La pesca china en el Atlántico Sur y el nuevo acuerdo de cooperación con Uruguay: un análisis sobre sostenibilidad, soberanía y los desafíos logísticos en el puerto de Montevideo.


Resumen:

Uruguay ha firmado con China un acuerdo de cooperación pesquera enfocado en sostenibilidad, investigación y fortalecimiento institucional. Sin embargo, este entendimiento se inserta en un contexto de alta presión en el Atlántico Sur, donde flotas industriales —impulsadas por subsidios estatales y prácticas poco transparentes— operan de forma intensiva en los límites de las Zonas Económicas Exclusivas.

Es el tipo de documento que ningún país cuestionaría en frío; el problema es que el Atlántico Sur no está en frío. En este escenario, Uruguay no solo es un actor regulador, sino también un nodo logístico clave a través del puerto de Montevideo. El desafío central radica, por tanto, en gestionar esta relación asimétrica sin comprometer la autonomía sobre los recursos y el conocimiento estratégico del ecosistema marino.

El Atlántico Sur como sistema bajo presión

La región se convirtió en un espacio de alta intensidad pesquera. China opera la mayor flota de aguas distantes del mundo, con miles de embarcaciones estimadas. Muchas de ellas se organizan bajo estructuras opacas, incluyendo empresas intermedias y banderas de conveniencia

Mapa de la pesca china en el Atlántico Sur mostrando la presión sobre la Zona Económica Exclusiva de Uruguay.

Fig. 1: Dinámica de la flota pesquera en el Atlántico Sur. El mapa muestra la alta concentración de barcos en el límite exterior del mar uruguayo. Las zonas sombreadas indican dónde es mayor el esfuerzo de pesca. Las flechas hacia Montevideo confirman que la flota depende del puerto local para mantener sus operaciones de largo plazo. Nota: Adaptado de Global Fishing Watch.

En el Atlántico Sur, su presencia es constante en los bordes de las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) de Uruguay y Argentina. Diversos monitoreos satelitales han documentado un incremento significativo del esfuerzo pesquero en la última década, con picos que reflejan una presión sostenida sobre especies clave como el calamar Illex argentinus. No se trata de un fenómeno puntual; es una dinámica estructural.

Pesca industrial, subsidios y zonas grises

La expansión de esta flota no puede entenderse sin su dimensión económica y política. China subsidia de forma significativa su capacidad pesquera de aguas distantes. Esto le permite operar durante largos períodos en alta mar con costos artificialmente bajos. En paralelo, persisten prácticas ampliamente documentadas en informes regionales e internacionales:

  • El apagado o manipulación de sistemas de rastreo satelital (AIS).
  • Transbordos en altamar para evitar controles portuarios.
  • El uso de banderas de conveniencia y operaciones prolongadas sin retorno a puerto.

El resultado es una zona gris donde la regulación internacional es débil. En este escenario, la capacidad de fiscalización nacional se ve limitada por la escala del adversario.

Montevideo: logística en un tablero global

En este escenario, Uruguay ocupa una posición que suele pasar desapercibida en el debate público: el rol del puerto de Montevideo como nodo logístico. La terminal funciona como punto de abastecimiento y soporte para las flotas que operan en el Atlántico Sur. Allí se brindan servicios de combustible, mantenimiento, provisiones y rotación de tripulación.

No se trata de una ilegalidad directa por parte del Estado uruguayo, pero sí de una realidad estructural insoslayable. Uruguay forma parte de la infraestructura que permite la operativa de una flota industrial en el borde de sus propias aguas. Esta situación conlleva implicancias políticas profundas, aunque no siempre encuentren un correlato jurídico inmediato.

Vista cenital de un buque de pesca realizando operativa de carga y suministro en el Puerto de Montevideo.
Operativa de abastecimiento y logística en los muelles de Montevideo I Foto CAPE

Cooperación científica: entre fortalecimiento y dependencia

El acuerdo firmado incorpora componentes técnicos relevantes: evaluación de stocks, monitoreo satelital, modelado de recursos y desarrollo de tecnologías de observación oceánica. Desde el punto de vista institucional, representa un avance para Uruguay. Sin embargo, implica también el acceso compartido a información estratégica sobre los recursos marinos.

Datos sobre biomasa, distribución de especies y dinámicas ecosistémicas no son activos neutrales. Son herramientas de gestión, pero también de explotación eficiente. En este punto, la cooperación deja de ser estrictamente técnica para entrar en el terreno de lo estratégico.

La mirada desde la ecología pesquera

El investigador uruguayo Defeo, referente en ecología y manejo de recursos marinos, señaló que la sostenibilidad en el Atlántico Sur depende no solo de la biología de las especies, sino de la gobernanza frente a la presión externa. Su trabajo sobre el Illex argentinus muestra un patrón consistente: ecosistemas altamente productivos pero vulnerables cuando la presión industrial supera la capacidad de regulación regional. El fondo del asunto no es solo un problema de recursos, sino de poder sobre el mar.

Un modelo de intercambio asimétrico

Uruguay no está vendiendo su pesca ni cediendo soberanía formal en este documento, pero sí participa de un modelo de intercambio complejo:

  • Acceso a tecnología a cambio de datos.
  • Capacitación a cambio de información estratégica.
  • Infraestructura a cambio de conocimiento profundo del sistema marino.

Aunque el intercambio es legítimo, no es simétrico. China ya opera como potencia pesquera global con una capacidad industrial y logística instalada en el Atlántico Sur. Uruguay, en cambio, se inserta desde una escala mucho menor, lo que redefine inevitablemente el equilibrio del acuerdo.

La tesis de fondo

El problema no reside en la cooperación per se, sino en su acumulación silenciosa dentro de un entorno de alta presión sobre los recursos. El riesgo no es un evento puntual, sino un proceso gradual: la pérdida progresiva de autonomía en la gestión del conocimiento sobre los propios recursos naturales.

Conclusión: entre sostenibilidad y realidad geopolítica

El acuerdo entre Uruguay y China puede ser una oportunidad real de modernización institucional, pero se inserta en un escenario donde la competencia por recursos marinos es global e intensiva. El Atlántico Sur no es un espacio neutro; es un tablero donde ciencia, logística y poder económico convergen.

En este tablero, la pregunta clave no es si se debe cooperar, sino bajo qué condiciones, con qué equilibrio y con qué nivel de conciencia estratégica. Porque mientras los documentos hablan de sostenibilidad, en el mar la dinámica sigue siendo otra. Esa dinámica, por ahora, no la definen los acuerdos. La definen los barcos.



Referencias y fuentes consultadas

Publicado en Ambienta (En línea) | ISSN 2982-446X | Registro de Publicaciones Seriadas de la Biblioteca Nacional de Uruguay.


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Doctor en Ciencias Naturales por la Christian-Albrechts-Universität (Kiel, Alemania) y Licenciado en Oceanografía Biológica. Con más de 46 años de experiencia internacional, su trabajo une la investigación científica con la política ambiental y el desarrollo sostenible. Ha liderado proyectos de gestión técnica para la protección de ecosistemas marinos en Europa y América Latina.

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