La crisis del océano suele explicarse como un problema ambiental derivado del cambio climático, la contaminación o la sobreexplotación de recursos. Sin embargo, esta lectura es incompleta. El deterioro del sistema oceánico también expresa una crisis de ideas sobre el desarrollo, la economía y la relación entre sociedad y naturaleza.

Este artículo explora la tensión entre desarrollo sostenible y sustentabilidad. Sostiene que el primero ha funcionado más como un mecanismo de ajuste del crecimiento que como una transformación estructural. Desde una perspectiva de oceanología aplicada, plantea que la sustentabilidad implica un cambio de racionalidad: reconocer que el océano no es un recurso externo, sino una base ecológica que sostiene la estabilidad del sistema Tierra.

Una paradoja que ya no podemos ignorar

Nunca supimos tanto del océano como ahora. Hoy podemos observar su temperatura en tiempo casi real, seguir sus corrientes a escala global, medir su química con una precisión impensable hace apenas unas décadas y modelar su comportamiento futuro con simulaciones cada vez más sofisticadas (Fig. 1).

Mapa global y corrientes oceánicas en la crisis del océano

Fig. 1. El océano observado en tiempo global. Satélites, boyas y modelos numéricos permiten una observación continua del sistema oceánico. Sin embargo, este aumento del conocimiento no ha logrado detener su degradación.

Y, aun así, el océano sigue deteriorándose. Esta contradicción es una de las tensiones centrales de nuestro tiempo: más conocimiento no necesariamente significa más capacidad de transformación. El IPCC (2023) confirma que el océano ha absorbido la mayor parte del exceso de calor del sistema climático y una fracción significativa del dióxido de carbono generado por actividades humanas. Esto lo ha convertido en un regulador climático clave… pero también en un sistema bajo estrés creciente.

Lo inquietante no es solo lo que sabemos del océano. Es lo poco que cambia nuestra forma de actuar a partir de ese conocimiento.

Desarrollo sostenible: una promesa que no termina de cumplirse

Desde su formulación en el Informe Brundtland, el desarrollo sostenible se presentó como una solución de equilibrio: crecimiento económico, equidad social y protección ambiental funcionando de manera compatible (WCED, 1987). La Agenda 2030 reforzó este marco y convirtió la sostenibilidad en el lenguaje dominante de la política global (Naciones Unidas, 2015). El océano incluso obtuvo su propio objetivo: el ODS 14.

Pero la distancia entre el lenguaje y la realidad es cada vez más evidente. En la práctica, el desarrollo sostenible ha operado muchas veces como una forma de “administrar impactos” sin alterar la lógica que los produce. Se busca hacer el mismo modelo un poco menos dañino, pero no necesariamente distinto.

Desde la oceanología aplicada, esto se traduce en un problema claro: gestionamos síntomas, no estructuras.

Sustentabilidad: cambiar la forma de pensar el sistema

Aquí aparece una distinción clave que en América Latina ha tenido un desarrollo importante: la diferencia entre sostenibilidad y sustentabilidad. La sustentabilidad no es solo una versión “más exigente” de la sostenibilidad. Es otra forma de entender la relación entre sociedad y naturaleza.

Enrique Leff plantea que la sustentabilidad implica una nueva racionalidad ambiental, donde la economía deja de ocupar el centro y pasa a ser un subsistema de la vida ecológica (Leff, 2004; 2008). Esto cambia todo, porque ya no se trata solo de proteger la naturaleza, sino de reconocer que la economía depende de ella y de los ecosistemas que mantienen el funcionamiento del océano (Fig. 2).

Ecosistemas costeros afectados por la crisis del océano

Fig. 2. Ecosistemas que sostienen la estabilidad del sistema oceánico. Manglares, arrecifes y praderas marinas no son solo biodiversidad: son infraestructura ecológica que regula carbono, protege costas y sostiene ciclos biogeoquímicos.

Los límites planetarios propuestos por Rockström y actualizados por Richardson et al. muestran que ya hemos cruzado varios umbrales críticos del sistema Tierra (Rockström et al., 2009; Richardson et al., 2023). El océano está en el centro de varios de esos límites.

El océano como espejo del modelo global

Si uno quiere ver con claridad los efectos del modelo de desarrollo actual, basta con observar el océano a través de sus síntomas más críticos: el calentamiento progresivo de sus aguas, la solidificación antropogénica, la pérdida sistemática de oxígeno, el colapso de los ecosistemas costeros y la drástica disminución de la biodiversidad (ver recuadro «Análisis del Modelo Global»)

Mancha masiva de basura plástica flotando en mar abierto como evidencia de la crisis del océano.
Acumulación de residuos en la Gran Mancha de Basura del Pacífico I Foto de Cortesía

Fig. 3. El océano como receptor de las presiones del modelo de desarrollo.
El cambio climático, la contaminación y la sobrepesca son expresiones de un mismo modelo de producción y consumo. Gran parte de estas presiones se origina en tierra firme y termina afectando la estructura y el funcionamiento del sistema oceánico.

