Una segunda temporada antes de cerrar las preguntas de la primera
Uruguay se prepara para una nueva etapa de prospección sísmica en su plataforma continental. La campaña 3DUR26, destinada a obtener información geofísica del subsuelo marino, tuvo su primera temporada entre marzo y abril de 2026.
La segunda está prevista para noviembre, con operaciones proyectadas en las áreas offshore OFF-1 y OFF-4. Entre ambas etapas se prevé adquirir aproximadamente 7.000 km² de datos sísmicos.
La pregunta que debería acompañar esta continuidad es sencilla: ¿hemos evaluado suficientemente lo ocurrido durante la primera temporada antes de volver a emitir ondas acústicas de alta intensidad en el mar?
No se trata de afirmar que la campaña haya provocado necesariamente daños ambientales ni de negar la utilidad de la investigación geofísica. Se trata de establecer si la información obtenida permite evaluar los posibles efectos sobre la fauna marina y si las medidas de mitigación aplicadas fueron suficientes.
Una cosa es comprobar que una operación se desarrolló de acuerdo con los procedimientos establecidos. Otra es determinar qué ocurrió en el ecosistema y si hubo efectos que los mecanismos de vigilancia no pudieron detectar.
La nueva etapa ofrece una oportunidad para pasar de las advertencias generales a una evaluación rigurosa, apoyada en los datos de la primera campaña.
Qué hace una campaña de prospección sísmica
La prospección sísmica marina se utiliza para investigar la estructura geológica del subsuelo. En las campañas destinadas a la exploración de hidrocarburos, una fuente acústica, habitualmente un conjunto de cañones de aire comprimido, emite pulsos sonoros que se propagan por el agua y penetran en el fondo marino. Parte de esa energía se refleja en las capas geológicas y es registrada por sensores remolcados por el buque.
Los datos permiten construir imágenes del subsuelo y reconocer estructuras de interés geológico. No se utilizan explosivos químicos, aunque la energía acústica puede ser considerable y propagarse a grandes distancias según las características de la fuente y las condiciones del medio marino.
El océano, sin embargo, es un medio habitado. Numerosas especies utilizan señales acústicas para comunicarse, orientarse, encontrar alimento o detectar amenazas. Peces, cetáceos, tortugas y otros organismos pueden quedar expuestos a las emisiones, con respuestas que varían según la especie, la intensidad y frecuencia del sonido, la distancia a la fuente, la duración de la exposición y las condiciones oceanográficas.
La literatura científica ha documentado cambios de comportamiento, alteraciones en la comunicación, desplazamientos y respuestas fisiológicas. La evidencia no permite afirmar que todos estos efectos se produzcan en cada campaña ni que tengan necesariamente consecuencias poblacionales. Sí justifica investigar con cuidado las condiciones de exposición y las respuestas biológicas.

Figura 1. Esquema de una prospección sísmica marina. Las ondas acústicas emitidas desde el buque atraviesan la columna de agua, se reflejan en las estructuras geológicas del subsuelo y son registradas por sensores remolcados. Fuente: adaptado de Roberts et al. (2022), figura 1; ilustración original de João Baptista Dias Moreira.
Qué sabemos de la primera campaña
La primera temporada de la campaña 3DUR26 fue desarrollada por CGG Services US Inc., vinculada a Viridien, en el marco de un acuerdo multicliente con ANCAP. La adquisición sísmica se desarrolló entre el 7 de marzo y el 23 de abril de 2026 y alcanzó alrededor de 1.400 km² en el área OFF-1.
El seguimiento de fauna abarcó un período más amplio: comenzó el 25 de febrero y se extendió hasta el 26 de abril, cuando el buque sísmico arribó al puerto de Montevideo. En ese período, ANCAP informó 519 avistamientos visuales y 148 detecciones mediante monitoreo acústico pasivo.
ANCAP informó además que en 174 eventos se postergó el inicio de la fuente y que en 137 se apagó la fuente por presencia de fauna dentro de la zona de mitigación (ANCAP, 2026a). Estas cifras corresponden a la información oficial divulgada por la empresa pública.
Los períodos no son equivalentes: el seguimiento de fauna incluyó días anteriores y posteriores a la adquisición sísmica. Esta diferencia debe tenerse en cuenta al interpretar los registros y relacionarlos con las operaciones.
ANCAP señaló también que la primera temporada se desarrolló sin incidentes ambientales ni de seguridad y salud ocupacional. Esa información es relevante, pero no equivale a una evaluación completa de los posibles efectos sobre la fauna marina. La ausencia de incidentes registrados no demuestra, por sí sola, la ausencia de efectos que requieran otro tipo de observación o análisis.
Los avistamientos y las detecciones acústicas no equivalen necesariamente a individuos distintos, porque un mismo animal puede ser registrado en más de una ocasión. Tampoco las postergaciones y los apagados constituyen, por sí solos, una medida directa del daño evitado o de los posibles efectos residuales.

