En momentos en que Uruguay avanza hacia la creación de un Instituto de Ciencias Oceánicas, conviene detenerse en una pregunta incómoda pero ineludible: ¿qué significa realmente hablar de sostenibilidad cuando pensamos en el océano?
La respuesta no es sencilla. Durante décadas, la sostenibilidad ha sido un concepto central en las discusiones ambientales globales; sin embargo, su aparente claridad se diluye cuando debe aplicarse a decisiones concretas. ¿Es sostenible la explotación de recursos marinos? ¿Bajo qué condiciones? ¿Quién define esos límites? Estas preguntas adquieren hoy una urgencia particular en el contexto de la crisis climática.
El regulador invisible del planeta
Sabemos algo fundamental: los océanos son, al mismo tiempo, víctimas del calentamiento global y nuestra mayor esperanza para enfrentarlo. Cubren el 71% de la superficie del planeta, contienen el 97% del agua y albergan el 95% de la biosfera viva. Pero su importancia va mucho más allá de estas cifras, ya que constituyen la principal fuerza reguladora del sistema climático.
Desde 1970, han absorbido más del 90% del exceso de calor acumulado y capturan entre el 20% y el 30% del dióxido de carbono emitido por la actividad humana. De hecho, cerca del 50% del oxígeno que respiramos proviene del océano. En otras palabras, cada segundo aliento depende de su equilibrio.

La bomba física y biológica
Este papel estabilizador se sostiene en procesos complejos. El fitoplancton, las algas y los pastos marinos capturan carbono mediante la fotosíntesis, mientras que las aguas frías transportan el dióxido de carbono hacia las profundidades a través de una “bomba física” que puede almacenarlo durante décadas. Sin embargo, este delicado sistema está sometido a una presión creciente.
El aumento de la temperatura del mar, la acidificación y el ascenso del nivel del mar ya generan impactos visibles: pérdida de biodiversidad, alteración de ecosistemas y mayor frecuencia de inundaciones costeras. La crisis climática y la crisis de la biodiversidad ya no pueden pensarse por separado, pues son dos dimensiones de un mismo problema.

Desafíos frente a la incertidumbre
En este contexto, el concepto de sostenibilidad es más necesario que nunca, pero también más difícil de precisar. La incertidumbre es uno de los grandes desafíos. Nuestro conocimiento sobre los océanos sigue siendo incompleto. Por eso, muchas decisiones se toman sin plena certeza sobre sus consecuencias a largo plazo. En muchos casos, solo el paso del tiempo permite evaluar si una medida fue realmente sostenible.
La experiencia internacional muestra que esta complejidad exige un enfoque integrador. No basta con las ciencias naturales. Es imprescindible incorporar la economía, el derecho, la ética y las dimensiones culturales. En este sentido, la agenda internacional ofrece guías clave, como el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14 de Naciones Unidas. Este propone conservar y utilizar los mares de forma responsable.
Esto se traduce en medidas concretas: expandir las áreas marinas protegidas, promover la pesca responsable y reducir la contaminación por plásticos o nutrientes. No se trata solo de conservar la naturaleza. Está en juego la “economía azul”, un motor del que dependen las comunidades costeras a través del turismo y la pesca.
Uruguay ante una oportunidad estratégica
La sostenibilidad del océano no es solo un problema técnico. Es, ante todo, una cuestión social y política. En este punto, Uruguay tiene una oportunidad estratégica. El nuevo Instituto de Ciencias Oceánicas puede ser un centro de conocimiento y un espacio para construir decisiones sólidas. Estas deben ser transparentes y socialmente legítimas. Hay un aspecto clave que no podemos olvidar: ninguna idea de sostenibilidad será efectiva sin el apoyo de la sociedad.
Esto implica ampliar el debate público. La protección del mar no puede quedar limitada a los expertos. Requiere una sociedad informada y activa. Debemos discutir las regulaciones, pero también nuestros estilos de vida, el consumo y los modelos de desarrollo.
Por otro lado, nuevos usos del mar —como las energías renovables marinas— abren oportunidades y riesgos. La transición energética es indispensable. Sin embargo, debe avanzar dentro de los límites ecológicos. Es vital respetar la capacidad de carga de los sistemas para no dañar las funciones naturales que sostienen el clima.

Conclusión
Pensar la sostenibilidad del océano en Uruguay implica mucho más que conservar recursos. Supone reconocer su papel central en el sistema climático, asumir la incertidumbre como parte del proceso de decisión y construir respuestas colectivas frente a desafíos globales. El océano ha sido durante siglos un horizonte; hoy es también un termómetro y un aliado decisivo para nuestro futuro. Cuidarlo ya no es una opción: es una condición para la vida tal como la conocemos.
Fuentes y Referencias Científicas
- IPCC (2021–2023). Sixth Assessment Report (AR6). ipcc.ch
- IPBES (2019). Global Assessment Report on Biodiversity and Ecosystem Services. ipbes.net
- NOAA (2023). Ocean Heat Content Indicators. noaa.gov
- UNESCO IOC (2021). Global Ocean Science Report. ioc.unesco.org
- United Nations (2015). Sustainable Development Goal 14. sdgs.un.org
- FAO (2022). SOFIA Report. fao.org
- UNEP (2023). Marine Pollution Report. unep.org
- World Bank (2017). The Blue Economy Report. worldbank.org
Publicado en Ambienta (En línea) | ISSN 2982-446X | Registro de Publicaciones Seriadas de la Biblioteca Nacional de Uruguay.


