Hay momentos en los que una nación entera queda atrapada en su propio reflejo costero. Incapaz de sacudirse la inercia de una historia escrita exclusivamente sobre tierra firme. El anuncio del proceso para gestar el Plan Nacional para el Desarrollo de la Pesca en Uruguay—impulsado por la DINARA— corre el riesgo de quedar reducido, como tantas veces ocurrió en el pasado, a una discusión administrativa sobre cuotas, permisos y mercados (Fig. 1).
Pero reducirlo a eso es un ejercicio de miopía imperdonable. La gran pregunta que Uruguay rehúye desde su génesis no pasa por cuántos barcos zarpan ni por el volumen de las bodegas. Sino por nuestra incapacidad crónica para asumir que el océano no es un espacio exterior que comienza donde termina la playa. Sino una dimensión fundamental de nuestro territorio y de nuestro destino.

Figura 1. Proceso participativo impulsado por DINARA para la elaboración del Plan Nacional para el Desarrollo de la Pesca en Uruguay. Fuente: DINARA-MGAP, proceso participativo para la elaboración del Plan Nacional para el Desarrollo de la Pesca (2026).
Nuestra contradicción más íntima no es la escasez de mar, sino la indigencia de nuestra conciencia marítima. Forjamos una identidad de lomos anchos y pies de barro. Aferrada a la pradera, al ganado y a las fronteras continentales.
Mientras reducíamos el Atlántico Sur a un telón de fondo escénico o a una despensa inagotable. Poseemos una extensa Zona Económica Exclusiva y una plataforma continental estratégica. Que proyectan al país sobre un espacio marítimo mucho mayor que su territorio terrestre.
La trampa de la consulta y la urgencia del fondo
Celebrar los talleres participativos y la convocatoria de actores sociales es indispensable para romper el hermetismo tradicional. Pero sería una ingenuidad peligrosa confundir el bullicio de los plenarios con la arquitectura de una política de Estado. La verdadera prueba de fuego llegará cuando el papel se convierta en norma. Y el poder de turno deba enfrentar los intereses corporativos de corto plazo.
Superar inercias históricas. Y aceptar de una vez por todas que los límites ecológicos no se negocian en función del almanaque electoral. Gobernar el mar no consiste en administrar los recursos pesqueros bajo lógicas de corto plazo o intereses coyunturales. Sino en decidir con responsabilidad qué tipo de país queremos construir cuando los límites ecológicos comiencen a hacerse evidentes.
La falacia del recurso infinito y la ciencia propia
Durante demasiado tiempo, la brújula de la gestión pesquera estuvo dominada por una interrogante incompleta: ¿cuánto podemos extraer? Olvidando la pregunta esencial: ¿cuánto puede soportar el ecosistema? La falacia del recurso infinito ha operado como un anestésico social.
Tal como lo he advertido al señalar nuestra carencia de plataformas científicas, Uruguay padece una brecha alarmante entre la enormidad de su jurisdicción marítima y la precariedad de su capacidad para estudiarla de manera permanente. En el tablero geopolítico del mar, quien no produce su propio conocimiento se vuelve irremediablemente rehén de la información ajena. Navegando a ciegas con datos prestados y una soberanía mutilada.
Los límites del ecosistema y la pesca en Uruguay
Las señales de agotamiento rara vez avisan con bombos y platillos. Los stocks de merluza común (Merluccius hubbsi), corvina (Micropogonias furnieri) y pescadilla (Cynoscion guatucupa) no son activos financieros con renta ilimitada. Las evaluaciones científicas realizadas sobre estos recursos han mostrado la necesidad de mantener un seguimiento permanente de sus niveles de abundancia y explotación.
En el caso de la merluza común (Merluccius hubbsi), la DINARA ha realizado evaluaciones biológico-pesqueras del recurso en la Zona Común de Pesca (DINARA, 2016). Para la corvina (Micropogonias furnieri) y la pescadilla (Cynoscion guatucupa), los informes técnicos de DINARA han analizado la estructura poblacional, la abundancia y el estado de explotación de estas especies (DINARA, 2016, DINARA, 2019a; DINARA, 2019b).
El deterioro ecológico opera en penumbra: primero se reduce el tamaño promedio de los ejemplares. Luego aumenta el esfuerzo necesario para sostener la rentabilidad. Y, cuando la evidencia del deterioro se vuelve innegable, la recuperación puede demandar décadas. Invocar el principio precautorio no es un capricho ecologista ni un freno al desarrollo. Sino la lucidez de comprender que la incertidumbre científica jamás puede transformarse en un permiso para seguir hipotecando la base natural que sostiene la actividad (Fig. 2).