Pero lo más importante no es solo lo que ocurre en el mar. Es de dónde viene. Gran parte de estas presiones se originan en tierra firme: sistemas energéticos basados en combustibles fósiles, modelos industriales intensivos y patrones de consumo que externalizan sus costos hacia el océano. Un ejemplo de estas fallas de gestión es la pesca recreativa en Uruguay, donde miles de capturas anuales ocurren sin medición ni regulación.

Análisis del Modelo Global

El océano como espejo del modelo global

Lo que ocurre en tierra firme determina de manera directa la salud del mar. Esta dinámica se articula en un proceso de tres etapas interconectadas:

  • El origen en tierra firme: La matriz energética, el modelo agroindustrial, la urbanización acelerada, la industria y la cultura del consumo constituyen los motores continentales de la crisis.
  • Las presiones directas: Esos motores se traducen en emisiones de gases de efecto invernadero, vertidos contaminantes, escorrentía de nutrientes agrícolas, extracción pesquera intensiva y alteración de los bordes costeros.
  • La respuesta del sistema marino: Como resultado acumulativo, el océano responde con un calentamiento progresivo de sus aguas, acidificación, desoxigenación, pérdida acelerada de biodiversidad y el colapso de ecosistemas clave.

El problema no es el conocimiento

A veces asumimos que si la ciencia avanza lo suficiente, las decisiones correctas aparecerán casi automáticamente. Pero la experiencia del océano muestra otra cosa. Sabemos bastante bien qué está ocurriendo. Sabemos bastante bien por qué ocurre. Y, en muchos casos, sabemos incluso qué habría que hacer.

El problema está en otro lugar: en cómo se toman las decisiones. La ciencia puede describir el colapso de una pesquería, pero no define por sí sola qué intereses se priorizan, qué costos se aceptan o qué modelo económico se sostiene.

En trabajos anteriores (Sommer, 2010; 2014), he sostenido que esta brecha entre conocimiento y acción no es un fallo de la ciencia, sino una característica estructural de los sistemas de gobernanza ambiental contemporáneos.

Hacia una oceanología más integrada

La oceanología está cambiando. Ya no se trata solo de describir corrientes, especies o ciclos biogeoquímicos. Cada vez más, se trata de entender cómo esos procesos interactúan con decisiones humanas (Fig. 4).

Mosaico sobre oceanología para la sustentabilidad: investigación en laboratorio, educación ambiental con jóvenes, trabajo en buques científicos y monitoreo marino.

Fig. 4. Oceanología para la sustentabilidad.
La ciencia del océano evoluciona desde una visión centrada principalmente en los procesos naturales hacia un enfoque integrado que articula conocimiento científico, sociedad, gobernanza y toma de decisiones.

La Década de las Ciencias Oceánicas de la UNESCO (2021–2030) refleja este cambio: ya no basta con producir conocimiento, es necesario conectarlo con la acción (UNESCO-IOC, 2020). Pero incluso esto puede quedarse corto si no revisamos la pregunta de fondo: ¿qué modelo de desarrollo sostiene nuestras decisiones?

Cambiar la idea antes que el océano

El océano no está “fallando”. Está respondiendo. Respondiendo a un modelo de desarrollo que ha ignorado durante demasiado tiempo los límites ecológicos que lo hacen posible. El desarrollo sostenible fue un paso importante. Pero hoy muestra sus límites: puede mejorar la gestión, pero no necesariamente transformar la lógica de fondo. La sustentabilidad, en cambio, obliga a replantear esa lógica.

Y quizás ese sea el verdadero desafío de la oceanología contemporánea: no solo entender mejor el océano, sino entender mejor cómo nuestras ideas de desarrollo lo están transformando. Porque, al final, la pregunta no es cuánto sabemos del océano. La pregunta es qué estamos dispuestos a cambiar a partir de lo que ya sabemos.

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Doctor en Ciencias Naturales por la Christian-Albrechts-Universität (Kiel, Alemania) y Licenciado en Oceanografía Biológica. Con más de 46 años de experiencia internacional, su trabajo une la investigación científica con la política ambiental y el desarrollo sostenible. Ha liderado proyectos de gestión técnica para la protección de ecosistemas marinos en Europa y América Latina.

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