Un residuo generado durante el tratamiento de agua puede sustituir parte de las materias primas utilizadas para fabricar productos cerámicos. Los restos de la actividad forestal pueden convertirse en combustible para el transporte industrial. Y la vulnerabilidad de las aguas subterráneas puede estudiarse integrando geología, salud y participación comunitaria.

Los tres proyectos parten de problemas diferentes, pero conducen hacia una misma cuestión: demostrar que una tecnología funciona o que una metodología es adecuada representa apenas el comienzo. Para producir una transformación ambiental también es necesario conocer su escala, evaluar su viabilidad económica, comprender las características del territorio e incorporar a las personas que lo habitan.

Estas investigaciones serán presentadas en Ingeniería deMuestra 2026. La feria científico-tecnológica organizada por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República y la Fundación Julio Ricaldoni. El encuentro se realizará el viernes 16 y el sábado 17 de octubre en el predio de la Facultad de Ingeniería, en Montevideo, con entrada libre y gratuita.

Bajo la consigna “Derribemos estereotipos de género”, la edición de este año reunirá investigaciones, desarrollos tecnológicos, charlas y experiencias interactivas. Los stands podrán recorrerse entre las 17.00 y las 20.00 durante ambas jornadas.

Entre la variedad de propuestas, tres investigaciones permiten observar cómo la ingeniería ambiental en Uruguay intenta responder a desafíos que cruzan la producción industrial, la energía y la conservación del agua.

Cuando un residuo deja de ser solamente un desecho

El tratamiento de agua bruta en la planta de celulosa de UPM ubicada en Fray Bentos deja un subproducto: lodo de tratamiento de agua. Como ocurre con numerosos residuos industriales, su disposición final plantea un desafío: qué hacer con un material que queda fuera del proceso productivo original.

Una investigación del Instituto de Ensayo de Materiales de la Facultad de Ingeniería estudia una alternativa. Entre 2019 y 2021, el equipo evaluó la incorporación de estos lodos en distintos materiales para la construcción y comprobó que podían utilizarse como sustitución parcial de materias primas en la fabricación de cerámicos rojos.

El resultado supone un cambio en la forma de mirar el residuo. El lodo ya no aparece únicamente como un material que debe eliminarse, sino como un posible insumo para otra actividad productiva, bajo los principios de la economía circular.

El desafío de producir a escala industrial

Entre 2025 y 2026 comenzaron nuevos estudios para determinar cómo influye la composición de la materia prima arcillosa en las propiedades físicas y mecánicas de los productos obtenidos. En los cerámicos analizados se sustituyó un 10 % del peso de la materia prima por lodo del tratamiento de agua.

Los ensayos evaluaron la consistencia del material en estado fresco, la retracción, la absorción de agua y la resistencia a compresión. La investigación apunta a generar conocimiento con vistas a una posible fabricación a escala industrial.

Ahí aparece el verdadero desafío. Probar que un residuo puede incorporarse a un producto no significa que ya exista una cadena industrial preparada para hacerlo. Entre el resultado de laboratorio y su aplicación intervienen la disponibilidad del material, la estabilidad de sus propiedades, la capacidad de producción y los controles que deberían acompañar el proceso.

El proyecto demuestra una posibilidad concreta. El siguiente paso será determinar en qué condiciones puede convertirse en una práctica industrial.

Residuos forestales para reducir el uso de combustibles fósiles

El segundo proyecto propone transformar residuos forestales en combustible renovable para el transporte industrial mediante una planta de gasificación y un sistema de logística asociado. El objetivo es disminuir el uso de combustibles fósiles.

La idea une dos problemas. La existencia de residuos generados por la actividad forestal y la necesidad de descarbonizar sectores industriales que todavía dependen de fuentes fósiles.

Sin embargo, disponer de biomasa residual y contar con una tecnología capaz de transformarla no garantiza por sí solo un balance ambiental favorable.

La propia denominación del proyecto incorpora una dimensión estratégica y tecnoeconómica. Esto supone estudiar no solamente la transformación del residuo, sino también las condiciones necesarias para que el sistema pueda funcionar fuera de la etapa experimental.

La cantidad, ubicación y disponibilidad de los restos forestales forman parte de esa ecuación. También importan las distancias que sería necesario recorrer, la logística para transportar la materia prima y el combustible y su capacidad efectiva para sustituir fuentes fósiles en una actividad industrial.

El material proporcionado a Ambienta presenta la orientación general de la iniciativa, pero no especifica todavía la escala prevista, las características del combustible resultante, su aplicación industrial concreta ni la reducción potencial de emisiones. Esos datos serán necesarios para dimensionar el alcance ambiental del proyecto.

La propuesta abre, por tanto, una posibilidad relevante, pero también una pregunta: ¿en qué condiciones transformar un residuo forestal en combustible puede contribuir realmente a la descarbonización?

El agua subterránea también depende del territorio

El tercer proyecto cambia la escala de la mirada. Una investigación centrada en la cuenca del río Olimar busca comprender cómo las características naturales del territorio y las actividades que se desarrollan en él influyen en la conservación de las aguas subterráneas.

