Las tortugas marinas han navegado los océanos por más de 100 millones de años. Hoy, lejos de ser solo un símbolo de la biodiversidad, la ciencia demuestra su valor real. Su conservación es un factor estratégico para el equilibrio de las praderas marinas. También lo es para la resiliencia de los sumideros de carbono costeros.
Cada 16 de junio se conmemora el Día Mundial de las Tortugas Marinas. Actualmente existen siete especies en el planeta. De ellas, cinco eligen las aguas del territorio marítimo uruguayo como una zona crítica de alimentación y desarrollo subadulto.
Estas son la tortuga Verde, la Cabezona, la Siete Quillas, la Carey y la Olivo. Sus extensos ciclos migratorios demuestran la resistencia evolutiva de estos reptiles. Sin embargo, también exponen la vulnerabilidad de sus rutas frente a la pesca incidental y la crisis del plástico en la región.
Ingenieras de los sumideros de carbono
La presencia de estos reptiles en el ecosistema costero no es un hecho aislado. Las tortugas verdes (Chelonia mydas), por ejemplo, actúan como verdaderas ingenieras ambientales. Su rol principal es gestionar las praderas de pastos marinos. Al pastorear de manera constante, mantienen la salud de los sedimentos. También promueven la estabilidad de estos ecosistemas, los cuales funcionan como captadores críticos de CO2.
Sin la función biológica de estos animales, los fondos marinos cambiarían drásticamente. Perderían su capacidad de regeneración y su resiliencia frente al calentamiento global. Como consecuencia, se aceleraría la degradación de los recursos pesqueros en toda la región.

El impacto antrópico en la costa uruguaya
Pese a su longevidad evolutiva, las poblaciones que transitan por el Atlántico Sur enfrentan un escenario crítico. Las amenazas antrópicas combinan múltiples factores de riesgo. La contaminación por plásticos en zonas turísticas y los residuos urbanos representan un peligro sistemático. Los ejemplares suelen ingerir estos desechos al confundirlos con medusas, su principal fuente de alimento. Esto provoca bloqueos digestivos letales.
A la situación se suma la presión de las actividades pesqueras. La captura incidental en redes industriales y artesanales sigue bajo monitoreo constante. Sin embargo, estudios recientes alertan sobre el impacto directo de la pesca deportiva en áreas rocosas. En estas zonas, las tanzas plásticas abandonadas se convierten en trampas de asfixia letales para los ejemplares juveniles.
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Ley, ciencia y el rol de Karumbé en el país
Frente a esta crisis silenciosa, Uruguay cuenta con herramientas jurídicas específicas. Un ejemplo es el Decreto N° 144/998. Esta norma protege a la especie de forma clara en jurisdicción nacional. Para ello, prohíbe la captura, la comercialización y la afectación de su hábitat.
Sin embargo, el brazo ejecutor en el territorio ha sido la sociedad civil organizada. Desde 1999, el Centro de Investigación y Conservación Marina Karumbé lidera las acciones de monitoreo. La organización también impulsa la ciencia comunitaria y la asistencia sanitaria en las costas del país.
Con más de 800 ejemplares rescatados y una sólida producción de trabajos científicos, su impacto es innegable. Su labor logró posicionar a Uruguay como un nodo clave en la red global de protección de la biodiversidad marina en el Atlántico Sur.

