Imagina que tu casa se está incendiando y, en lugar de acordar apagar el fuego, los vecinos se reúnen para hablar de cómo comprar mejores extintores en el futuro. Eso, en esencia, es lo que acaba de suceder en Belém, Brasil, donde se celebró la COP30, la cumbre de la ONU para hablar sobre la crisis climática. La reunión más importante del planeta sobre nuestro futuro terminó, una vez más, sin mencionar la palabra más crucial: adiós a los combustibles fósiles.
Hablamos del petróleo, el gas y el carbón. Son, sin discusión, la principal causa de que la Tierra se esté calentando. La ciencia ha sido clara: si no los abandonamos, no hay forma de detener el aumento de las temperaturas, las sequías extremas y las inundaciones que vemos cada año.
A pesar de celebrarse en el corazón de la Amazonía, el documento final de la cumbre simplemente decidió callar sobre este tema.

El tabú de las palabras prohibidas
¿Por qué es tan difícil nombrar a los culpables? Porque hay intereses multimillonarios en juego.
Desde hace más de 30 años que se celebran estas cumbres, existe un acuerdo tácito: los países pueden hablar de reducir los gases contaminantes (el humo que sale de las chimeneas), pero no de abandonar los combustibles que generan ese humo.
Esta omisión es una licencia para seguir extrayendo y quemando petróleo. La cumbre de 2023 en Dubái había sido la única excepción, logrando incluir la frase «dejar atrás los combustibles fósiles». Este año, ni siquiera eso. La COP30 se refirió a ese acuerdo anterior con un nombre críptico para evitar nombrar la palabra «fósiles». Es como si la diplomacia internacional prefiriera enfrentar un futuro en llamas antes que molestar a las grandes petroleras.
La ambigüedad del anfitrión de la COP30
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, intentó presionar. Pidió que la cumbre generara una «hoja de ruta» clara para abandonar los combustibles. Su esfuerzo es notable, pero su posición es incómoda: justo antes de la cita, su gobierno autorizó nuevas búsquedas de petróleo en una zona sensible del Amazonas.
Es un mensaje confuso: ¿Brasil quiere liderar la lucha climática o quiere seguir invirtiendo en la energía del pasado?
Al final, Lula y un grupo de 40 países frustrados tuvieron que anunciar que crearán su propia ruta de acción por fuera de la ONU. Esto confirma una triste realidad: el sistema oficial de conversaciones está paralizado por los países que más contaminan.
¿Qué logramos? Solo parches
¿El resultado? La cumbre solo logró dos cosas concretas:
- Más ayuda para «Adaptarse»: Se triplicará el dinero para ayudar a los países pobres a protegerse de las consecuencias climáticas. (Por ejemplo: construir barreras contra inundaciones y mejorar sistemas de riego). Esto es útil, pero es solo tratar los síntomas, no la enfermedad.
- Indicadores y Medidas: Se aprobaron nuevas maneras de medir el impacto del clima. Se podrá evaluar cómo estamos de estresados por el calor, la sequía y el aumento de enfermedades.
En resumen, la COP30 nos dijo que debemos medir mejor cuánto nos estamos ahogando. Nos dio un poco más de aire. Sin embargo, se negó a cerrar la llave que está inundando la casa.
Los ecologistas y los líderes de las comunidades indígenas lo han dicho claro: este acuerdo es un «retroceso». Organizaciones como Greenpeace Brasil calificaron la COP30 como un fracaso, señalando que no ofrece un mapa para abandonar los combustibles fósiles. Si las grandes potencias siguen priorizando sus ganancias sobre nuestro clima, no será posible salvar el planeta con estas cumbres.
El mensaje es directo. La próxima vez que sientas un calor insoportable o veas un desastre natural, recuerda esto: en Belém se tuvo la oportunidad de cortar la causa principal, pero se decidió no hacerlo. La presión debe venir ahora de nosotros, los ciudadanos. Debemos exigir a nuestros gobiernos que elijan el futuro, y no el petróleo.