Río Olimar y su entorno natural, territorio estudiado por la ingeniería ambiental en Uruguay.
La investigación en la cuenca del río Olimar integra las características naturales del territorio con los usos del agua y la participación de las comunidades | Foto Ivo Bernal

El proyecto busca comprender cómo influyen esas condiciones en la conservación de las aguas subterráneas. Para ello, integra información sobre geología, hidrogeología, suelos, relieve y red hídrica con el análisis de la dimensión social.

La investigación parte de un trabajo anterior realizado a escala nacional sobre la vulnerabilidad, las amenazas y el riesgo de contaminación de los acuíferos de Uruguay. La nueva etapa se concentra en la cuenca del Olimar y utiliza el concepto de geodiversidad para reunir los diferentes componentes físicos del territorio.

La comunidad también participa en el estudio del agua

El proyecto incorpora análisis de calidad del agua, mapeo participativo e Investigación-Acción Participativa junto con la comunidad. El objetivo es reconocer cómo responde el territorio ante distintas perturbaciones e identificar las zonas más susceptibles al deterioro de la calidad del agua subterránea.

La participación social no aparece como un complemento añadido al final de la investigación. Forma parte de la construcción del conocimiento sobre la cuenca.

Quienes habitan el territorio conocen los usos del agua, los cambios registrados en el entorno y las actividades que pueden ejercer presión sobre el recurso. Integrar ese conocimiento con los estudios geológicos e hidrogeológicos permite ampliar la mirada. A su vez, evitar que la calidad del agua se reduzca exclusivamente a un conjunto de mediciones técnicas.

La investigación se integra a un proceso universitario interdisciplinario sobre agua y salud que considera las relaciones entre la salud humana, animal, vegetal, del suelo y de los ecosistemas. También articula investigación, docencia, extensión y participación de organizaciones de la sociedad civil.

En este caso, la principal innovación no consiste en convertir un residuo en un nuevo producto. Consiste en comprender que la conservación del agua depende tanto de las características físicas de una cuenca como de las decisiones, actividades y relaciones sociales que se desarrollan dentro de ella.

Tres proyectos en etapas diferentes

Cada investigación aborda un problema distinto y requiere sus propios criterios de evaluación. Una estudia la incorporación de un residuo industrial a productos cerámicos; otra analiza una alternativa energética basada en residuos forestales; y la tercera desarrolla una metodología para reconocer la vulnerabilidad de las aguas subterráneas desde una perspectiva natural y social.

Sin embargo, los tres permiten extraer una conclusión compartida: una respuesta técnica no produce de manera automática una transformación ambiental.

Un material puede mostrar resistencia suficiente en un ensayo y no llegar a fabricarse a escala industrial. Un residuo puede convertirse en combustible, pero su balance dependerá de la logística y de su capacidad real para sustituir fuentes fósiles. Un acuífero puede estudiarse con precisión, pero su protección también exige comprender cómo se habita y utiliza el territorio.

La ingeniería aporta herramientas para responder a estas preguntas, aunque sus resultados no existen fuera de la sociedad. Las tecnologías necesitan cadenas productivas capaces de adoptarlas, evaluaciones que permitan conocer sus impactos y decisiones públicas y privadas que definan cómo se aplicarán.

En el caso del agua, además, las comunidades dejan de ser simples receptoras de información y pasan a participar en la identificación de los problemas y en la construcción del conocimiento sobre el territorio.

Qué significa para Uruguay

Uruguay necesita reducir residuos, sustituir combustibles fósiles y conservar sus fuentes de agua. Estos objetivos suelen presentarse como desafíos separados, pero los proyectos reunidos en Ingeniería deMuestra muestran vínculos entre ellos.

La producción industrial genera materiales que pueden adquirir nuevos usos. La actividad forestal produce restos que podrían transformarse en fuentes energéticas. El estado de las aguas subterráneas depende de factores naturales, pero también de los modelos productivos y de las decisiones tomadas sobre cada territorio.

La transición ambiental no consiste, entonces, en encontrar una tecnología y reproducirla. Exige comprobar cómo funciona en condiciones reales, qué recursos necesita, qué impactos puede generar y quiénes intervienen en su implementación.

Ingeniería deMuestra 2026 permitirá conocer estas investigaciones y conversar con los equipos que las desarrollan, pero también entender qué avances han logrado, qué preguntas siguen abiertas y qué condiciones necesitan para trascender el ámbito experimental.

Datos de Ingeniería deMuestra 2026.

Se realizará el viernes 16 y el sábado 17 de octubre en la Facultad de Ingeniería, ubicada en Senda Nelson Landoni esquina Julio Herrera y Reissig, en Montevideo. Los stands estarán abiertos de 17.00 a 20.00 y la entrada será libre y gratuita. Consultá el programa de Ingeniería deMuestra 2026.

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Fundador y Director de Ambienta. Periodista. Diplomado en Activismo y Política Socioambiental. Contacto: director@ambienta.uy

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