La ciencia uruguaya perdió este jueves 5 de noviembre a uno de sus investigadores más destacados. Gonzalo Moratorio, virólogo, docente y referente internacional, murió a los 44 años después de atravesar una enfermedad que había hecho pública en 2025.
Su nombre quedó asociado a la respuesta de Uruguay ante la pandemia de covid-19, cuando el país necesitaba ampliar con rapidez su capacidad de diagnóstico. Sin embargo, su legado no se limita a aquella emergencia. Su trayectoria mostró qué puede ocurrir cuando la formación pública, la investigación científica y la cooperación entre instituciones se convierten en respuestas concretas para la sociedad.
Durante la pandemia, Moratorio y la científica Pilar Moreno, junto con sus respectivos equipos del Institut Pasteur de Montevideo y del Laboratorio de Virología Molecular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, contribuyeron al desarrollo de pruebas nacionales para detectar el SARS-CoV-2. El trabajo fortaleció la capacidad diagnóstica y la autonomía de Uruguay en un momento de incertidumbre y dificultades globales para acceder a insumos sanitarios.
No fue solamente una innovación de laboratorio. Fue la demostración de que el conocimiento acumulado durante años puede transformarse, cuando llega una crisis, en una herramienta para proteger a la población.
La ciencia uruguaya ante la pandemia
Cuando aparecieron los primeros casos de covid-19, Moratorio estaba comenzando a desarrollar el Laboratorio de Evolución Experimental de Virus del Institut Pasteur de Montevideo. La emergencia alteró esos planes y llevó al equipo a concentrar sus esfuerzos en la respuesta sanitaria.
En una entrevista publicada años después por el instituto, el investigador recordó que destinó recursos de proyectos científicos a adquirir los materiales necesarios para comenzar a desarrollar el kit diagnóstico junto con Pilar Moreno y el resto del equipo. También destacó la colaboración entre el Institut Pasteur de Montevideo y la Facultad de Ciencias como una condición fundamental para avanzar.
Aquella respuesta no surgió de la improvisación ni del esfuerzo aislado de una persona. Fue posible por la formación previa de los investigadores, la infraestructura disponible y la capacidad de distintas instituciones para trabajar juntas ante una necesidad nacional.
En diciembre de 2020, la revista Nature incluyó a Gonzalo Moratorio entre las diez personas que habían desempeñado un papel relevante en la ciencia durante ese año. La distinción dio visibilidad internacional a su trabajo, pero también al esfuerzo de los equipos que permitieron desarrollar herramientas propias de diagnóstico y consolidar una red nacional de laboratorios.
Una trayectoria construida desde la educación pública
Moratorio realizó su formación de grado y posgrado en la Universidad de la República. Obtuvo la Licenciatura en Ciencias Biológicas, una maestría y un doctorado en Biología Celular y Molecular. Su doctorado se desarrolló en colaboración entre la universidad, el Institut Pasteur de Montevideo y la Universidad de California en San Francisco. Más tarde realizó una etapa posdoctoral en el Institut Pasteur de París, entre 2012 y 2018.
Después regresó a Uruguay para continuar su trabajo como investigador y docente. Sus estudios se concentraron en la virología molecular y la evolución experimental de los virus, particularmente en los mecanismos que permiten a los virus de ARN generar y tolerar mutaciones.
Su recorrido no se agotó en la producción de conocimiento ni en el reconocimiento internacional. También estuvo marcado por la formación de jóvenes investigadores, el desarrollo de equipos locales y la colaboración entre instituciones.
La Facultad de Ciencias destacó, al despedirlo, su contribución a la formación de nuevas generaciones y su compromiso con la investigación y el fortalecimiento de la cooperación científica.
Un legado necesariamente colectivo
La visibilidad alcanzada durante la pandemia convirtió a Moratorio en una de las figuras más reconocidas de la ciencia uruguaya. Recordar su aporte, sin embargo, también implica evitar una narración basada exclusivamente en el héroe individual.

Pilar Moreno y Gonzalo Moratorio. Ambos lideraron equipos científicos que contribuyeron al desarrollo de pruebas nacionales para diagnosticar el covid-19. Foto: Institut Pasteur de Montevideo.
El desarrollo de los test nacionales fue el resultado de un trabajo compartido. Participaron Pilar Moreno, investigadores de diferentes disciplinas, técnicos, estudiantes e instituciones que aportaron conocimientos, instalaciones y recursos.
El propio Moratorio reconoció esa dimensión colectiva. Al ser homenajeado junto con Pilar Moreno por la Junta Departamental de Montevideo, agradeció a sus colegas y a los equipos que habían participado en el trabajo. En aquella instancia sostuvo que la ciencia podía hacer mucho más de lo que había hecho durante la pandemia y que debía atravesar las distintas actividades de la sociedad.
Esa convicción ayuda a comprender el valor político y social de su trayectoria. La ciencia no se construye únicamente mediante talentos individuales o hallazgos excepcionales. Necesita comunidades de trabajo, educación, inversión, infraestructura y continuidad.
Conocimiento al servicio de la sociedad
La muerte de Gonzalo Moratorio deja una ausencia profunda en la comunidad científica uruguaya. También obliga a mirar más allá de los reconocimientos y preguntarse qué condiciones hicieron posible su trabajo y cuáles necesita Uruguay para que ese legado continúe.
Durante la pandemia, el país comprobó que contar con investigadores, laboratorios e instituciones propias no constituye un lujo. Es una capacidad estratégica frente a amenazas que pueden afectar la salud y alterar la vida de toda una sociedad.
Gonzalo Moratorio ayudó a hacer visible esa realidad. Su trayectoria demostró que desde Uruguay se puede producir conocimiento con impacto internacional, formar nuevas generaciones y contribuir a responder ante una crisis global.
Su legado permanece en las herramientas que ayudó a desarrollar, en los equipos que integró y en las instituciones que contribuyó a fortalecer. Pero también permanece en una enseñanza que el país no debería olvidar: la ciencia alcanza su dimensión más valiosa cuando el conocimiento se convierte en una respuesta colectiva.

