo a la elección interna, un grupo de más de 60 organizaciones sociales, mediante una carta abierta a los candidatos de los partidos políticos, pusieron sobre la mesa un tema crítico: la crisis del agua en Uruguay.
Además, las organizaciones exigían políticas claras, acciones concretas y un mayor compromiso en temas como: limitar los monocultivos y la forestación, revertir la privatización del agua, garantizar el abastecimiento del agua potable, así como darle mayor impulso a la agroecología.
Sin embargo, estas demandas no han sido recogidas con la fuerza esperada, más allá de lo que ya se encuentra en los programas de gobierno.
De cara a la segunda vuelta -que se celebrará el 24 de noviembre- muchos esperábamos que los temas ambientales cobraran mayor protagonismo en la campaña. Sin embargo, han quedado en un segundo plano, como si la urgencia de la crisis ambiental no fuera suficiente para motivar un debate significativo.
El sistema político uruguayo aún tiene deudas con la protección de los bienes naturales, la defensa de las comunidades rurales frente a los plaguicidas, la garantía de acceso a la justicia socioambiental y la promoción de la agroecología, entre otros aspectos cruciales.
Muchos esperábamos que los temas ambientales cobraran mayor protagonismo en la campaña.
Es fundamental que, en esta etapa decisiva, los temas ambientales en Uruguay dejen de ser una mera mención y se conviertan en un eje central del debate político. La salud de los territorios y el bienestar de las generaciones presentes y futuras dependen de la capacidad de nuestros líderes para abordar estos desafíos de manera urgente y comprometida.

