Cuando Emanuel Machín conversó con Yamandú Orsi sobre la propuesta para declarar área protegida al paraje Margat, Orsi se desempeñaba como intendente de Canelones. Años después, con Orsi al frente de la Presidencia de la República, el biólogo decidió retomar aquella conversación pendiente para transformarla en el punto de partida de una discusión de alcance nacional: qué modelo de desarrollo orienta las decisiones de Uruguay sobre su territorio.
«Hay decisiones que, con el tiempo, adquieren una dimensión que no tenían cuando fueron tomadas. Y hay otras que, precisamente porque se postergaron, terminan convirtiéndose en una pregunta que vuelve una y otra vez», señala Machín en una carta abierta fechada el 20 de octubre. «Margat es una de ellas».
Aunque recuerda que en su momento ambos coincidieron en la relevancia de proteger la zona, postura que Orsi expresó públicamente en la sala Lumière de Canelones, Machín aclara que su objetivo actual no es detenerse en el episodio local, sino interpelar el rumbo general de la política ambiental del Poder Ejecutivo.
La economía sobre los límites
Para Machín, el problema estructural radica en el orden con el que se adoptan las decisiones sobre el desarrollo del país. En primer lugar, se define qué producir, cuánto crecer, qué infraestructura construir, qué recursos extraer y qué inversiones atraer. Recién en una etapa posterior se evalúan e intentan mitigar las consecuencias ambientales.
«Durante mucho tiempo hemos intentado incorporar el ambiente a un modelo de desarrollo que sigue funcionando bajo la misma lógica», afirma el autor. Desde su perspectiva, reducir la política ambiental a la tarea de administrar o disminuir daños consumados esquiva la discusión política de fondo: si el modelo de crecimiento económico continuo es compatible con los límites físicos, ecológicos y biológicos del país.
«No todo territorio puede ser transformado, no todo recurso está disponible ni toda inversión representa progreso», argumenta, al señalar que existen ecosistemas que sostienen la vida colectiva y que deberían quedar fuera de la lógica de explotación.
Los casos que Machín pone bajo debate
Para mostrar cómo esta subordinación de lo ambiental a lo económico atraviesa las decisiones de gobierno, la carta repasa una serie de proyectos e iniciativas en distintas regiones del país.
Presión sobre el suelo y la costa
La carta cuestiona el impulso a un aeropuerto internacional entre las lagunas de Garzón y Rocha, así como el avance de proyectos inmobiliarios sobre los Bañados de Carrasco, reguladores clave del sistema hídrico metropolitano.

En este último punto, Machín contrapone el respaldo público dado a desarrolladores inmobiliarios —citando la frase «No aflojen, cuentan con nosotros», pronunciada por Orsi en la inauguración de Cala del Yacht— con la falta de una determinación equivalente para preservar ecosistemas irremplazables.
También advierte sobre la pérdida de espacios naturales por la presión urbana en Marindia, Médanos de Solymar, Colonia y el Parque Roosevelt.
Energía y grandes inversiones
La carta analiza la instalación del centro de datos de Google en Canelones y recuerda que su condición de proyecto tecnológico no lo exime de requerimientos de agua y energía.
Paralelamente, señala la contradicción de mantener la exploración de hidrocarburos en la plataforma marítima mientras el país habla de transición energética.
Machín también cuestiona si los proyectos de hidrógeno verde y e-combustibles orientados a mercados externos respetan los límites ecológicos locales.
Agua, producción e infraestructura
En relación con la expansión forestal en el norte, Machín cita un análisis del sociólogo Daniel Pena que registra una pérdida de empleos en el conjunto de la cadena entre 2007 y 2019.
El biólogo también alerta sobre la sustitución de actividades como la ganadería, la lechería y la agricultura, además de los impactos sobre los pastizales naturales, la biodiversidad y los recursos hídricos.
En el caso del proyecto Casupá, sostiene que la infraestructura no sustituye la necesidad de revisar las causas de fondo de la vulnerabilidad hídrica, como el modelo productivo, el uso del suelo, los productos tóxicos y las presiones sobre las cuencas.
Finalmente, advierte que el desarrollo de la red vial no solo fragmenta hábitats y genera el atropellamiento de fauna, sino que también induce transformaciones territoriales profundas.
Proteger antes de que haya que reparar
El documento concluye con una advertencia sobre la dimensión social de la crisis ecológica. Machín sostiene que el deterioro ambiental perjudica directamente a los sectores más vulnerables y profundiza la desigualdad cuando los beneficios económicos se concentran y los costes ambientales se distribuyen entre toda la sociedad.
Al retornar a la propuesta de Margat, Machín la plantea como un símbolo de la oportunidad que aún tiene el gobierno para cambiar de rumbo: «Reconocer valor antes de que aparezca el precio, proteger antes de que haya que reparar y pensar en décadas, no solamente en períodos de gobierno».
«Gobernar no es solamente decidir qué país queremos construir, sino también qué estamos dispuestos a preservar para que ese país siga siendo habitable para quienes vendrán después», concluye la misiva.
Podés leer la carta completa enviada por Emanuel Machín al presidente Yamandú Orsi:

