Mathías Ferreira ha recorrido miles de kilómetros con una mochila y una máscara de gas en el rostro. No es solo un activista: es un símbolo de advertencia. Su misión va más allá de limpiar playas; busca cambiar la mentalidad de quienes las habitan y demostrar que cada acción cuenta en la lucha contra la contaminación.
La pandemia del Covid-19 dejó a Mathías sin trabajo, pero le despertó una certeza: la humanidad debía cambiar su relación con la naturaleza. Con una mochila, una máscara de gas y un propósito claro, inició una travesía que hoy suma más de 15.000 kilómetros y 600 playas limpias. Pero su misión va más allá de recoger residuos: busca generar una re-evolución ambiental, una transformación que nos lleve a coexistir con la naturaleza en equilibrio.
Nuestra re-evolución empieza con pequeñas acciones individuales”
Cada día de caminata trae nuevos retos. La falta de agua, la escasez de alimentos y la carga de residuos en playas donde ni siquiera hay basureros han puesto su resistencia a prueba. A veces, su mochila pesa 30 kilos y debe atravesar kilómetros hasta acantilados con residuos a cuestas.

Pero más allá del esfuerzo físico, lo que realmente lo marcó fue la indiferencia ante los crímenes ambientales que presenció en el nordeste de Brasil. La devastación del entorno y la ausencia de respuestas fortalecieron su compromiso: ser la voz de la naturaleza.
«Ver todo aquello y que nadie dijera nada me dio más fuerzas para seguir”
Mathías no solo recoge basura, sino que la transforma. Mediante un método mecánico y de fusión, selecciona plásticos recuperados de las playas y los convierte en tablas de handsurf, dándoles una nueva vida. A través de esta iniciativa, demuestra que la re-evolución ambiental es posible: transformar lo que contamina en un recurso útil.

«La transformación de residuos es posible. Lo que antes contaminaba ahora permite conectar con el océano”
Su máscara de gas de la Segunda Guerra Mundial se ha convertido en su símbolo de advertencia. Genera sorpresa, provoca reflexión, y no pasa desapercibida. Algunas personas lo ayudan, otras miran con desprecio. Pero el mensaje está ahí, en cada paso, en cada mirada que recibe.

«La gente consume lo que ve. Si camino 15.000 kilómetros con una máscara, es una alerta de que el problema es real”
Durante su paso por Uruguay, Mathías busca conectar con escuelas y compartir su experiencia. También quiere establecer contacto con el Ministerio de Ambiente, para aportar ideas innovadoras que puedan cambiar la gestión de residuos.
Su viaje continuará desde Buenos Aires hasta Comodoro Rivadavia, con el objetivo de alcanzar 25.000 kilómetros de limpieza y marcar un nuevo récord mundial. Mientras tanto, trabaja en la escritura de un libro sobre su activismo y busca una productora que pueda sumarse a la iniciativa de su documental: O Cazador de Plásticos.

Más allá de los kilómetros recorridos, su mensaje es claro: el cambio comienza en cada persona. Y en cada playa que deja más limpia, siembra la posibilidad de un futuro diferente.
Agradecemos a Mathias Ferreira por las fotografías que acompañan este artículo de Ambienta.