Figura 2. La pesca de arrastre: una técnica altamente eficiente para capturar especies comerciales, pero con potenciales impactos sobre ecosistemas bentónicos. Fuente: Elaboración propia a partir de Sommer (2026a), Arando el fondo del mar: Los costos ecológicos y sociales de la pesca de arrastre en Uruguay.
Entre la devastación invisible y la soberanía vigilada
Esa misma miopía intelectual atraviesa los debates más incómodos. Como el impacto de la pesca de arrastre sobre los ecosistemas bentónicos. Durante décadas se ha mirado el fondo del océano como un solar baldío e inerte. Ignorando que bajo la superficie operan comunidades complejas y hábitats esenciales.
Como ya lo he planteado al analizar los costos invisibles de esta operativa, la discusión no se reduce a un falso dilema binario entre conservar o destruir. Sino a evaluar con rigor quirúrgico si estamos quemando el capital natural para financiar el aplauso efímero de hoy.
Pesca ilegal y el desafío de la tecnología satelital
A esto se le adhiere la hidra invisible de la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR). Junto con la presión constante de flotas extranjeras que operan en áreas próximas a nuestra jurisdicción marítima. Es cierto que las herramientas de transparencia satelital nos devuelven un mapa inédito.
Pero la tecnología es apenas un catalejo moderno: un algoritmo detecta la anomalía, pero solo un Estado con musculatura institucional y científica puede transformar ese dato en una sanción ejemplar (Fig. 3).
Fragmentar la administración pública en compartimentos estancos —donde la pesca va por un andarivel, la conservación por otro y el cambio climático por la banquina de emergencia— es una receta infalible para el naufragio. Porque los ecosistemas no reconocen burocracias ministeriales.

Figura 3. Monitoreo satelital de la actividad pesquera en el Atlántico Sudoccidental mediante sistemas AIS, VMS y detección satelital. La distribución de embarcaciones ilustra el potencial de estas tecnologías para fortalecer la vigilancia pesquera y detectar posibles actividades ilegales, no declaradas y no reglamentadas (INDNR). Fuente: Global Fishing Watch (2024), adaptado por el autor; Sommer (2024b), La Sobreexplotación Pesquera en Uruguay y el Uso de Tecnologías para el Monitoreo de la Pesca Ilegal.
Hacia una Política Nacional del Océano
El Plan Nacional para el Desarrollo de la Pesca enfrenta una prueba de verdad institucional. El mayor peligro que acecha a este proceso es que se convierta en una mera pantalla cosmética —una hoja de ruta decorativa y burocrática— diseñada para justificar la inacción política o para blanquear, mediante acuerdos de fachada, un modelo extractivista que los sucesivos gobiernos han evitado reformar de raíz.
El cortoplacismo partidario, obsesionado con los ciclos electorales, choca frontalmente con la paciencia milimétrica de los ecosistemas marinos. Donde los ministros y las administraciones pasan, pero el colapso ambiental se paga con hambre y desempleo a futuro.
Los pilares para un cambio de rumbo
Por ello, el plan tiene la obligación histórica de sacudirse la modorra sectorial y erigirse como la piedra basal de una auténtica Política Nacional del Océano. Una política sostenida sobre pilares inquebrantables. Además de jerarquizar la investigación oceanográfica como una inversión geopolítica de primer orden y supeditar las cuotas extractivas a la resiliencia real de los ecosistemas, se debe exigir una rendición de cuentas transparente a los tomadores de decisiones. También ejercer una soberanía activa respaldada por ciencia y presencia permanente, así como blindar una Economía Azul que no sea un eufemismo publicitario para saquear con rótulo ecológico.
Las flotas de aguas distantes operan en el límite de nuestra plataforma. Los despachos oficiales se debaten entre la inercia y el cálculo político. Y el destino de nuestros recursos sigue decidiéndose a espaldas del muelle.
Uruguay tiene una disyuntiva histórica sobre la mesa: continuar administrando sus recursos bajo una mirada fragmentada y reactiva. O asumir definitivamente que la soberanía del siglo veintiuno no se defiende con mapas gastados en las paredes de una oficina. Sino con ciencia, con autoridad y con una política oceánica a la altura de nuestro mar.
Porque el futuro de este país no termina en la orilla. Comienza mar adentro.

Figura 4. El océano como horizonte estratégico de Uruguay. Más que un límite geográfico, el Atlántico constituye un espacio de conocimiento, soberanía e innovación sobre el cual el país debe construir una verdadera Política Nacional del Océano. Fuente: Archivo fotográfico de la Asociación Oceanográfica Uruguaya.
📄 Referencias y Fuentes Consultadas [Desplegar]
Documentos e informes técnicos citados por el autor:
- Defeo, O., et al. (2009). Sustainability of fishery management in Uruguay. Marine and Freshwater Research. Ver enlace
- DINARA (2016). Análisis biológico-pesquero de la merluza. Informe Técnico Nº 53. Ver informe
- DINARA (2019a). Pescadilla de calada. Abundancia y explotación. Informe Técnico Nº 57. Ver informe
- DINARA (2019b). Corvina del Río de la Plata: estructura y manejo. Informe Técnico Nº 58. Ver informe
- DINARA (2026). Proceso participativo del Plan Nacional de Pesca. Sitio oficial
- FAO (2024). The State of World Fisheries and Aquaculture 2024. Ver informe
- Global Fishing Watch (2026). Tracking global fishing activity. Plataforma
- Sommer, M. (2024a). DINARA: Alerta Roja. Revista Pesca. Leer artículo
- Sommer, M. (2024b). La Sobreexplotación Pesquera en Uruguay. Ver informe AOU
- Sommer, M. (2026a). Arando el fondo del mar: pesca de arrastre. Ambienta. Leer nota
- Sommer, M. (2026b). Expansión pesquera china en el Atlántico Sur. Ambienta. Leer nota
- Sommer, M. (2026c). Uruguay: un gigante marítimo sin barcos. Ambienta. Leer nota
- Sommer, M. (2026d). El desafío de construir una verdadera Economía Azul. (En prensa).

