El concepto de «Uruguay Natural» se ha convertido en una marca país tan potente como, a menudo, incuestionada. Sin embargo, para Rodrigo Olano, ingeniero agrónomo y magíster en ciencias agrarias, esa etiqueta oculta una realidad compleja. Detrás del eslogan asoma la degradación silenciosa de nuestros biomas originales. Para el experto, existe una falta de coherencia preocupante entre el discurso verde y las decisiones productivas actuales.

Desde su proyecto Ilex Ecology, propone un ejercicio de honestidad territorial. Su enfoque no es meramente contemplativo. Busca «tender puentes» entre la producción y la conservación. En ese camino, defiende sistemas como la ganadería sobre pastizales naturales. Lo hace frente al avance de monocultivos y proyectos extractivos que amenazan la biodiversidad marítima y terrestre.

A pocos días de dictar su workshop «El Verdadero Uruguay Natural», el próximo 6 de mayo, Ambienta conversó con él sobre las contradicciones de nuestra matriz de desarrollo. En esta charla, Rodrigo Olano profundiza el impacto de la prospección sísmica en el Atlántico. También analiza por qué obras como la represa de Casupá podrían estar atacando el síntoma, pero no la enfermedad de nuestra crisis hídrica.


El Workshop y la propuesta de Ilex Ecology

¿Qué impulsó la creación de este workshop en este momento específico y por qué considerás necesaria esta propuesta ahora?

Rodrigo Olano: Desde Ilex venimos trabajando hace años en formación en ecología enfocada en Uruguay. En ese camino vimos algo claro: hay cada vez más información sobre temas ambientales, pero muchas veces falta entender las bases, y sin esa base es muy difícil pensar soluciones. Este workshop surge para eso: ordenar, simplificar y dar herramientas concretas a más personas. Además, llega en un momento clave: las presiones sobre el ambiente en Uruguay están aumentando, pero también por suerte crece el debate público. Y para que ese debate sea más sólido, necesitamos más gente con herramientas para entender y participar.

¿A quién está dirigida esta actividad y a quién buscás interpelar principalmente con este espacio?

RO: Está dirigida a cualquier persona interesada en entender mejor los temas ambientales en Uruguay. Nuestros públicos más frecuentes son amantes de la naturaleza y docentes, especialmente de biología. Pero el objetivo es más amplio: llegar a la mayor cantidad de gente posible. Porque los problemas ambientales nos atraviesan a todos, y cuanto más personas tengan herramientas para entenderlos, mejor va a ser la calidad del debate y de las decisiones.

¿Cuáles son los ejes metodológicos del 6 de mayo? ¿Se trata de un análisis técnico o de una invitación a cambiar la gestión del paisaje?

RO: El eje del workshop es dar herramientas para entender los problemas ambientales del país. Buscamos que las personas puedan participar del debate con más claridad. No es solo un análisis técnico. Se trata de traducir ese conocimiento a un lenguaje simple y aplicable.

También es una invitación a pensar el territorio de otra manera. Analizaremos cómo Uruguay puede ser más sostenible. Esto implica potenciar sectores con menor impacto y limitar aquellos con lógicas más extractivas. Y algo clave: no es una clase unidireccional. Es un espacio de intercambio y reflexión donde los participantes también aportan a la discusión.

Usar la palabra «Verdadero» es una declaración de principios. ¿Cuál es la mayor mentira que nos hemos creído sobre la naturaleza en Uruguay?

RO: Sin dudas, la mayor mentira es creernos el eslogan de “Uruguay Natural” sin cuestionarlo. Nuestro país tiene una riqueza natural enorme. Sin embargo, también enfrenta una pérdida acelerada de ecosistemas clave, como los pastizales.

Al mismo tiempo, avanzamos con decisiones como la exploración sísmica en el mar. Esto ocurre incluso después de expediciones como Uruguay Sub 200, que mostraron la enorme biodiversidad de nuestro mar. Estos hechos conviven con avances reales, como una matriz energética mayoritariamente renovable. Lo curioso es que fue impulsada por la misma fuerza política que hoy aprobó la exploración sísmica.

Entonces, existe una contradicción entre cómo nos mostramos y cómo usamos el territorio. El problema de fondo es estructural. Más allá de los gobiernos, el modelo de desarrollo sigue apoyándose fuertemente en la explotación de la naturaleza.

