El aumento de los eventos meteorológicos extremos, la alteración del acceso al agua potable y la proliferación de enfermedades vectoriales han posicionado a la infancia en el centro de la vulnerabilidad ambiental. Según estimaciones de UNICEF, aproximadamente 1.200 millones de niños en todo el mundo se encuentran expuestos a riesgos climáticos severos. La desnutrición y la pérdida de infraestructura básica comprometen directamente su desarrollo pleno.
En el ámbito regional y local, la discusión sobre el vínculo entre cambio climático e infancias adquiere una dimensión particular. La necesidad de abordar la justicia intergeneracional ha llevado a que agencias internacionales como UNICEF, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Cámara de Empresas Gestoras de Residuos del Uruguay (CEGRU) promuevan instancias de análisis técnico sobre las causas globales de esta crisis y sus efectos en las comunidades más vulnerables.
La dimensión privada y la economía circular
Uno de los principales desafíos en la mitigación del impacto ambiental es trasladar la agenda climática al sector empresarial y a los modelos productivos. La gestión integral de residuos y la transición hacia una economía circular se consolidan como herramientas clave para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que agravan la situación de las futuras generaciones.
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En diálogo con Ambienta, Lourdes Carbajal Artigas, gerenta de la Red Empresarial de Talentos de CEGRU, enfatizó la importancia de visibilizar esta problemática en el ámbito corporativo:
El objetivo central es posicionar una temática poco abordada en el sector privado: la dimensión en que el cambio climático impacta en las infancias. Es fundamental explicar las causas y efectos globales con énfasis en las comunidades más vulnerables, especialmente en los niños.
Asimismo, la alianza entre cámaras empresariales y organismos internacionales impulsa empleos verdes y formación profesional. Esta labor se realiza mediante la Red Empresarial de Talento (RET), cofinanciada por el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP). El enfoque busca fortalecer la retención de talento. A su vez, promueve prácticas sostenibles en cada etapa de la cadena de residuos.
Formación y acción coordinada frente a la crisis
La respuesta ante el deterioro ambiental requiere de la coordinación entre autoridades estatales, generadores de residuos y organizaciones de la sociedad civil. Iniciativas como la campaña «No hay excusas» de UNICEF reflejan el compromiso de articular esfuerzos para que la gestión de residuos no solo reduzca la huella ecológica, sino que promueva un entorno seguro para la infancia.

La creación de diplomaturas y tecnicaturas especializadas en gestión de residuos y desarrollo humano sostenible busca capacitar a los mandos técnicos y operarios del sector. En un escenario donde el cambio climático redefine las prioridades socioeconómicas, la inversión en formación y preservación ambiental se vuelve indispensable para salvaguardar el futuro de las generaciones más jóvenes.

