En el límite entre Montevideo y Canelones, al noreste de Uruguay, resiste un ecosistema vital para el equilibrio ambiental metropolitano: los Bañados de Carrasco. Este sistema abarca entre 1.100 y 1.300 hectáreas directas en el corazón de una cuenca de 20.500 hectáreas. Hoy está en el centro de una fuerte controversia ambiental. La causa es un megaproyecto inmobiliario de 228 hectáreas que busca construir 3.000 viviendas, zonas comerciales y avenidas.
La iniciativa privada prevé urbanizar 120 hectáreas de suelo hoy clasificado como rural. A cambio, promete un «ecoparque lineal» perimetral de tres kilómetros. Sin embargo, la propuesta encendió las alarmas de científicos, docentes y vecinos. Todos advierten sobre un riesgo inminente: alterar de forma irreversible las funciones ecológicas e hidrológicas del área. De estas funciones dependen, directa o indirectamente, más de 256.000 personas.
¿Cómo funcionan los Bañados de Carrasco y por qué son clave?
Los humedales son ecosistemas de transición entre sistemas terrestres y acuáticos que actúan como verdaderos riñones y esponjas del planeta. En el caso de los Bañados de Carrasco, articulados por los arroyos Toledo y Manga y diversas cañadas afluentes, el territorio cumple tres roles socioambientales estratégicos.
Funciones ecosistémicas clave de los Bañados de Carrasco:
- Regulación hídrica y absorción: Amortigua y retiene el excedente de agua durante las grandes lluvias antes de su desembocadura en el arroyo Carrasco y el Río de la Plata.
- Secuestro de carbono y filtración: Absorbe gases de efecto invernadero y purifica de forma natural el agua de la cuenca.
- Corredor biológico internacional: Funciona como un refugio clave dentro del Atlas de las Rutas Migratorias de las Américas, alimentando y resguardando a aves de todo el continente.
Degradación histórica frente a una nueva amenaza
Lejos de ser un entorno virgen, los Bañados de Carrasco arrastran décadas de presión antrópica. Flanqueados por la usina de residuos de Felipe Cardoso, la cárcel de Punta de Rieles, zonas industriales y asentamientos informales, el ecosistema padece contaminación por vertidos, acumulación de plásticos y un progresivo aislamiento de la trama urbana.

El deterioro por plásticos y residuos en la cuenca ha llevado a implementar medidas paliativas como la instalación de biobardas en el arroyo Carrasco, aunque los especialistas advierten que estas barreras no reemplazan la función filtrante del humedal.
Frente a la propuesta empresarial de crear un «ecoparque lineal» como medida de mitigación, la comunidad científica es categórica: un parque perimetral o un conjunto de miradores decorativos no reemplaza la compleja dinámica hidrológica de un humedal activo, ni restituye la conectividad que rompe la infraestructura de hormigón.
“Si el bañado colapsa, los barrios se inundan”: las voces del territorio
El impacto de fragmentar este ecosistema no se limita a la pérdida de biodiversidad; implica un riesgo directo sobre las poblaciones humanas instaladas en las zonas bajas de la cuenca.
La advertencia de los educadores y la comunidad local apunta directamente a la vulnerabilidad social, como señala Mariela Delbono, docente de Geografía y referente del espacio socioeducativo Rincón del Bañado.
Si el bañado colapsa y no cumple con la función de esponja que tiene, los barrios de Manga y Punta de Rieles se inundan. El bañado absorbe el agua excedente, pero si se llena de basura no cumple con su función, y si lo disecamos tampoco.
En la misma línea, investigaciones del Programa Integral Metropolitano (PIM) detallan que al rellenar o impermeabilizar la zona media de la cuenca (cerca del arroyo Manga), el agua que ya no pueda infiltrarse en la tierra buscará salida hacia las zonas más bajas de Camino Carrasco y Paso Carrasco. Los mayores anegamientos recaerán sobre asentamientos como Nueva España, donde los vecinos ya sufren inundaciones recurrentes.
Por su parte, el Dr. Marcel Achkar, doctor en Ciencias Ambientales, enfatiza la dimensión regional del ecosistema al argumentar que la recuperación y restauración integral de este humedal debe ser asumida como una verdadera «causa metropolitana».
Desde la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU), expertos como Roberto Villamarzo cuestionan expandir la mancha urbana sobre suelo rural sensible. Su argumento es claro: la población del país no crece. Por eso, consideran prioritario consolidar y repoblar las zonas urbanas que ya tienen servicios e infraestructura. Esto evitaría fragmentar los últimos reservorios naturales del área metropolitana.
Giro oficial y la exigencia de estudios de cuenca
En noviembre de 2025, el Ministerio de Ambiente aprobó por decreto el listado de humedales de importancia ambiental para el país. Aunque los Bañados de Carrasco formaron parte de las audiencias públicas previas, quedaron fuera de la nómina final sin una explicación oficial inmediata. Esta omisión encendió las alarmas de las organizaciones territoriales.
Tras meses de reclamos, el panorama cambió a principios de agosto de 2026. El ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, anunció que el humedal será incorporado de forma definitiva al listado de áreas protegidas. Según la versión oficial, la exclusión temporal buscaba analizar en profundidad la interacción social de la zona, la presencia de asentamientos periféricos y los planes de las intendencias locales.
Pese a este anuncio, integrantes del Colectivo en Defensa de los Bañados de Carrasco, como Diana Pampillón, mantienen sus movilizaciones. La premisa de científicos y vecinos es clara: antes de aprobar cualquier megaproyecto o recalificar el suelo, es indispensable completar estudios hidrológicos y ambientales en toda la cuenca metropolitana. Solo así se garantizará una protección efectiva frente al riesgo hídrico.