Rodrigo Olano durante una jornada de secado de yerba mate I Foto de Guillermo Schneider

Desafíos Ambientales y Modelo de Desarrollo

Has mantenido una postura muy firme contra la exploración de hidrocarburos en nuestro mar. ¿Qué riesgos ecológicos estructurales sentís que están siendo subestimados en los informes oficiales?

RO: Los informes de impacto ambiental pueden ser exhaustivos en lo técnico, pero el problema es estructural. Las medidas de mitigación suelen ser insuficientes frente a la complejidad del ecosistema marino. Además, se subestima algo clave: la limitada capacidad de control y monitoreo del Ministerio de Ambiente. Sin recursos, es difícil asegurar que esas medidas realmente se cumplan.

Por otro lado, se subestiman los principios ecológicos básicos. La evidencia científica muestra que la exploración sísmica afecta al plancton. Este organismo es la base de la red trófica marina. Alterar ese primer nivel puede generar efectos en cascada sobre peces, aves y mamíferos marinos. Es muy probable que el daño se extienda por toda la cadena biológica

En tus redes planteás «tender puentes entre producción y conservación». ¿Cómo se logra esto en un país con una presión extractiva tan alta sobre el suelo?

RO: Tender puentes entre producción y conservación implica ordenar prioridades. Esto significa limitar actividades de alto impacto, como la forestación o la agricultura extensiva. Al mismo tiempo, se deben fortalecer sistemas que ya conviven mejor con la biodiversidad. En Uruguay, la evidencia muestra que la ganadería sobre pastizales naturales tiene una de las menores huellas ambientales.

No es lo mismo un monocultivo que un sistema ganadero del este del país. El primero es un paisaje homogéneo. El segundo conserva la diversidad de plantas, fauna y aves. Además, la ganadería sostiene dos pilares fundamentales. Primero, la producción familiar, ya que el sector representa una parte muy importante de este rubro en el país. Segundo, protege servicios ecosistémicos clave como el agua y la salud del suelo. También resguarda la biodiversidad, incluidos los polinizadores que son esenciales para la producción.

Ante la vulnerabilidad hídrica del país y proyectos de infraestructura como la represa de Casupá, ¿cuál es tu visión sobre estas soluciones de ingeniería frente a la necesidad de proteger los ciclos naturales y biomas originales?

RO: Las sociedades enfrentamos impactos cada vez más fuertes del cambio climático. Un ejemplo claro fue la sequía de 2023, que comprometió el abastecimiento de agua en el área metropolitana. En ese contexto, buscar soluciones es urgente. Sin embargo, el problema radica en cómo se diseñan esas respuestas.

En el caso de Casupá, se plantea asegurar el agua inundando uno de los montes nativos mejor conservados de la cuenca del río Santa Lucía. Este ecosistema cumple un rol clave en la regulación hídrica y la biodiversidad. No tiene sentido resolver un problema de agua destruyendo parte del sistema natural que la sostiene. Las soluciones deben integrar la infraestructura con la protección de los ecosistemas. Solo así lograremos una verdadera seguridad hídrica a largo plazo.

Como profesional con formación de posgrado, ¿sentís que la formación técnica en Uruguay está hoy al servicio de la regeneración del territorio o sigue anclada en una visión de la naturaleza como simple recurso?

RO: En Uruguay hay una buena base de formación técnica y científica. El enfoque de desarrollo sostenible está cada vez más presente y ese es un avance real. Pero al mismo tiempo, muchos posgrados siguen funcionando en un plano muy teórico. Están desconectados de la realidad productiva, la gestión y la toma de decisiones. Esto hace que el conocimiento avance, pero en paralelo a los territorios.

Además, existe un problema de engranaje. No alcanza con formar técnicos con otra mirada si eso no se conecta con prioridades políticas claras. Hoy, los temas ambientales todavía no ocupan un lugar central en la agenda política, aunque ganan terreno en la agenda social. Entonces conviven tres realidades: una formación que avanza, políticas que no siempre acompañan y sectores productivos que operan bajo lógicas extractivas.

Retrato profesional de Rodrigo Olano, director de Ilex Ecology.
Rodrigo Olano I Foto de Cortesía

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Fundador y Director de Ambienta. Periodista. Diplomado en Activismo y Política Socioambiental. Contacto: director@ambienta.uy

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