Un conjunto de 75 organizaciones sociales, ambientales, sindicales y comunitarias difundió un comunicado en el que expresan su “profunda preocupación y rechazo” ante la expansión forestal en Uruguay. Señalan que el gobierno pretende ampliar el área de monocultivos y flexibilizar los procesos de evaluación ambiental. El pronunciamiento surge tras las declaraciones del Secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, realizadas junto a la Sociedad de Productores Forestales.


El debate sobre el modelo forestal y las políticas públicas

Según el texto, Uruguay lleva más de 35 años de expansión continua de monocultivos de eucalipto y pino. Sin embargo, la promesa de empleo y desarrollo “no se refleja en los datos públicos”. Las organizaciones señalan que, pese a la instalación de tres plantas de celulosa y la forestación de 400.000 hectáreas adicionales en los últimos 17 años, “no han crecido los puestos de trabajo en la cadena forestal”. Remarcan que el 46% de los trabajadores del sector son informales. Solo el 9% son mujeres, lo que —según el comunicado— evidencia “una fuerte desigualdad estructural”.

El documento advierte además sobre los impactos territoriales del modelo forestal. La expansión de plantaciones, sostienen, ha desplazado a productores ganaderos y reducido el acceso al campo natural. Esto afecta el arraigo rural y debilita las redes comunitarias. “En las tierras forestadas no viven familias; son campos vacíos controlados por grandes empresas que concentran tierra como ningún otro rubro”, afirman.


Expansión forestal en Uruguay y sus impactos ambientales

En materia ambiental, se citan investigaciones de la Universidad de la República y estudios financiados por las propias empresas forestales. Estos trabajos muestran efectos significativos sobre el agua, los suelos y la biodiversidad. Entre los impactos se menciona la merma en la recarga de acuíferos, la acidificación y compactación del suelo.

Desembocadura del río Tacuarí en la laguna Merín, zona afectada por la expansión forestal en Uruguay.
La expansión forestal en Uruguay impacta la cuenca de la laguna Merín donde se registra alta contaminación
Foto de Eitan Abramovich Dialogue Earth

También, la pérdida de biodiversidad y el debilitamiento del sistema inmunológico de las abejas. Se alerta por el uso de plaguicidas prohibidos en la Unión Europea, como fipronil y paraquat, que afectan a la fauna nativa y contaminan cursos de agua utilizados por comunidades rurales y por OSE.

El comunicado también recoge denuncias recientes por incumplimientos ambientales en viveros y plantaciones. Además, derrames en plantas de celulosa. Los casos de Guichón, Vivero Santana, Puntas del Parao, Quebrada de los Cuervos, Isla Patrulla y Arroyo Negro son citados como ejemplos. Son irregularidades reiteradas que, según las organizaciones, se resuelven con “multas irrisorias” y sin procesos de restauración.


Marco legal, territorio y derechos vulnerados

Las organizaciones invocan además el marco legal vigente. Señalan que el Artículo 47 de la Constitución, la Ley 18.610 y el Acuerdo de Escazú establecen la participación ciudadana obligatoria en la gestión del agua y en las decisiones ambientales. “Quienes gobiernan están negando sistemáticamente la voluntad popular”, afirman.

El comunicado incorpora también una dimensión cultural y territorial. Denuncia la afectación de sitios arqueológicos y sagrados, y sostiene que el modelo forestal “profundiza la histórica negación de los pueblos originarios”.

El pronunciamiento concluye con un mensaje contundente: “No queremos ni una hectárea más forestada con monocultivos”. Las organizaciones reclaman un diálogo profundo sobre el modelo de desarrollo y proponen alternativas basadas en la distribución de la tierra, el arraigo rural, la desconcentración de la riqueza y el respeto a la naturaleza.



Share.

Periodista especializada en política ambiental. Cubre agendas climáticas y justicia ecológica con enfoque territorial.

Comments are closed.