¿Puede un tigre trabajar o un cocodrilo atenderse en una mutualista? El fenómeno de los therians y las «correas vacías» en las ciudades no son solo excentricidades; son el síntoma de una profunda crisis social y ambiental que nos obliga a habitar realidades paralelas. En un mundo donde perdemos la conexión real con la naturaleza, intentamos construir identidades en ecosistemas donde la supervivencia es, biológicamente, imposible.
El dilema del «animal» social
Entre tanta confusión, los therians surgen como identificación con animales. Pretenden vivir en ecosistemas en donde no podrían tan siquiera sobrevivir; este es el claro ejemplo de un gorila, un tigre o un cocodrilo. A nivel social no se visualizan como humanos por tanto no pueden asumir las responsabilidades que conlleva.
¿Puede un tigre trabajar? ¿Un cocodrilo se atiende en un sistema de salud humano o en una veterinaria? ¿Realmente buscan integrarse o excluirse? Vivir como semejantes quizás no sea posible. Hacerlo sería no sobrevivir por las limitaciones que conlleva no ser de su misma especie. En uno no se es lo suficientemente humano y en el otro lo suficientemente animal.
Hay quienes creen que los therians no son más que un colectivo de gente que se niega a crecer y asumir las responsabilidades que conlleva, puesto que mientras se tenga un amo o padres que respondan por sus necesidades, van a estar en una “nebulosa social”. ¿Son huérfanos de una cultura que no los hace pertenecientes y los rechaza por ser “animales”, o unos desterrados de un mundo salvaje por ser “humanos”?
Uruguay: Lo «natural» contra la realidad
Estas nuevas formas de habitar el mundo no son hechos aislados, sino fracturas que exponen una crisis mayor. En el mundo, las guerras son el testigo fiel de la forma en que los seres humanos nos aniquilamos por poder. En Uruguay, hay realidades que sacuden: el alto costo del nivel de vida que no se condice con sueldos promedios bajos y la alta tasa de suicidios que continúa en alza. Cómo es posible que vayamos en contra de nosotros mismos y de la preservación del bien más preciado: la vida.
La población, cada vez más consciente a nivel ambiental, reclama respeto por recursos como el agua y la tierra frente a plantaciones infinitas de eucaliptos para las papeleras. También por la no exploración de petróleo en nuestras costas y el respeto por las áreas protegidas. Bajo el eslogan “Uruguay Natural”, es imperativo cuestionarnos qué es lo que nos queda. Ya nada es natural. Al alterarse los ciclos de vida, nuestro ADN emocional y orgánico también se altera.
El vacío de la correa invisible
Hoy parece que la realidad nos desafía a cada paso. Por un lado, los therians; por otro, personas paseando «perros imaginarios» con correas rígidas por las ciudades. Ante esto, la pregunta surge: ¿Es esto sano?
Quizás pasear a un perro que no está ahí es la manifestación física de nuestra soledad urbana; un simulacro de compañía en una sociedad que ha olvidado cómo vincularse con lo vivo de forma real. Nos hemos vuelto expertos en crear realidades paralelas porque la «realidad oficial» —llena de pantallas y desconexión ambiental— nos está asfixiando.
¿Quién está más desconectado de la realidad? ¿El adolescente que busca en el espíritu de un animal la fuerza que no encuentra en su entorno, o el adulto que camina anestesiado por la rutina, ignorando que el mundo natural a su alrededor se desmorona? Tal vez no se trata de orejas de gato, sino de la necesidad básica de pertenecer a algo más grande que un perfil de red social.


