La nueva encuesta nacional de percepción social del Ministerio de Ambiente confirma algo que ya se percibe en la vida cotidiana: el cambio climático en Uruguay dejó de ser una amenaza abstracta y se convirtió en una experiencia concreta para gran parte de la población.

Según el estudio, casi la mitad de las personas afirma que el cambio climático le afecta “mucho” o “bastante” en su vida diaria. Cuando se pregunta por eventos específicos ocurridos en los últimos años, las respuestas muestran la dimensión del fenómeno: el 70% vivió olas de calor, el 53% atravesó sequías, el 43% experimentó olas de frío y el 41% sufrió vientos fuertes o tornados.

La encuesta deja una conclusión clara: para la mayoría de las personas, el cambio climático ya no pertenece al futuro.

Uruguay ya siente el cambio climático

Los datos confirman que los eventos extremos forman parte de la experiencia reciente de una proporción significativa de la población.

Las olas de calor prolongadas, las sequías severas, los incendios forestales, los vientos intensos, los tornados y diversos episodios de inundación dejaron de ser percibidos como situaciones excepcionales. Hoy forman parte de la memoria colectiva de miles de personas.

Esa experiencia directa también influye en la forma en que la población entiende el problema. El cambio climático ya no se asocia únicamente a informes científicos o escenarios futuros: aparece vinculado a consecuencias concretas sobre la salud física y mental, la calidad de los alimentos y las condiciones de vida.

Lo que años atrás podía parecer un fenómeno distante hoy es reconocido como una realidad presente y visible en distintas regiones del país.

Vecinos recorren las calles de Dolores tras el tornado de 2016, uno de los eventos extremos asociados al cambio climático en Uruguay.
Vecinos recorren las calles de Dolores tras el tornado de 2016 uno de los eventos extremos que marcaron la percepción social del cambio climático en Uruguay | Foto de cortesía

Un país informado, pero con sensación de impotencia

La población uruguaya se siente relativamente informada sobre el cambio climático. El 46% declara estar muy o bastante informado sobre el tema y el 61% afirma escuchar o leer noticias relacionadas con el fenómeno al menos una vez por semana.

Sin embargo, una mayor exposición a la información no necesariamente se traduce en tranquilidad. La encuesta detecta un crecimiento de la sensación de impotencia frente al cambio climático, un sentimiento que aparece por encima de emociones como la tristeza, la ansiedad o el miedo.

Los datos revelan una paradoja cada vez más presente: la población comprende la gravedad del problema y reconoce que ya afecta su vida cotidiana, pero no siempre siente que disponga de herramientas reales para influir en su evolución

La mayoría reconoce la responsabilidad humana

Aunque el cambio climático no surge espontáneamente entre los principales problemas nacionales, los niveles de preocupación son elevados.

Sumando las categorías “muy preocupado/a”, “bastante preocupado/a” y “poco preocupado/a”, el estudio muestra que el 61% de la población expresa preocupación por el fenómeno.

A la vez, existe un amplio consenso sobre sus causas. El 71% de las personas atribuye el cambio climático a la actividad humana, una cifra que fortalece la legitimidad social de las políticas públicas orientadas a la mitigación y adaptación.

Siete de cada diez uruguayos ya vivieron eventos extremos. El cambio climático dejó de ser una proyección futura para convertirse en una experiencia cotidiana.

Lejos de tratarse de una cuestión discutida o marginal, los resultados reflejan una percepción ampliamente compartida sobre el origen y los impactos del problema.

Quiénes sienten más el impacto

La encuesta identifica diferencias claras entre distintos grupos de población.

Las mujeres aparecen como el grupo con mayores niveles de preocupación y sensibilidad frente a los impactos del cambio climático. También las personas mayores muestran una elevada percepción del riesgo asociado al fenómeno.

Entre quienes tienen menor nivel educativo, la sensación de impacto directo sobre la vida cotidiana resulta más intensa.

Los jóvenes presentan una característica particular. Aunque expresan niveles de preocupación algo menores que otros grupos, muestran una mayor predisposición a involucrarse en acciones colectivas vinculadas al ambiente.

Inundaciones en una localidad de Uruguay, reflejo de los impactos del cambio climático en Uruguay.
Vecinos y familias evacuadas durante inundaciones en Uruguay reflejo de la percepción social ante los impactos del cambio climático | Foto Daniel Rojas

CLAVES DE LA ENCUESTA

Una parte importante de la población incorpora hábitos vinculados al cuidado ambiental. El 66% se desplaza en transporte público, bicicleta o caminando; el 63% reutiliza o recicla objetos; y el 54% evita plásticos de un solo uso.

Son prácticas instaladas en la vida cotidiana que muestran una disposición concreta a modificar comportamientos individuales frente al cambio climático. Sin embargo, cuando la respuesta requiere involucrarse en iniciativas colectivas, la participación disminuye.

Firmar peticiones, colaborar en jornadas de limpieza, participar en marchas o integrarse a organizaciones ambientales sigue siendo mucho menos frecuente.

La encuesta revela así una brecha significativa entre las acciones individuales y las respuestas comunitarias, un hallazgo que ayuda a comprender cómo la sociedad uruguaya enfrenta la crisis climática.

Una percepción que seguirá bajo observación

Uruguay avanza en la construcción de una mirada continua sobre cómo la población vive y comprende el cambio climático. La información recogida por esta nueva edición permite comparar tendencias, identificar cambios sociales y seguir la evolución de las percepciones hasta 2030.

Los resultados muestran una sociedad que ya no observa el cambio climático desde la distancia. La mayoría de los uruguayos reconoce sus impactos, los experimenta en su vida cotidiana y atribuye su origen a la actividad humana.

El desafío parece estar ahora en otro lugar: transformar esa experiencia compartida en respuestas capaces de reducir los riesgos que seguirán marcando las próximas décadas.

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Fundador y Director de Ambienta. Periodista. Diplomado en Activismo y Política Socioambiental. Contacto: director@ambienta.uy

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