Era una tarde soleada y fría en San Carlos. Dentro del aula de tercer año del colegio Finin, las sillas formaban un círculo alrededor de un proyecto que ya había comenzado a crecer. Había viajado para encontrarme con escolares de entre ocho y nueve años que trabajaron a partir de una investigación publicada por Ambienta sobre la tala de ombúes en San Carlos, ocurrida en el Ecoparque de los Arroyos Maldonado y San Carlos.
Con libretas y lápices en la mano, esperaban el comienzo de la charla. La maestra Melanie Aizpurú organizaba las intervenciones porque todos querían contar algo al mismo tiempo.

De una ausencia en el territorio a un proyecto científico
El grupo preparaba “Árboles en alerta”, un proyecto para presentar en la Feria Departamental de Clubes de Ciencia. Su propuesta consistía en programar placas Micro:bit para construir un dispositivo capaz de emitir alertas ante vibraciones o movimientos anómalos en ejemplares nativos.
La idea había surgido durante una clase de Ciencias Naturales, después de leer la cobertura de Ambienta. El tema adquirió otra dimensión cuando visitaron el Ecoparque: los ombúes sobre los que habían leído ya no estaban. La tala había ocurrido en enero, durante las vacaciones escolares.
La ausencia que encontraron en el territorio se convirtió en el punto de partida de la investigación.
Con el acompañamiento de la docente de Tecnología, Florencia Rodríguez, los escolares comenzaron a programar las placas y a diseñar un prototipo que pudiera advertir sobre movimientos compatibles con una intervención en los ejemplares.
No se trataba solamente de construir un dispositivo. Primero debían comprender qué había ocurrido, por qué podía repetirse y qué problema buscaban ayudar a resolver.

El ombú que desafía las categorías
Durante el intercambio apareció un dato que cambió la conversación:
—Fantástico todo lo que me cuentan, pero el ombú no es un árbol como solemos imaginar.
Las miradas se concentraron de inmediato en la explicación.
Les conté que el ombú (Phytolacca dioica) no posee la madera típica de los árboles leñosos. Sus tejidos son blandos, esponjosos y capaces de almacenar grandes cantidades de agua. Por eso, aunque tiene tronco, copa y gran porte, suele describirse como un árbol herbáceo o una planta arborescente.
El dato se convirtió después en una de las principales curiosidades durante la presentación del proyecto.
“Ese dato los chicos lo comentaban ante el público y no sabés la cantidad de personas que decían «no puedo creer» o «qué interesante». Los chicos estaban muy entusiasmados”, contó posteriormente Melanie Aizpurú.
La sorpresa botánica no modificaba el problema que había dado origen a la investigación. Los ejemplares habían desaparecido del Ecoparque y el grupo quería comprender por qué.
Las fotografías que abrieron nuevas preguntas
En mi celular llevaba las fotografías tomadas durante la investigación periodística. Cuando las mostré, el círculo se desarmó: los escolares se levantaron de sus asientos y se acercaron a la pantalla.
—¿Quién los cortó?
—¿Por qué?
Eran preguntas breves, pero abrían asuntos más grandes: quién había tomado la decisión, qué controles existían y cómo podía protegerse el territorio.
Les expliqué cómo se había desarrollado la cobertura: la recepción de una pista, el trabajo de campo, el registro fotográfico y las consultas realizadas a vecinos y autoridades. Mientras escuchaban, tomaban apuntes, levantaban la mano y organizaban entre ellos los turnos para preguntar.
“Fue todo un desafío, porque la charla tenía que darle sentido a lo que estaban haciendo y que, a partir de la información, pudieran preguntarse: ¿por qué necesitamos este dispositivo?, ¿qué problema queremos ayudar a solucionar?”, reflexionó Melanie Aizpurú.
La noticia había dejado de ser únicamente un texto leído en clase. Ahora funcionaba como evidencia, contexto y punto de partida para nuevas preguntas.
El humedal como espacio de aprendizaje
La investigación también llevó al grupo fuera del aula.
Durante la visita al Ecoparque del Arroyo Maldonado, los escolares observaron las aves, identificaron diferentes tipos de suelo y estudiaron las características del humedal. La salida permitió relacionar lo aprendido en clase con un territorio concreto y con las transformaciones que habían motivado el proyecto.
“Lo que más nos gustó fue conocer más sobre los ombúes y descubrir que son muy importantes para nuestro ecosistema. También nos gustó que fuimos todos al Ecoparque, disfrutamos juntos, investigamos y creamos el proyecto para poder contarles a las demás personas por qué tenemos que cuidar los árboles”, recordó Manuela Clavijo, de nueve años.
Para su compañera Olivia de León, la experiencia dejó otra enseñanza:
“Lo que más me gustó de investigar sobre los ombúes fue conocer la importancia de cuidar esta hierba, aprender sobre el humedal y poder encontrar una solución al problema de la tala”.
El valor de la salida no estuvo únicamente en observar el lugar. Permitió que el grupo conectara la pérdida de los ejemplares con el suelo, el agua, las especies que habitan el humedal y las decisiones humanas que modifican el paisaje.
Del aula a la Feria Nacional
Antes de finalizar el encuentro, les entregué una taza de Ambienta con la ilustración del margay, un felino nativo amenazado. Fue una forma de reconocer el trabajo con el que habían convertido una noticia en preguntas, investigación y acción.
El 16 de setiembre, “Árboles en alerta” participó en la Feria Departamental de Clubes de Ciencia de Maldonado, dentro de la categoría Colibrí.
El jurado seleccionó el proyecto para representar al departamento en la instancia nacional.
“Sentí mucha alegría y una responsabilidad muy grande al saber que pasamos a las Nacionales”, contó Olivia.
Manuela también recordó el momento:
“Nos pone muy felices saber que nuestro trabajo fue elegido para representar a San Carlos y, en especial, a nuestro Colegio Finin, que tanto nos apoya. Estamos un poquito nerviosos, pero tenemos muchas ganas de ir, aprender y compartir nuestro proyecto con otros niños”.
La clasificación reconoció un proceso que había comenzado mucho antes de la feria: la lectura de una noticia, la formulación de preguntas, la salida al territorio, la programación del dispositivo y la capacidad de explicar el problema ante otras personas.

Cuando la información se convierte en acción
“Árboles en alerta” reúne ciencia, tecnología y educación ambiental, pero su punto de partida fue una ausencia.
Cuando los escolares llegaron al Ecoparque, los ombúes sobre los que habían leído ya no estaban. Meses después, ese vacío se había convertido en trabajo de campo, conocimiento sobre el humedal y un prototipo programado en equipo.
El dispositivo todavía forma parte de una experiencia escolar y no sustituye los controles, las decisiones públicas ni la protección efectiva de las especies nativas. Su valor está en otro lugar: demuestra qué puede ocurrir cuando una noticia no termina con su publicación.
En un aula de San Carlos, la información se convirtió en preguntas. Las preguntas condujeron al territorio. Y el territorio impulsó a un grupo de escolares a imaginar una respuesta propia.