Figura 2. Buque sísmico BGP Prospector durante las operaciones de prospección marina. Fuente: ANCAP.
Para interpretar el significado ambiental de estos registros es necesario conocer cómo se obtuvieron, en qué zonas y momentos se produjeron, qué especies fueron identificadas, cuánto duraron las observaciones y cuáles fueron las limitaciones de los métodos empleados.
Como se argumentó previamente en «El ruido que no deja vivir al mar: Uruguay frente a la prospección sísmica», cumplir un protocolo de mitigación no significa, por sí solo, que se esté protegiendo eficazmente la biodiversidad marina.
La observación visual depende del estado del mar, la visibilidad, la distancia del animal, su comportamiento y el esfuerzo de observación. El monitoreo acústico pasivo depende de que los animales produzcan sonidos detectables y de las características del sistema de registro. No todas las especies vocalizan de la misma manera ni lo hacen continuamente.
La ausencia de una detección no puede interpretarse automáticamente como ausencia de fauna o de efectos ambientales. Este límite no invalida el monitoreo: obliga a presentar sus resultados junto con sus incertidumbres.
ANCAP informó además sobre mediciones de sonido, verificación del modelo de propagación y seguimiento biológico desde el buque pesquero Promopes I, con componentes de ictioplancton, zooplancton, distribución y abundancia de organismos y capturas de peces. Para evaluar estas actividades se necesitan los resultados completos, los métodos, las condiciones de muestreo y las limitaciones de cada indicador.
Resultados operativos
Según el informe final de Viridien, durante la primera temporada de la campaña 3DUR26 se registraron 2.653,520 km de adquisición sísmica facturable. La superficie primaria facturable alcanzó 1.397,531 km², equivalente al 53,945 % de los 2.590,664 km² previstos para la cobertura completa (full-fold).
Al incluir las actividades de relleno (infill e infill progresivo), la superficie total facturable fue de 1.492,605 km². El informe señala, además, que solo cuatro de los cincuenta trazados previstos se completaron de extremo a extremo. Son indicadores diferentes del avance de la campaña y conviene interpretarlos por separado.
La información disponible permite reconstruir la operación y formular preguntas, pero no basta para establecer si hubo efectos biológicos atribuibles a la prospección. Esa evaluación exige integrar datos acústicos, observaciones de fauna, muestreos biológicos e información pesquera, junto con las condiciones meteorológicas y oceanográficas.
Uruguay ya tiene antecedentes científicos que deben aprovecharse
La discusión no comienza desde cero. En 2014 se realizaron investigaciones sobre la prospección sísmica en la plataforma continental uruguaya, cuyos resultados fueron publicados por la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA) en el Informe Técnico Nº 52. El trabajo incluyó dos campañas desde el buque Aldebarán y 30 lances de pesca a distintas distancias de la actividad sísmica.
Este antecedente es una base útil para revisar métodos y reconocer qué aspectos ya fueron estudiados. Sus resultados, sin embargo, no deben trasladarse automáticamente a 2026: pueden cambiar las condiciones de operación, las zonas, las especies presentes y los diseños de muestreo.

Figura 3. Buque de investigación Aldebarán, asociado a los antecedentes de investigación sobre prospección sísmica en la plataforma continental uruguaya. Fuente: DINARA (2015), Informe Técnico n.º 52.
La investigación anterior debe recuperarse para evitar esfuerzos innecesarios e identificar los vacíos de conocimiento que persisten. Uruguay posee un amplio territorio marítimo, pero necesita fortalecer sus capacidades de investigación y seguimiento. Sin infraestructura científica suficiente y programas sostenidos de monitoreo resulta difícil construir líneas de base robustas y evaluar de manera independiente los impactos potenciales de las actividades industriales en el mar.
Los datos producidos por empresas u operadores pueden ser valiosos. La condición es que especialistas independientes puedan examinarlos, con acceso suficiente a la información y libertad para evaluar los resultados y sus incertidumbres.
¿Qué ocurre con la pesca?
Uno de los asuntos que requiere una evaluación cuidadosa es la posible relación entre las operaciones sísmicas y los recursos pesqueros. La literatura científica ha descrito respuestas de peces e invertebrados al sonido, pero los efectos dependen de múltiples variables y no pueden generalizarse a todas las especies ni a todas las condiciones de exposición.
Una variación en las capturas durante o después de una campaña no demuestra por sí sola que la actividad sísmica sea la causa. Las capturas también pueden cambiar por la distribución de los peces, las condiciones oceanográficas, la estacionalidad, la disponibilidad de alimento, el esfuerzo pesquero y otros factores ambientales.
Cualquier evaluación debería incluir información pesquera pertinente y un diseño capaz de distinguir entre esas explicaciones. Esto exige conocer la distribución temporal y espacial del esfuerzo de pesca, las especies capturadas, las condiciones ambientales y, cuando sea posible, disponer de zonas o períodos de comparación.
