De la inspiración global a la militancia local

Bruno Rodríguez tiene 25 años, es estudiante de Ciencia Política en la UBA y coautor del libro La Generación Despierta. Su camino en el activismo comenzó seducido por el fenómeno global de Greta Thunberg, a quien conoció personalmente en Suecia. Sin embargo, su mayor aporte ha sido traducir esa urgencia europea al contexto rioplatense.

«Formo parte de una organización que nació al calor de las masivas manifestaciones juveniles de 2018 y 2019», comenta Bruno a Ambienta. Esa chispa internacional dio lugar en Argentina a Jóvenes por el Clima, la organización que hoy representa.


Justicia climática: Una deuda geopolítica

Para Rodríguez, el ambientalismo no puede separarse de la economía ni de la historia. Denuncia con firmeza la existencia de un «club de países ricos» cuya opulencia se sostiene gracias al subdesarrollo de otros países.

«Hay una profunda injusticia geopolítica: los países que menos contribuyeron a crear esta crisis son, contradictoriamente, los que más van a sufrir sus efectos. Argentina y la región forman parte de este club», sostiene.

Esta brecha se refleja incluso en los tratados internacionales. Bruno señala que existe una distancia significativa entre lo que se postula en el Acuerdo de París sobre descarbonización y lo que realmente sucede en el terreno.


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Ambientalismo con identidad regional

Uno de los puntos más fuertes de su pensamiento es la crítica a la importación de agendas del hemisferio norte. Según el activista, no se pueden aplicar las mismas demandas en Estocolmo que en el Cono Sur.

«No es lo mismo pensar un ambientalismo con las demandas de los jóvenes suecos, que pensar las problemáticas de los jóvenes de localidades como Paysandú, Montevideo o Buenos Aires«, afirma. Para él, hablar de ambiente es hablar de realidades socioeconómicas.

La «Violencia Ambiental» en la vida cotidiana

Bruno Rodríguez lleva el concepto de crisis climática a lo más crudo de la realidad social: “Violencia ambiental también es que haya familias que deben soportar olas de calor extremas viviendo en casillas, hacinados, con techos de chapa y paredes que se caen a pedazos”.

Ante esta situación, el activista propone dos caminos que deben converger:

  1. Incidencia Política: Sumarse a proyectos colectivos y maximizar los procesos de protesta social.
  2. Consumo Crítico: Adecuar estilos de vida, pero entendiendo la dimensión política del consumo. «Si aspiramos al estilo de vida del norteamericano promedio, necesitaríamos cinco planetas para satisfacer la demanda».

Un llamado a la acción colectiva

Rodríguez concluye que el desafío atraviesa la toma de conciencia individual pero, por sobre todo, requiere involucrarse en procesos de incidencia política que reclamen responsabilidades diferenciadas a nivel internacional. Construir este ambientalismo latinoamericano es, para él, la única forma de garantizar una transición justa para nuestra gente.

Bruno Rodríguez manifestándose por la justicia climática frente a la sede de la cumbre del clima de la ONU.
Bruno Rodríguez en acción el activismo como herramienta de incidencia ante los organismos internacionales
Foto Cortesía

Entrevista realizada por Redacción Ambienta. Versión actualizada en febrero de 2026.


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Fundador y Director de Ambienta. Periodista. Diplomado en Activismo y Política Socioambiental. Contacto: director@ambienta.uy

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