Resumen
La pesca de arrastre de fondo constituye una de las actividades humanas con mayor impacto físico sobre los ecosistemas marinos bentónicos (del fondo marino). Aunque continúa siendo una técnica ampliamente utilizada por su elevada eficiencia para capturar especies comerciales, la evidencia científica demuestra que provoca profundas alteraciones en el lecho oceánico. Destruye hábitats de crecimiento lento y modifica procesos ecológicos esenciales.
Este artículo analiza la situación de la pesca de arrastre en Uruguay dentro del contexto internacional, examinando su regulación, sus desafíos ambientales y el cambio de paradigma en la gobernanza oceánica global. Se trata de un debate donde la conservación ya no es una opción, sino la condición indispensable para garantizar la propia sostenibilidad de la pesca.

Fig. 1. Representación de una red de arrastre de fondo operando sobre el lecho marino. Las puertas metálicas y la red remueven sedimentos, destruyen hábitats bentónicos y capturan tanto a las especies comerciales como a la fauna acompañante. Foto: Sin Azul No Hay Verde.
Una presión silenciosa sobre el fondo del océano
Durante décadas, la pesca de arrastre de fondo fue el motor para abastecer los mercados internacionales y sostener economías pesqueras. Su capacidad de captura consolidó un modelo basado en la extracción intensiva. Sin embargo, esa eficiencia productiva ha tenido un costo ambiental que permaneció invisible para la sociedad. A diferencia de otras formas de degradación ambiental más perceptibles, el arrastre actúa lejos de la costa. Allí abajo, enormes redes lastradas remueven sedimentos. De este modo, alteran comunidades biológicas cuya formación requirió décadas o siglos. (Fig. 2).
Ya en 2005 se advertía que esta modalidad constituía una de las formas más destructivas de la pesca industrial al modificar físicamente el ecosistema (Sommer, 2005). Dos décadas después, la evidencia científica amplía estas observaciones hacia los efectos acumulativos en aguas profundas.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 2024) reconoce que, aunque el arrastre representa una fracción del esfuerzo pesquero global, su impacto sobre los ecosistemas del fondo es desproporcionadamente alto. Asimismo, la IPBES (2019) la identifica como una de las principales amenazas para la biodiversidad oceánica.

Fig. 2. Dimensión global del impacto del arrastre de fondo. Esta actividad afecta a unos 14,8 millones de km² del lecho oceánico. Foto: Sin Azul No Hay Verde.
Dimensión global y gobernanza internacional
Las estimaciones globales indican que esta actividad afecta aproximadamente a 14,8 millones de kilómetros cuadrados del fondo oceánico (Sala et al., 2021), consolidándose como una de las mayores transformaciones físicas inducidas por el ser humano en el planeta.
Ante este escenario, la Deep Sea Conservation Coalition (DSCC) impulsa campañas internacionales para promover una moratoria precautoria al arrastre en alta mar. Aunque la Asamblea General de las Naciones Unidas no ha establecido una prohibición universal, desde 2006 aprueba resoluciones que instan a los Estados y a las Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera a evaluar los impactos y cerrar áreas con ecosistemas marinos vulnerables.
La gobernanza internacional del océano está cambiando. El debate ya no se centra únicamente en cuánto se pesca, sino en cómo se pesca.
Qué ocurre cuando una red toca el fondo marino

