Durante décadas, la destrucción de hábitats y la sobreexplotación de recursos han sido consideradas las principales causas del colapso biológico mundial. Sin embargo, una investigación publicada en la revista BioScience revela que el cambio climático ha escalado rápidamente como una tercera gran amenaza para la fauna silvestre en todo el planeta.

El estudio evalúa datos de más de 70.000 especies continentales y marinas. Concluye que al menos el 5,1% ya experimenta afectaciones severas en su fisiología. También impacta en sus dinámicas poblacionales y rutas migratorias.

La desaparición masiva de más de 10.000 millones de cangrejos de nieve en el mar de Bering exponen cómo la vegetación y los ecosistemas responden de forma drástica al calentamiento global.

El impacto del calor en las especies

Los autores del informe sostienen que la fauna silvestre enfrenta una crisis existencial. Esto como consecuencia de la rapidez con la que se transforman las condiciones climáticas en latitudes polares, tropicales y templadas. El aumento de las temperaturas desplaza los rangos geográficos de distribución y genera perturbaciones metabólicas que derivan en mortalidades masivas. Un hecho sin precedentes en la historia reciente de la biología de la conservación.

Compromiso Montevideo por el Cambio Climático

Entre los casos más documentados por la investigación se destaca la pérdida de 7.000 ballenas jorobadas en el Pacífico Norte a raíz de olas de calor marinas que destruyeron sus fuentes de alimento.

También la mortandad de 4 millones de araos comunes en la costa oeste de América del Norte. A nivel del ecosistema marino estructural, el blanqueamiento del 29% de la Gran Barrera de Coral australiana en 2016 confirma el nivel de fragilidad de las comunidades bentónicas ante los picos térmicos.

A nivel terrestre, el declive de los polinizadores representa una de las alertas socioambientales más graves. En Europa y América del Norte, casi la mitad de las 300 especies de abejorros ha sufrido reducciones drásticas en sus poblaciones. Esta alteración no solo compromete la reproducción de la flora silvestre, sino que amenaza de forma directa la estabilidad de la producción agrícola y la seguridad alimentaria global.

Ballena jorobada en el océano, especie afectada por el cambio climático y la fauna silvestre en el Pacífico.
Las olas de calor han reducido la disponibilidad de alimento para los grandes cetáceos I Foto Guillermo Ossa

Efecto dominó y soluciones a escala global

La degradación o extinción de una especie clave produce un efecto en cadena sobre la arquitectura del ecosistema. La pérdida de animales de masa como los cangrejos de nieve afecta las pesquerías boreales y la red trófica del Ártico. Del mismo modo que el desplazamiento de aves migratorias interrumpe los procesos de dispersión de semillas y la regeneración natural de los bosques.

Los investigadores señalan que la mitigación de la crisis exige una reconfiguración de las estrategias institucionales de conservación. Las acciones prioritarias deben enfocar la protección rigurosa de corredores biológicos clave. A su vez, la adaptación de las normativas de explotación pesquera a las variaciones térmicas interanuales y la implementación efectiva de los acuerdos internacionales de reducción de emisiones.

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