“Los hongos nos enseñan que hay otro mundo ocurriendo bajo nuestros pies: un mundo de colores inesperados, formas increíbles y conexiones invisibles. Cuando empezamos a mirarlos, descubrimos que los árboles, los hongos y todos los seres vivos estamos mucho más relacionados de lo que imaginamos”, dice Emanuel Machín, y ese relato nos sorprende.

Tras el éxito editorial de sus tres guías de flores de Uruguay, el biólogo y naturalista presenta su nueva guía de bolsillo: Hongos de Uruguay (Volumen I). Una guía compacta, diseñada «para la mochila», que busca transformar la manera en que los uruguayos observan y comprenden el postergado reino Funga.

“Armar la guía fue como hacer una selección uruguaya: había cientos de candidatos y apenas 48 lugares. No elegimos los más lindos. Elegimos los que podían enseñarle a alguien a empezar a mirar”, comenta el autor sobre el proceso de selección de las especies que la conforman.

El reino Fungi es fundamental para el funcionamiento de los ecosistemas. Los hongos conectan, reciclan, transforman y sostienen procesos que son esenciales para la vida. En diálogo con Ambienta, el investigador desglosa el detrás de escena de una investigación que cruza la ciencia, la educación pública, la aventura en el monte y la urgencia de conservar un patrimonio biológico que ya genera millones de dólares en la economía local.

El hongo de pino (Lactarius deliciosus) y el hongo de eucalipto (Gymnopilus), las especies más recolectadas y consumidas en el país. Foto: Emanuel Machín.

Aprender a mirar lo invisible

A pesar de su rol crítico para mitigar el cambio climático y reciclar la materia orgánica, el reino Fungi ha sido históricamente relegado de las políticas de conservación en el Cono Sur. Emanuel Machín atribuye este fenómeno a una matriz de pensamiento fuertemente arraigada en la región.

«Durante mucho tiempo aprendimos a mirar el monte pensando principalmente en los árboles, en la madera, en el paisaje visible. Nuestra relación con la naturaleza estuvo muy marcada por una tradición agronómica y ganadera. Lo que no vemos, muchas veces queda fuera de nuestra percepción, y los hongos tienen justamente esa particularidad: gran parte de su vida ocurre bajo tierra o pasa desapercibida”.

El biólogo señala que en otras regiones del mundo la Funga ya forma parte de la identidad nacional y simbólica de las comunidades. «Nueva Zelanda llegó a colocar un hongo azul espectacular —el Entoloma hochstetteri— en su billete de 50 dólares; un reconocimiento extraordinario a su biodiversidad nativa», destaca.

Con humor, el autor analiza el desafío de visibilizar este reino en el plano local: «Uruguay tiene una enorme diversidad esperando ser descubierta. Quién sabe, quizás algún día un hongo uruguayo llegue a un billete; aunque para lograr eso primero tendríamos que convencer a Alejandro Sequeira de que se postule a presidente. Mientras tanto, seguiremos intentando algo más básico y más importante: que la gente los vea, los reconozca y entienda el papel fundamental que cumplen”.

Izquierda: Estrella de tierra (género Geastrum), común en senderos. Derecha: Hongo de la tinta (Coprinus comatus), famoso por su uso histórico y su capacidad de alimentarse de nemátodos. Foto: Emanuel Machín.

Las 48 especies clave de la guía de hongos

Reducir la inmensa biodiversidad micológica del país a un catálogo transportable de 48 especies implicó un riguroso proceso de curaduría editorial. El objetivo no fue enciclopédico, sino netamente pedagógico y funcional para el rastreo en territorio. En esa cuidada selección, el autor buscó un equilibrio estratégico entre los hongos más comunes que cualquiera puede cruzarse en un parque, las variedades gastronómicas más codiciadas y aquellas especies raras que desafían a los buscadores.

Para lograrlo, la guía prioriza los macrocaracteres. Esto significa que ofrece claves visuales directas y rasgos observables a simple vista.

“Nuestra guía más que nada invita a aprender a observar antes que a identificar. La experiencia de cada uno hará el resto. En el campo hay varios caracteres que nos orientan: la forma general del hongo, el color y textura del sombrero, si tiene láminas, poros u otra estructura debajo del sombrero, la presencia de anillo o volva en el pie, su consistencia, el olor”.

Sin embargo, enfatiza el peso del entorno: «El ambiente donde aparece: qué árboles lo rodean, si crece sobre suelo, madera o materia orgánica. Una guía de bolsillo no busca solo ponerle un nombre al hongo, sino enseñar a mirar, compare y hacerse preguntas».

Izquierda: Copa de Elfo (Chlorociboria), especie que tiñe de azul la madera en descomposición de los montes ribereños. Derecha: Portada oficial de la Guía de Hongos de Uruguay. Foto: Emanuel Machín.

El auge gastronómico y la recolección responsable

El auge de la gastronomía micológica y la recolección silvestre en los montes uruguayos es un fenómeno en pleno crecimiento. Si bien Machín evalúa este interés como algo sumamente positivo porque acerca a las personas a los ecosistemas locales, también advierte que la fascinación por el plato gourmet debe profesarse con una enorme responsabilidad biológica.

La guía no nació para ser un recetario ni un manual de supervivencia culinaria. Su propósito es técnico y de conservación: enseñar a observar e identificar la biodiversidad en el territorio. El riesgo real radica en la confianza ciega y en la inmediatez de la era digital, donde una confusión visual puede derivar en una intoxicación grave.

«Mi recomendación es sencilla: nunca consumir un hongo únicamente porque ‘se parece’ a una fotografía o porque alguien lo identificó por redes sociales. La certeza debe ser absoluta. Mientras se adquiere experiencia, el objetivo debería ser disfrutar de fotografiarlos, registrarlos y aprender sobre ellos. La gastronomía puede venir después, acompañada por personas con experiencia comprobada.»