Fig. 3. Funcionamiento de una red de pesca de arrastre de fondo. Sus puertas metálicas y cadenas arrastran el lecho marino, remueven sedimentos y destruyen estructuras bentónicas. Foto: Sin Azul No Hay Verde.
Las redes de arrastre industriales pueden superar los 100 metros de apertura. Para mantenerse abiertas y pegadas al lecho, utilizan puertas de acero de varias toneladas y pesadas cadenas. Al ser remolcadas, generan una captura no selectiva que atrapa corales de aguas frías, esponjas, moluscos, crustáceos y equinodermos. También capturan numerosas especies sin valor comercial. (Fig. 3).
El impacto más crítico no es solo la mortalidad directa de estas especies, sino la alteración estructural del ecosistema. La remoción del sustrato reduce la complejidad del hábitat. Asimismo, altera las relaciones ecológicas que sostienen la productividad marina. Al destruir la arquitectura del fondo, muchos de estos impactos se vuelven prácticamente irreversibles a escala humana.
El impacto sobre el «carbono azul» y el clima
En los últimos años, la ciencia ha demostrado que los impactos del arrastre trascienden la pérdida de biodiversidad: también afectan la capacidad del océano para regular el clima mundial. El fondo oceánico es uno de los mayores reservorios de carbono orgánico del planeta. La acumulación de restos biológicos durante siglos convierte a los sedimentos marinos en un sumidero crucial de «carbono azul».
Cuando las redes remueven los sedimentos, alteran los procesos naturales de almacenamiento. Esta perturbación favorece la remineralización de la materia orgánica. Además, disminuye la capacidad del fondo para retener carbono a largo plazo, liberándolo nuevamente al sistema acuático.
Epstein et al. (2022) concluyen que la pesca demersal móvil modifica significativamente los procesos biogeoquímicos del carbono. Mientras que estudios recientes (Zhang et al., 2024) vinculan la intensidad del arrastre con una disminución persistente del secuestro de carbono en las plataformas continentales.
Aunque la magnitud exacta del carbono que finalmente se libera a la atmósfera sigue bajo debate, existe un consenso creciente. El arrastre compromete la capacidad del océano para almacenar carbono durante largos períodos, alterando su rol como amortiguador del cambio climático.
La pesca de arrastre in Uruguay: Regulación y realidades
En Uruguay, la pesca de arrastre es el núcleo de la flota industrial y está bajo la órbita de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA). La actividad se divide en dos modalidades: el arrastre costero (Río de la Plata y plataforma interna) y el arrastre de altura, que opera sobre la plataforma continental persiguiendo a la merluza común (Merluccius hubbsi) como objetivo principal (Caro Ros, 2024). (Fig. 4).

Fig. 4. Área de gestión pesquera uruguaya y ZCPAU. La Zona Común de Pesca Argentino-Uruguaya es el principal espacio binacional para coordinar y gestionar los recursos compartidos.
El sistema de gestión incluye vedas, cuotas de captura, control satelital y regulación del tamaño de malla coordinados con Argentina a través de la Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo (CTMFM). Sin embargo, esta regulación continúa enfocada en administrar el stock de peces (las poblaciones explotadas), mientras que la protección directa de los hábitats bentónicos sigue siendo incipiente.
Impacto ecológico en el Atlántico Sudoccidental
Al operar en la Zona Común de Pesca Argentino-uruguaya, diversas investigaciones (Aubone et al., 2000) han documentado impactos acumulativos en el área. (Fig.5)
Los principales efectos identificados en la región incluyen:
- Alteración física del sustrato y pérdida de complejidad del hábitat.
- Reducción drástica de la biodiversidad bentónica.
- Alta captura incidental de especies no objetivo y alteraciones en la red trófica (alimenticia).

