Cada 11 de febrero es el Día Internacional de la Mujer y las Niñas en la Ciencia. Esta fecha es impulsada por Naciones Unidas y UNESCO. Su meta es mostrar las trabas que aún frenan a las mujeres en el área científica. En nuestro país, el análisis sobre la relación entre Mujer y Ciencia en Uruguay cobra especial relevancia. Esto sucede al observar cómo las investigadoras lideran la comprensión de los fenómenos ambientales más críticos.
En 2026, el lema global propone aprovechar las sinergias entre la IA, las STEM y el sistema financiero. Es un llamado a reducir la brecha digital. También busca asegurar que la innovación incorpore la perspectiva de género de forma estructural.
Aunque la presencia de mujeres en la ciencia creció en las últimas décadas, persisten brechas profundas. Estas diferencias comienzan en la educación primaria. Luego se extienden hasta los niveles más altos del sistema científico. Uruguay no es la excepción. Las científicas enfrentan desigualdades culturales y dificultades para acceder a cargos de decisión. Además, existe una distribución disciplinaria que reproduce patrones globales.
Aun así, el país cuenta con investigadoras que han consolidado líneas de trabajo fundamentales. Sus estudios permiten comprender fenómenos ambientales que afectan directamente la vida cotidiana. En este artículo de Ambienta, presentamos las reflexiones de la Dra. Carla Kruk y la Dra. PhD Madeleine Renom. Ellas son dos voces esenciales para proyectar un futuro sostenible.
Carla Kruk: «Es necesario poner la vida y la salud por encima de la exportación»
La Dra. Kruk, investigadora del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales (Udelar), vincula directamente la crisis ambiental con la vulnerabilidad social.
—Desde su experiencia, ¿cuál considera que es hoy el principal desafío ambiental que enfrenta Uruguay y qué rol debería tener la ciencia para abordarlo?
—Uno de los principales desafíos es la pérdida de calidad de los ciclos hidrosociales, especialmente en lo que respecta a la disponibilidad de agua segura para las personas más vulnerables: niñas, niños, mujeres y comunidades con menos recursos, muchas veces ubicadas en territorios ambientalmente sacrificados.
—¿Qué aprendizajes clave nos dejan las investigaciones sobre calidad del agua y floraciones de cianobacterias para mejorar la gestión de nuestros ecosistemas acuáticos?
—El agua y quienes dependen de ella nos necesitan. Requerimos ecosistemas cuidados. El uso intensivo del territorio está orientado a la producción para la exportación. Esta dinámica deteriora los ecosistemas, la calidad del agua y nuestra salud en todas sus dimensiones. Es necesario volver a colocar la vida y la salud por encima de la exportación de materias primas. Ese modelo solo conduce a la destrucción. Existen alternativas viables para producir de manera sana y cuidando la naturaleza. Debemos defenderlas y sostenerlas desde la ciencia para asegurar el futuro de la gestión hídrica en Uruguay.
—¿Qué mensaje le gustaría transmitir a las niñas y jóvenes que sienten curiosidad por la ciencia y podrían imaginarse un futuro en este camino?
—Les diría que existen muchas ciencias y muchas formas de hacer ciencia. Que el trabajo en grupo, más que la competencia, es lo que realmente permite disfrutar del camino. Es posible hacer ciencia en Uruguay y en la región, y es necesario hacerlo desde miradas latinoamericanas, locales y diversas, para contribuir a resolver problemáticas que también son locales y latinoamericanas.
Madeleine Renom: «Lo ambiental no pertenece a una sola ciencia, es una interdisciplina»
La Dra. Renom, meteoróloga y presidenta del Inumet, pone el foco en la necesidad de robustecer el vínculo entre el conocimiento técnico y la toma de decisiones políticas.
—Desde su experiencia, ¿cuál considera que es hoy el principal desafío ambiental que enfrenta Uruguay y qué rol debería tener la ciencia para abordarlo?
—Estamos bien encaminados. Sin embargo, aún falta fortalecer el vínculo entre la ciencia y las políticas públicas. Es necesario trabajar más en conjunto para diseñar políticas basadas en evidencia. También debemos generar consensos a partir del conocimiento disponible. La ciencia ambiental en Uruguay es diversa y sólida. A pesar de esto, necesitamos más trabajo interdisciplinario. Lo ambiental no pertenece a una sola ciencia, sino que es una interdisciplina en sí misma. También hay un desafío importante en la zona marino‑costera. Esta área ha quedado algo rezagada y requiere más atención.
—¿Cómo observa la evolución de los eventos climáticos extremos en Uruguay y qué aspectos considera prioritarios para fortalecer la adaptación y la comunicación del riesgo?
—Muchos eventos extremos aumentaron su frecuencia por el cambio climático. Otros no son atribuibles directamente, pero generan impactos significativos. Hoy enfrentamos dos grandes desafíos: por un lado, la necesidad de mejorar la comunicación del riesgo en un contexto donde la tecnología y los medios amplifican la percepción de los eventos; por otro, la importancia de coordinar mejor entre instituciones para minimizar impactos.
La comunicación como herramienta de adaptación
La comunicación debe ser clara y coherente. Cuando distintos actores transmiten información contradictoria se genera confusión. En ese caso, la ciudadanía no sabe cómo actuar. La preparación para minimizar riesgos debe hacerse antes del evento y no durante el mismo. También es clave comprender que un mismo evento puede afectar de manera distinta a diferentes sectores. Lo que para algunos es un problema, para otros puede ser un alivio. Esto ocurre, por ejemplo, con las lluvias en contextos de déficit hídrico. Una mirada integradora y coordinada es esencial para fortalecer la adaptación.
—¿Qué mensaje le gustaría transmitir a las niñas y jóvenes que sienten curiosidad por la ciencia y podrían imaginarse un futuro en este camino?
—Las alentaría a dedicarse a la ciencia. En áreas como matemáticas, física o meteorología todavía existe un rezago mundial en la participación de mujeres. Esto se debe a estereotipos que debemos seguir rompiendo. La ciencia es un desafío continuo, dinámico y enriquecedor. Implica estudiar siempre y escuchar a los demás. También requiere aprender de otras disciplinas y trabajar en conjunto. Uruguay necesita más personas dedicadas a la ciencia. Especialmente, necesitamos más mujeres. Es fundamental fomentar las ciencias desde la escuela. Debemos transmitir que es posible y que se logra. Es una experiencia profundamente enriquecedora.
Hacia una ciencia más justa
Las reflexiones de Renom y Kruk convergen en un punto clave. El futuro de Uruguay depende de una ciencia integrada, diversa y libre de barreras. Sus aportes no solo buscan entender el clima o el agua. Su objetivo es construir una sociedad donde las niñas de hoy lideren las soluciones ambientales del mañana.