Aunque Machín celebra este acercamiento de la sociedad a los ecosistemas forestales, enciende una luz de alerta respecto a los riesgos sanitarios del consumo aficionado: «Me encanta que la gente quiera comer hongos; me preocupa cuando quiere comerlos antes de conocerlos».

Izquierda: Micena sangrante (Mycena haematopus), que secreta un fluido con propiedades antimicrobianas. Derecha: Dedos de muerto (Xylaria polymorpha), un llamativo hongo encargado de reciclar la madera del monte. Foto: Emanuel Machín.

El muestreo real detrás de cada fotografía

Detrás de las impecables fotografías que ilustran las páginas de la guía Hongos del Uruguay hay un trabajo de muestreo real, marcado por la incertidumbre del clima y la geografía del territorio. Para Machín, la investigación micológica en el campo siempre arrastra una cuota inevitable de aventura y, a veces, de riesgo físico.

El investigador confiesa que adentrarse en la espesura del monte nativo siguiendo el rastro de una especie esquiva suele desdibujar los caminos conocidos. En más de una ocasión, la fascinación por el hallazgo hizo que terminara perdiendo el sendero de regreso a casa.

«En una ocasión que andaba solo quedé atrapado en una verdadera maraña de ramas y, después de varias horas de intentos, la única salida que encontré fue trepar a un pino para poder orientarme. Así, lleno de marcas en las piernas y brazos, y más lleno de resina por todos lados, pude salir del enredo cuando el sol ya se había ido. En ese momento no fue tan gracioso, pero hoy es una de esas anécdotas que quedan para siempre».

Esa experiencia límite resume el espíritu de una publicación que busca conectar a los uruguayos con la naturaleza viva. Cada registro impreso es el resultado de caminatas extenuantes, barro e historias humanas. Como máxima de trinchera para cualquier recolector, el biólogo deja una frase que sintetiza la impredicibilidad del reino Funga:

La guía de Hongos como herramienta de aprendizaje

La proyección de la guía dentro del ámbito educativo responde a una metodología de terreno. El propio autor la viene desarrollando en el lugar. Lejos de ser un planteo teórico para el aula tradicional, el proyecto se sostiene en dos pilares. Se basa en el aprendizaje vivencial y en la transversalidad de las ciencias naturales.

«Esta guía surge de años compartiendo la enseñanza de ecología en los patios de las escuelas. Nace de la necesidad de contar con una herramienta que acompañara esa forma de aprender. No es una propuesta improvisada. Es el resultado de una práctica educativa sostenida en el tiempo. Las guías de campo convierten el territorio en un aula abierta. Es un espacio para investigar, registrar, comparar, sacar conclusiones y compartirlas con otros».

Para Machín, el abordaje de la biodiversidad local permite conectar el estudio de la Funga con otras materias. Se puede vincular con Matemática, Física, Química, Arte e Informática en torno a problemas reales. Este enfoque busca que los estudiantes asuman un rol protagónico. Así transforman el contenido programático en una experiencia directa. Esto genera compromiso y una comprensión profunda de su entorno.

Comprender desde la observación

«Hay una anécdota reciente que me parece fascinante. Una maestra me invitó a conversar con sus alumnos de 9 años sobre los hongos. Hablamos de sus formas, sus estructuras y sus diferencias con las plantas. También observamos varios ejemplares. En un momento, después de examinar y comparar, un niño dijo: ‘Ah, entonces un hongo es su propia raíz’. No era una definición académica. Sin embargo, había comprendido algo esencial. Entendió el micelio, esa red invisible que sostiene la vida del hongo. Ese tipo de comprensión no nace solo de memorizar contenidos. Nace de observar, hacerse preguntas y descubrir».

Para el biólogo, el potencial de las nuevas generaciones es inmenso cuando se les brindan las herramientas adecuadas: “Aprenden muy bien cuando pueden explorar, preguntar, experimentar y construir conocimiento junto a otros. La naturaleza ofrece ese escenario de manera extraordinaria”.

Izquierda: Nido de pájaro (Cyathus stercoreus), una diminuta especie que aprovecha las gotas de lluvia para esparcir sus esporas. Derecha: El bosque nativo de Uruguay alberga una inmensa variedad de hongos que todavía esperan ser descubiertos. Foto: Emanuel Machín.

La fascinación por los hongos desde la niñez

La pasión de Emanuel Machín por la micología no nació en un laboratorio universitario. Nació en las caminatas familiares de su infancia. Para él, el reino Fungi siempre estuvo presente. Fue su cable a tierra y el gran motor de una curiosidad temprana.

«De niño salía con mis padres a buscar hongos en los montes de eucaliptos. Todavía recuerdo la emoción de encontrar un Gymnopilus entre las hojas y en la base de aquellos enormes troncos. Esas caminatas me enseñaron, sin darme cuenta, a observar la naturaleza con otros ojos. Despertaron una curiosidad que nunca me abandonó».

Muchos años después, los hongos volvieron a cruzarse en su camino. Sucedió mientras realizaba relevamientos para sus guías de flores en la cordillera andina de la Patagonia. El hallazgo de especies maravillosas en ambientes radicalmente distintos reactivó esa fascinación infantil. Tras complementar la experiencia de campo con cursos de especialización micológica, el proyecto de una guía local orientada al aficionado tomó su forma definitiva.

“Esta guía es, de alguna manera, una forma de volver a aquellas caminatas con mis padres. Es una invitación a que otras personas sientan la misma emoción de descubrir un hongo en el lugar más inesperado”.

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Fundador y Director de Ambienta. Periodista. Diplomado en Activismo y Política Socioambiental. Contacto: director@ambienta.uy

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