Fig. 5. Impacto ecológico del arrastre en la biodiversidad marina. Esta actividad genera captura incidental de especies no objetivo y altera profundamente los ecosistemas bentónicos. Foto: Sin Azul No Hay Verde.
La encrucijada socioeconómica
La pesca industrial ha sido un pilar exportador para Uruguay (merluza, corvina, pescadilla). No obstante, el sector enfrenta hoy una crisis estructural: envejecimiento de la flota, rentabilidad comprometida, conflictos laborales y limitaciones en investigación científica (Caro Ros, 2024; CERES, 2023).
La transición hacia modelos de menor impacto ambiental plantea un desafío profundamente social. Miles de familias, trabajadores de plantas, armadores y comunidades costeras dependen de esta industria.
La sostenibilidad no puede ser solo un objetivo ecológico; requiere políticas públicas que faciliten la reconversión tecnológica y la capacitación laboral. De esta manera, se asegura que los costos de la transición ecológica no se trasladen exclusivamente a los eslabones más vulnerables de la cadena.
Un cambio global en la gobernanza: El precedente de Dogger Bank
Los modelos internacionales están migrando rápidamente de las cuotas de captura rígidas hacia enfoques ecosistémicos, utilizando las Áreas Marinas Protegidas (AMP) como escudos contra el arrastre.
El escenario geopolítico actual muestra que la tolerancia legal al arrastre indiscriminado está cayendo. Un ejemplo clave ocurrió en 2026, cuando el Tribunal de Distrito de La Haya dictaminó que la pesca de arrastre en las áreas protegidas de Dogger Bank (Mar del Norte) (Fig. 6) debía someterse a evaluaciones ambientales rigurosas.
El fallo introdujo un cambio de paradigma histórico: la autorización administrativa ya no es suficiente; la sostenibilidad exige demostrar científicamente que la pesca no destruye la integridad del ecosistema antes de lanzar las redes.

Fig. 6. Caso Dogger Bank (Mar del Norte). El fallo introduce un cambio de paradigma: la sostenibilidad exige demostrar científicamente que la actividad pesquera es compatible con la integridad del ecosistema.
Uruguay frente al nuevo paradigma
Para Uruguay, este escenario global es una oportunidad estratégica. Gestionar poblaciones de peces no es lo mismo que conservar los ecosistemas que las sostienen. El desarrollo de cartografía bentónica de alta resolución, el monitoreo satelital avanzado y el diseño de artes de pesca selectivas permitirán reducir la huella ecológica del arrastre sin asfixiar la viabilidad económica del sector.
Conclusiones
La pesca de arrastre continúa siendo una actividad económicamente relevante para Uruguay. Sin embargo, la evidencia científica es contundente: sus impactos sobre los ecosistemas bentónicos son profundos y, en muchos casos, de recuperación lenta o incompleta a escala humana. El desafío contemporáneo ya no es técnico, sino conceptual: consiste en compatibilizar la producción pesquera con la conservación de los mismos procesos ecológicos que la hacen posible. Las tendencias internacionales indican que el éxito y la sostenibilidad de un país ya no se miden únicamente en toneladas capturadas. Ahora se miden en la integridad ecológica del sistema marino que se deja atrás.
Para Uruguay, este escenario global representa una oportunidad estratégica ineludible. Fortalecer la investigación científica independiente, incorporar de forma efectiva los enfoques ecosistémicos y consolidar políticas públicas basadas en evidencia permitirá alinear la actividad nacional con los estándares internacionales más exigentes. Solo así se podrá preservar el capital natural del que depende, en última instancia, el futuro de todo el sector.
Un enfoque multidimensional
La evidencia disponible demuestra que la discusión sobre la pesca de arrastre ha dejado de ser un asunto exclusivamente pesquero. Hoy involucra de forma simultánea la conservación de la biodiversidad, la regulación del clima global, la seguridad alimentaria y el desarrollo de las comunidades costeras. Estamos presenciando la integración de dimensiones ambientales, económicas y sociales que, hasta hace pocos años, la política y la academia analizaban por separado de manera estanca.
En definitiva, el fondo del mar ya no puede permanecer oculto ni fuera de las decisiones de gestión. La discusión sobre la pesca de arrastre ya no plantea un dilema simplista entre producción y conservación. El verdadero desafío consiste en redefinir la relación entre la sociedad y el océano, reconociendo que la salud de los ecosistemas marinos constituye una condición indispensable para la seguridad alimentaria, la estabilidad climática y el bienestar de las generaciones futuras. Conservar el fondo del mar no significa, de ninguna manera, renunciar a la pesca. Significa asegurar que esta pueda seguir existiendo.
LEE TAMBIÉN: El océano en la cuerda floja: la última alerta de la ciencia
Publicado en Ambienta (En línea) | ISSN 2982-446X | Registro de Publicaciones Seriadas de la Biblioteca Nacional de Uruguay.