La discusión requiere datos que permitan distinguir entre riesgos plausibles, cambios observados y relaciones causales demostradas. No se trata de atribuir a la sísmica toda variación pesquera, sino de asegurar que las preguntas puedan investigarse con independencia y rigor.
La autorización no debe cerrar el debate científico
La campaña cuenta con autorización ambiental previa y con un plan de gestión ambiental aprobado por el Ministerio de Ambiente. Esos actos forman parte del marco institucional de la actividad, pero no eliminan la necesidad de controlar sus condiciones, evaluar los resultados y revisar las medidas cuando la evidencia lo justifique. La gestión ambiental no debería entenderse como un trámite que termina cuando comienza la operación.
La trayectoria del buque sísmico permite reconstruir aspectos operativos de la primera temporada. En el mapa difundido por ANCAP, las posiciones donde se encendió la fuente para adquirir datos aparecen en rojo; el inicio progresivo a baja intensidad, en amarillo; y los cambios de línea o desplazamientos con la fuente apagada, en verde.

Figura 4. Trayectoria del buque sísmico durante la campaña 3DUR26, entre el 20 de febrero y el 24 de abril de 2026. Los colores indican la adquisición de datos con la fuente acústica encendida (rojo), el inicio progresivo de la emisión a baja intensidad (amarillo) y los desplazamientos con la fuente apagada (verde). Fuente: ANCAP.
La representación cartográfica no demuestra por sí sola la presencia o ausencia de efectos ambientales. Para investigarlos es necesario relacionar la trayectoria y los períodos de emisión con los registros de fauna, las mediciones acústicas, los muestreos biológicos y las condiciones oceanográficas.
Antes de la segunda temporada, las autoridades deberían garantizar que la información de la primera etapa esté disponible en formatos accesibles y que una evaluación científica independiente examine, como mínimo:
- Los resultados completos del monitoreo visual, acústico y biológico, con sus métodos, limitaciones e incertidumbres.
- Las mediciones de sonido y la verificación del modelo de propagación, incluida la comparación entre predicciones y observaciones.
- Los resultados del seguimiento de peces, ictioplancton y zooplancton, con información suficiente para evaluar posibles cambios.
- Los datos de pesca pertinentes y una metodología que permita distinguir los efectos potenciales de otras causas.
- La eficacia de las medidas de mitigación, las condiciones que motivaron apagados o postergaciones y las mejoras necesarias.
- Las preguntas pendientes, los indicadores de la próxima temporada y el mecanismo para comunicar los resultados a la ciudadanía.
La evaluación debe incluir especialistas con independencia respecto de los intereses operativos y comerciales, y permitir el escrutinio de la comunidad científica. Sus conclusiones deberían publicarse antes de adoptar una decisión definitiva sobre la continuidad.
No se trata de exigir certeza absoluta, rara vez posible en los sistemas naturales. Se trata de evitar que la falta de información se convierta en una razón para seguir adelante sin revisar las condiciones de la actividad.
Antes de volver a disparar, hay que escuchar lo que la ciencia todavía no ha podido responder
La prospección sísmica es una herramienta para investigar el subsuelo marino, pero debe ir acompañada de una evaluación ambiental capaz de comprender tanto sus resultados geofísicos como sus posibles efectos sobre los ecosistemas.
Los registros de la primera temporada, los antecedentes de DINARA y la literatura científica internacional ofrecen una base para avanzar. El desafío consiste en integrarlos, hacer accesibles los datos, identificar los vacíos de conocimiento y evaluar si las medidas de mitigación responden adecuadamente a los riesgos identificados.
La Ley N. º 19.175, que establece el marco para la conservación, la investigación y el desarrollo sostenible de los recursos hidrobiológicos y sus ecosistemas, refuerza la importancia de abordar estas actividades desde una perspectiva de gestión responsable. La transparencia, la investigación y el seguimiento no son obstáculos para la actividad científica o económica: son condiciones para evaluar sus consecuencias.
La ausencia de un incidente registrado no demuestra que no haya habido ningún efecto. Del mismo modo, la posibilidad de un impacto no permite afirmar que este se haya producido sin evidencia suficiente. La responsabilidad consiste en mantener abiertas ambas preguntas y buscar respuestas mediante métodos científicos apropiados.
Antes de volver a disparar, Uruguay debe demostrar que ha aprendido de la primera campaña. No se trata de detener la ciencia, sino de exigir que cada nueva intervención esté respaldada por la evaluación de lo ocurrido, la identificación de lo que aún desconocemos y la evidencia necesaria para decidir. Porque investigar el océano también significa asumir la responsabilidad de comprender los límites de nuestro conocimiento antes de volver a intervenir.
Publicado en Ambienta (En línea) | ISSN 2982-446X | Registro de Publicaciones Seriadas de la Biblioteca Nacional de Uruguay.

