Los océanos cubren el 71% de la superficie terrestre y absorben la mayor parte del exceso de calor atrapado en la atmósfera. Sin embargo, los efectos del cambio climático en el Pacífico se manifiestan a un ritmo considerablemente superior al resto del planeta. Por ejemplo, desde 1980, la temperatura de la superficie marina en esta región ha subido tres veces más rápido que el promedio global.
Durante el Foro de las Islas del Pacífico celebrado en Tonga, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, lanzó una advertencia categórica sobre la aceleración del fenómeno. En efecto, la quema de combustibles fósiles continúa elevando la temperatura de las aguas continentales e insulares. Por consiguiente, se multiplica la frecuencia e intensidad de las olas de calor marinas.
Avance del agua y disparidad regional
El informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) revela que el ascenso del nivel del mar en el Pacífico no ocurre de manera uniforme. De hecho, las mediciones satelitales obtenidas entre 1993 y 2023 registran un aumento acelerado en la cuenca tropical:
- Pacífico Tropical Occidental: Registra un incremento acumulado de entre 10 y 15 centímetros, casi el doble de la tasa promedio mundial.
- Pacífico Tropical Central: Presenta una subida de entre 5 y 10 centímetros durante el mismo período.
- Suroeste del Pacífico (Nueva Zelanda): Muestra un ascenso medio de 4,1 milímetros por año, superando la media global.

El avance continuo del océano impacta de forma directa sobre la infraestructura costera, las fuentes de agua dulce y la economía azul. En consecuencia, sectores clave como la pesca artesanal y el turismo insular sufren pérdidas progresivas que condicionan el sustento de millones de habitantes.
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Agua ácida y olas de calor: la amenaza invisible
El aumento de la temperatura no es el único factor de estrés en el ecosistema marino. Los océanos han absorbido cerca del 25% de las emisiones antrópicas de dióxido de carbono (CO2), lo que provocó un incremento del 12% en la acidificación del agua en las últimas cuatro décadas.
Esta alteración química perjudica la capacidad de calcificación de corales y moluscos, comprometiendo la base de la red trófica. Además, los análisis del ecosistema confirman reducciones significativas en el tamaño del fitoplancton y en los niveles de clorofila superficial desde finales de la década de 1990.
A su vez, las olas de calor marinas se han vuelto más prolongadas. Por ejemplo, episodios que antes duraban cinco días se extienden ahora por más de tres semanas, provocando el blanqueamiento masivo de los arrecifes de coral.

Naciones insulares al borde del colapso
El Reino de Tonga y los estados insulares vecinos ejemplifican la exposición crítica ante la crisis ambiental. A la subida del nivel del mar y los ciclones recurrentes se suman eventos geológicos extremos, como la erupción volcánica de 2022 en Tonga, que inyectó masivas cantidades de vapor de agua en la atmósfera y desestabilizó el microclima local.
La comunidad científica y los organismos internacionales coinciden en que la escala de los impactos futuros dependerá de las decisiones energéticas de esta década. Frenar la degradación de los ecosistemas marinos requiere una reducción drástica y sostenida de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

