La campaña «Remar Contracorriente» se consolida como un frente regional en defensa de la soberanía de los ríos y cuencas del continente. Con el impulso de más de 180 organizaciones a nivel latinoamericano, Uruguay reafirma su compromiso histórico protegiendo sus humedales y recursos hídricos frente a las crecientes amenazas de privatización y contaminación.
Un frente regional contra la degradación hídrica
Más de un centenar de colectivos de América Latina y el Caribe alzaron la voz para frenar la pérdida de control sobre los bienes comunes a través de la iniciativa Remar Contracorriente. El foco principal de alerta se sitúa en la Hidrovía Paraná-Paraguay, donde los planes de reprivatización y dragado a 44 pies amenazan con destruir humedales críticos y desplazar a las comunidades ribereñas.
Esta movilización regional, que tuvo a Argentina como principal impulsor, conectó a poblaciones desde Formosa hasta Rosario, culminando en acciones globales por el Día Mundial del Agua.

Uruguay: De la vanguardia constitucional a la resistencia territorial
Aunque Uruguay fue pionero al reconocer el agua como recurso esencial en su Constitución (2004), las organizaciones socioambientales denuncian una vulneración sistemática de estos principios. Actualmente, el territorio enfrenta tres frentes de conflicto principales:
| Amenaza Identificada | Impacto Previsto |
| Proyecto Arazatí | Cuestionado por su gestión y sostenibilidad bajo la administración anterior. |
| Plantas de Hidrógeno Verde | Presión sobre las reservas de agua dulce para fines industriales. |
| Infraestructura en Humedales | Destrucción de ecosistemas clave para la purificación natural del agua. |
El grito del Santa Lucía: «El agua no se vende»
En el ámbito local, el Centro de Interpretación de los Humedales del Santa Lucía (Santiago Vázquez) fue el epicentro de la resistencia. Colectivos como Mujeres del Río han liderado jornadas de concientización mediante el arte y la poesía, recordándole al Estado su deber de salvaguardar el acceso al agua como un derecho humano inalienable.

La consigna es clara: el modelo productivo actual a menudo ignora las necesidades de pescadores, pequeños productores y habitantes costeros. Para estos movimientos, la riqueza hídrica del país no es una mercancía para el lucro, sino un legado para las generaciones futuras.

